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 (Keystone)
(Keystone)

Suiza podría ser uno de los últimos países de Europa en permitir el Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) para bebés concebidos ‘in vitro’. El proyecto de ley, presentado en junio, es particularmente restrictivo en comparación con los estándares internacionales. Y es que con la democracia directa, se legisla bajo alta vigilancia.

La fertilización in vitro, el aborto, la manipulación de embriones: en estas áreas altamente emocionales, Suiza dispone ahora de una legislación mucho más estricta que las aprobadas hace 10, 15 o 20 años en la mayoría de países del entorno. La búsqueda de un indispensable consenso obliga.

De lo que hablamos

El Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) es un análisis genético de los embriones procedentes de la fecundación in vitro que se realiza antes de la implantación en el útero. Se utiliza para detectar enfermedades graves y puede llevar a la decisión de no implantar los embriones.

Actualmente prohibido en Suiza, el DGP involucraría a menos de un centenar de parejas por año que, hoy en día renuncian a ese proceso o lo hacen en el extranjero. Eso podría cambiar con una modificación a la ley sobre la procreación asistida médicamente. A principios de junio de 2013, el Gobierno presentó al Parlamento un proyecto que prevé la autorización del DGP. Como  implica un cambio constitucional, tiene que ser sometido a votación popular.

El proyecto es muy restrictivo con respecto a las leyes de otros países europeos. El DGP ​solamente podría aplicarse en caso de que la pareja se encontrara “en una situación intolerable, porque el niño a concebir esté afectado, con una alta probabilidad, de una enfermedad hereditaria grave”. Se excluye cualquier otro uso. Se permitiría el desarrollo de un máximo de ocho óvulos por ciclo de la mujer hasta la etapa de embrión, contra tres actualmente. Y sería posible congelar los embriones sobrantes para nuevos intentos de embarazos. En la actualidad, esta congelación está prohibida y en caso de fracaso, hay que empezar todo el proceso.

Y el DGP está prohibido. En Europa, solamente Austria e Italia aplican aún la misma interdicción.

Pero eso podría cambiar pronto. Después de varios intentos desde finales de los  90, el Parlamento aceptó finalmente en 2005 una moción que pide al Gobierno cubrir lo que consideran un vacío. En la cámara baja, nadie ha olvidado el vibrante llamado que el ecologista Luc Recordon -nacido con el síndrome de Holt-Oram-, lanzó a sus colegas “en nombre de esos niños que, como yo, habrían preferido no nacer”. Ocho años más tarde, después de un primer borrador retirado en 2009, el proyecto de modificación de la ley tuvo entrada.  

El senador Luc Recordon se mantiene favorable al DGP. Considera “restrictivo” el proyecto y subraya el compromiso indispensable que solamente  puede garantizar una mayoría en votación popular.

“Sería un 66% de sí”

“En Suiza tenemos una suma de diversas corrientes opuestas o, al menos desconfiadas respecto al DGP, dice el representante ecologista. Hay círculos fundamentalistas católicos, pero también protestantes. Algunos, entre los socialistas y Los Verdes, temen derivas eugenésicas. Sin olvidar los sectores  de defensa de las personas con alguna discapacidad - esencialmente mental - que dicen que tendremos quizá menos niños con discapacidad, pero que aquellos que de todas maneras tienen, por elección o por accidente, se encontrarán aún más aislados”.

François-Xavier Putallaz, filósofo, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Friburgo y miembro de la Comisión Nacional de Ética subraya también la indispensable búsqueda de un compromiso aceptable en un sistema de democracia directa: “Somos, creo, el único país en el que se pide su opinión a la gente y en el que se requiere lograr un consenso. En otros países se trata de decisiones parlamentarias, para las que resulta más fácil encontrar mayorías”.

Dado que implica una modificación constitucional, la autorización del DGP debe ser sometida al escrutinio popular. “Será un 66% de sí. Se lo apuesto”,  predice Putallaz al agregar que ya sabe quién estará en el lado minoritario.

El espectro de la eugenesia

Las técnicas para el DGP y la polémica respectiva comenzaron al mismo tiempo.  Hay un debate tan apasionado como el que generó en su tiempo el aborto.

Para sus partidarios, el DGP sirve en principio para evitar sufrimientos innecesarios a los padres que no podrían hacerse cargo de un niño con discapacidad grave. Sus adversarios denuncian el hecho de que no solamente se arroga el poder de decidir quién tiene derecho a nacer o no (como para el aborto), sino que, además, se crean embriones algunos de los cuales -se sabe de antemano- serán destruidos voluntariamente.

Algunos temen también la generalización de prácticas eugenésicas sin justificación médica. Con la evolución de la tecnología, en el futuro se podría imaginar no solamente en la elección del sexo del bebé por nacer, sino también en el color de sus ojos o de su cabello, en espera de más.

“La resbaladiza pendiente”

¿Qué es lo que hace al DGP inaceptable a los ojos del filósofo? “En particular, lo que querríamos evitar es la resbaladiza pendiente en la que, una vez dado el primer paso, se hace imposible retener los siguientes hasta el fondo del abismo”. Al observar la evolución de la ley en otros países, como España o Francia, François-Xavier Putallaz observa cómo caen las barreras una tras otra. Suiza deberá seguir inevitablemente."Resistir a esta tendencia, es dar prueba de humanismo".

Una tendencia que ilustra con el siguiente ejemplo: Suiza pretende prohibir la práctica de “bebés medicamento”, esos niños concebidos para ser  inmunocompatibles con un hermano (a) enfermo (a) y que podrían luego donarle células madre. En consecuencia, “las parejas que no podrán recurrir a esta técnica en Suiza irán a Francia, Bélgica, España. Y solo los ricos podrán permitírselo, lo que es objetivamente inaceptable. Entonces, como ya se vio en el caso del aborto, ese turismo médico hará que Suiza termine por ceder”.

Por otro lado, Luc Recordon considera también la evolución como inevitable. Y para él, la estrategia elegida es la correcta. “Si queremos tener posibilidades en la votación, hay que ir con prudencia, demostrar, al menos durante algunos años, que logramos manejarlo sin derivas, para que al menos aquellos que las temen, se sientan seguros. Y el día en que solamente los círculos fundamentalistas se opongan, se podrá considerar dar un paso más”, explica el senador ecologista.

El debate apenas empieza

Este paso de más, los médicos lo esperan desde hace mucho tiempo. “Expresamos nuestras posiciones durante dos procesos de consulta, en 2009 y 2011, y es como si nadie nos hubiera escuchado”, deplora Dorothea Wunder, responsable de la Unidad de Medicina Reproductiva del Centro Hospitalario Universitario del cantón de Vaud (CHUV), en Lausana.

Por supuesto, se congratula de la apertura que representa el proyecto, así como de la posibilidad que ofrece de congelar embriones, lo que evita tener que empezar de cero en caso fallido de implantación. Pero le parece absurdo fijar el derecho a un número determinado de embriones a cultivar en cada intento (tres sin DGP, ocho con). Para ella, la decisión debería obedecer a razones médicas y no reglamentarias. Y ello, en virtud de que el GDP también se utiliza para aumentar las posibilidades de llevar un embarazo a término, en el caso de las  parejas cuyo proyecto de tener un hijo se convierte en un vía crucis.

“Lo que me preocupa más es el tema de los embarazos múltiples. Como precaución, se suele implantar dos embriones por mujer, sabiendo todos los riesgos asociados con un embarazo gemelar. Mientras que con la posibilidad de congelar embriones, se podría limitar a uno sin disminuir las posibilidades de éxito. Pero en el caso del DGP, sobre ocho embriones no estamos seguros de encontrar aquél que tendrá la mejor oportunidad de llegar a término”.

Dorothea Wunder y sus colegas por lo tanto, siguen luchando para que la ley sea modificada. “Porque si se aprueba en su forma actual, seguiré aconsejando a mis pacientes hacer su DGP en el extranjero”, advierte la médica. “Además, la tasa de embarazos de gemelos permanecerá inaceptablemente elevada, con las consecuencias de morbilidad / alta mortalidad neonatal y materna elevadas, sin  mencionar el enorme costo que esto representa para el sistema de salud pública”.

El largo camino

1978: Nacimiento en Inglaterra de Louise Brown, primer bebé probeta del mundo. Desde esa fecha, aproximadamente cinco millones de personas han nacido a través de la fertilización in vitro (FIV)

1985: Nacimiento del primer bebé probeta suizo, en Locarno. Ese mismo año, los suizos rechazan una iniciativa popular contra el aborto destinada a proteger al embrión humano desde la concepción.

1985: La revista Beobachter, dedicada a la protección de los consumidores, lanza otra iniciativa popular para regular estrictamente la ingeniería genética y la fecundación in vitro. Estas técnicas generan miedo, se temen derivas eugenésicas.

1991: Los autores de la iniciativa Beobachter retiran su texto, satisfechos con el contraproyecto del gobierno, cuyo interés es evitar los abusos más que prohibir prácticas prometedoras.

1992: El contraproyecto es aceptado en votación popular. Constituye el actual artículo 119 de la Constitución Federal, que reglamenta la procreación asistida médicamente y la ingeniería genética en el campo humano.

1992: Tan pronto como el artículo 119 entra en vigencia, los defensores del derecho a la vida ponen en marcha una iniciativa para prohibir directamente la FIV. En respuesta, el gobierno presenta un proyecto de ley que concretiza el nuevo artículo constitucional.

1998: El Parlamento acepta la nueva ley sobre la reproducción asistida medicamente, sin que sea atacada por referéndum.

2000: La iniciativa anti-FIV es barrida por más del 70% de los votantes.

2002: Los suizos son otra vez más del 70% en aceptar la solución de lapsos sobre el aborto. Limitado a indicaciones médicas, desde entonces la interrupción voluntaria del embarazo, puede ser decidida libremente por la mujer en las primeras 12 semanas.


Traducción, Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch



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