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QUÉLOZ, DESCUBRIDOR DE EXOPLANETAS “Con el Premio Nobel, se accede al Olimpo de la ciencia”

Galardonado con el Nobel de Física 2019 junto con su antiguo profesor Michel Mayor, Didier Quéloz nos habla del “toque suizo”, de la marcha de la ciencia y del comienzo de una larga, muy larga búsqueda: la de la vida en el universo.

Quéloz y Mayor con sus medallas de Premio Nobel

“Es una presea muy significativa”, parecen decirse Didier Quéloz (izq)  y Michel Mayor en Estocolmo, al mostrar a la prensa sus medallas de Premio Nobel el pasado 14 de diciembre del 2019.

(Keystone / Martial Trezzini)

Didier Quéloz: Sí y no. El hecho de que fuimos nominados comprueba la importancia del descubrimiento. Y sería falso no reconocer que la posibilidad estaba en un rincón de mi cabeza. Pero como la nominación se remota a varios años -debió ser en el 2008 o 2010- se daba una especie de rutina, y nos dijimos que no íbamos a esperar cada año la posibilidad del premio. Puede imaginar el estado de shock cuando me contactaron.

swissinfo.ch: Obtener el Nobel como producto de su tesis doctoral es algo excepcional, ¿verdad?

Didier Quéloz

Nace en 1966, es titular de un máster en física de la Universidad de Ginebra, realiza dos años de postgrado en astrofísica antes de comenzar, bajo la dirección de Michel Mayor, su trabajo de doctorado, que le permite descubrir en 1995 el primer planeta extrasolar.

Nombrado posteriormente profesor de la Universidad de Ginebra, Quéloz mantiene su cátedra al mismo tiempo que ocupa un prestigioso puesto en el Cavendish Lab de Cambridge, donde dirige un programa sobre la formación, la estructura y la habitabilidad de los exoplanetas. Trabajó también en el JPL, que desarrolla las misiones espaciales de la NASA, así como en el telescopio espacial francés CoRot y el suizo CHEOPS.

En octubre del 2019, obtiene junto con Michel Mayor, el Premio Nobel de Física por el descubrimiento del 51 Pegasi b, el primer exoplaneta.

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D.Q.: No tanto. En el pasado hubo muchas situaciones escandalosas debido a investigadores que no lo obtuvieron porque sus estudios se trataban de tesis de doctorado. Se dio, por ejemplo, el caso del descubrimiento del primer pulsarEnlace externo, por parte de una estudiante [la británica Jocelyn BellEnlace externo, en 1974].

Sin embargo, si usted analiza los momentos profesionales donde se hacen descubrimientos fundamentales, podría sorprenderse de la media de las edades de los doctores. No es de extrañar que los hallazgos científicos más importantes se realicen en la etapa del apogeo de la creatividad y de la libertad de investigación. Así que, sin duda alguna, cuando vemos a estos viejos caballeros -a menudo caballeros, porque esa es la triste realidad- que van a recibir su Premio Nobel, nos olvidamos de que cuando hicieron sus descubrimientos eran jóvenes en plena fase de creación.

swissinfo: Usted fue recompensado con su profesor de entonces, Michel Mayor, y el cosmólogo canadiense-estadounidense James Peebles. Un hermoso reconocimiento a la astrofísica, que a menudo aparece como el pariente pobre de los Nobeles…

D.Q.: Ya no es tan así. En los últimos cinco años hemos visto a tres astrofísicos galardonados. Esto se debe a que se ha dado una verdadera revolución en esta ciencia, ligada al hecho de que el universo es un laboratorio que pone a prueba la física. En el universo hay de todo, los más grandes, los más pequeños, lo más calientes, los más fríos…todos los extremos.

Si esta ciencia no ha recibido tantos galardones en el pasado, se debe, también, a un problema tecnológico. La tecnología que permite lograr descubrimientos mayores en astrofísica es relativamente joven. Hablamos aquí de los detectores electrónicos, que pueden ver en todos los ambientes, sean estos rojos, ultravioletas, con rayos X. Y no hay milagro: cuando uno cuenta con tecnologías innovadoras que permiten ver cosas invisibles, se logran descubrimientos fundamentales y entonces la astrofísica recibe más distinciones.

swissinfo.ch: Aquí, los medios, prácticamente ignoraron a James Peebles y se focalizaron en los investigadores suizos premiados. ¿Tiene sentido esa visión sesgada, sabiendo que los grandes descubrimientos se logran siempre a partir de una colaboración internacional?

D.Q.: Es claro que la ciencia es internacional, fruto de grandes colaboraciones. Si consideramos “nuestro” exoplaneta 51 Pegasi bEnlace externo, lo identificamos gracias al espectrógrafo ELODIEEnlace externo, un instrumento francés, instalado en un telescopio francés, financiado principalmente por fondos franceses.

El Premio Nobel es un poco como cuando su equipo nacional gana en el futbol

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Pero esa mirada particular es natural.  Lo que compruebo con este Nobel es que hay una especie de aproximación al descubrimiento del mismo tipo que cuando su equipo nacional gana en el futbol. No son los jugadores los que han ganado sino cada espectador, usted mismo. Es muy humano ese sentimiento de pertenecer a un grupo. Y en nuestro caso el efecto fue mágico, había una especie de alegría colectiva.

swissinfo.ch: Actualmente el ELODIE no funciona más, pero sus sucesores, HARPSEnlace externo y ESPRESSO, los espectrógrafos más avanzados del mundo, son productos suizos. ¿Se explica desde la perspectiva de la tradición en la relojería y la mecánica de precisión que seamos tan buenos en este sector?

D.Q.: HARPS, no es la relojería, pero hay ingenieros del Departamento de Astronomía de la Universidad de Ginebra que provienen de diversas empresas, incluidas las relojeras. Es verdad que tenemos una cultura del trabajo bien hecho y de la eficacia. Por algo somos suizos… Cuando uno se desempeña en el extranjero, incluso en Inglaterra, país relativamente eficaz y muy competitivo, se da cuenta que Suiza es muy eficaz. Hay una especie de conocimiento particular al que podemos denominar el swiss touch (toque suizo)

swissinfo.ch: Este Premio Nobel les da una visibilidad importante entre la gente, pero no solamente a ustedes dos sino también a todo este sector de la investigación…

D.Q.: En la esfera de los exoplanetas, nuestro trabajo, mi trabajo, era ya muy reconocido. Por el contrario, lo que fue absolutamente inesperado para mí, fue constatar el impacto general del Premio Nobel. De repente, uno se convierte en una especie de embajador mundial de la ciencia. Su sector de actividad es observado diferentemente, su trabajo es enfatizado, la gente intenta comprender, desborda atención de todos lados y, con esta dinámica, todo el mundo se favorece.

El Nobel tiene un impacto absolutamente fenomenal. Es el premio de los premios. Cuando uno obtiene el Nobel, se termina…después no hay nada más grande. Uno llega al nirvana de la ciencia. Se está, en cierta forma, en el Olimpo. Lo que no deja de ser también un poco ridículo. Cuando miramos las cosas fríamente, llegamos a la conclusión que esto es completamente excesivo. Pero es el renombre, la historia, y el número de nombres increíbles galardonados con el Nobel, lo que hace que éste sea lo que es.

swissinfo.ch: El descubrimiento de 51 Pegasi b contradijo toda la teoría de la formación de los planetas. Un mundo del tipo de Júpiter tan cerca de su estrella que podía girar a su alrededor en cuatro días, no podría existir. Era casi inimaginable…

D.Q.: No esperaba encontrar un planeta. Para nada. Y cuando lo vi, no tenía la certeza total. Michel estaba en Hawái en ese momento. Cuando volvió y vio los datos, confirmó mi análisis, pero dijo que era inimaginable publicar esto sin estar absolutamente seguros.

Para nosotros es, por lo tanto, un descubrimiento que implicó cambio de sensaciones. Era evidentemente muy estresante. Pero, al mismo tiempo, hice una tesis de doctorado que podría ser el sueño de todos los estudiantes: encontrarse en una situación donde la integralidad de la teoría se derrumba y esto gracias a las informaciones que uno mismo ha producido, a través de análisis únicos en el mundo, obtenidos como resultado de un procedimiento que no se había aplicado nunca antes.

Para mí, la idea que los científicos tienen de la intuición es en cierta forma una torta de crema. Lo que se necesita es un rigor excepcional

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Pero los datos estaban ahí, y no había ninguna otra interpretación posible. De mi parte, no hubo ninguna intuición en este asunto, sino un justo razonamiento y una mirada crítica sobre la experiencia. Y es exactamente la actitud que trato de inculcar a mis estudiantes. La idea en cuanto a que los científicos tienen una intuición, para mí, es un poco como una torta de crema. Pienso que un buen científico tiene la intuición relativamente débil. Por el contrario, hay un rigor excepcional. Puede sentir que hay algo extraño, pero la intuición, en general, no nos conduce a ninguna parte.

swissinfo.ch: En 1995, había una decena de investigadores que buscaban exoplanetas. Hoy, se han encontrado más de 4 000. Las agencias espaciales les dedican sus mejores telescopios y miles de personas trabajan en este sector. ¿Piensa que este boom va a durar hasta que se encuentre vida extraterrestre?

D.Q.: Somos la continuidad moderna de la  Revolución copernicanaEnlace externo . Es un largo proceso de posicionamiento de nuestro mundo en el universo. Vamos a seguir tratando de entender el conjunto de este universo que está en torno a nosotros y, evidentemente, de comprendernos a nosotros mismos. En este sentido, tenemos 50 años de programa por delante para intentar avanzar.

Y la cuestión que viene ahora es perfectamente natural. La de la emergencia de la vida. Es una temática todavía en pañales. Aun no hay gran cosa, pero existen elementos nuevos que están llegando. Es una temática que me fascina y es una de las razones por las que estoy en Cambridge. Y es, justamente, uno de los elementos interesantes que aporta este Premio Nobel: permitirme, tal vez, tener una voz que aporte y llegar a explicar de manera creíble lo que a nivel racional podemos imaginar hacer en los 10, 20, 50 próximos años.

Y aún después, más adelante, en 1000 o en 10 000 años – si llegamos a sobrevivir hasta entonces-   habremos enviado miniartefactos de naves espaciales en dirección de un cierto número de planetas, con tecnologías que aún estar por descubrir.

Se dice que poco a poco la gente toma conciencia de que somos una civilización interplanetaria. No me gusta verdaderamente ese término, porque da la impresión de que nos podríamos desplazar de un planeta a otro, lo que no es realmente así. Nuestra biología no nos permite, por el momento, vivir fuera de la Tierra. Sin embargo, la humanidad comienza a mirar claramente el sistema solar de manera multiplanetaria. Y esto, en términos de civilización, de representación de nosotros mismos y del rol de la Tierra, pienso que significa un cambio mayor. Por lo tanto, es el inicio de una historia muy significativa y desafiante.

swissinfo.ch: ¿Volviendo a la cuestión de la vida en el universo, la imagina sobre todo abundante o rara?

D.Q.: Cuando imparto un curso sobre la vida, comienzo por mostrar a mis estudiantes la foto de una navaja suiza. Y les digo: “esto es lo último en tecnología en cuanto a navajas. Es perfecto, funciona, es genial”. Pero si ustedes quieren comprender el origen de este útil, es necesario observar la primera navaja suiza. Y en ese instante les muestro la foto de un pedernal. Es verdad que la relación entre el sílex y la navaja suiza no es evidente, salvo en los que se refiere a la función que juegan ambos.

El problema con la vida es de poder llegar a comprender cuáles son los ingredientes que le han permitido surgir. Pero los laboratorios de química molecular han hecho grandes progresos. Con muy pocos elementos de base, que se encuentran en casi todos los planetas del tipo terrestre, se logra crear los aminoácidos que están en la base de nuestras proteínas. Es evidente que esto no alcanza todavía para la vida. Hay que formar también membranas de células que son los polilípidos, pero también en este sentido los mecanismos químicos parecen ser muy simples. Y, además, se necesita también una especie de mecanismo de reproducción, que se encuentra en la esencia de la ARN y del ADN. Sin embargo, evidentemente, no se empieza haciendo algo tan complicado que contenga miles de millones de informaciones, sino un sistema que contenga tal vez 40 o 50 informaciones, en cierta forma, como pasó con las primeras computadoras. Esto va a funcionar más o menos bien, pero será suficiente para asegurar una suerte de evolución.

Didier Quéloz y Sofia de Suecia

Didier Quéloz con la princesa Sofía de Suecia durante el banquete de la emtrega de los Premio Nobel en Estocolmo el 10 de diciembre de 2019.

(Anders Wiklund)

swissinfo.ch: Es decir, no se habla más de astrofísica, sino de astrobiología o exobiología…

D.Q.: Se está creando un nuevo campo de la ciencia, con la posibilidad de crear vida artificial. Llegaremos. Porque, comprender la vida, significa en cierta forma, fabricarla e imaginar, tal vez, otras vidas. Y se puede hacer a partir de elementos muy simples. Aquí hablamos de agua, de óxido de azufre, producido por los volcanes, una atmósfera de CO2, que es algo normal -cuando se forma un planeta se encuentra CO2 en todas partes. No se habla, incluso, de oxígeno, que no es necesario, y se necesita un poco de ácido cianhídrico, aportado bastante naturalmente por los cometas.

Y la buena noticia es que, si esta hipótesis es correcta, va a ser fácil de probarla. Si hubo vida en Marte y también en Venus, es realista de afirmar que lo sabremos en los próximos 50 años. Es decir, estamos cerca de la respuesta. Y cuando se observen otras Tierras, en 50 o 100 años, se podrá analizar la atmósfera, comprender la geodinámica y tal vez encontrar, o no, vida. Pero con esos conocimientos se podrán realizar experiencias -esencialmente en computadoras- y ver que tal vez haya otros conjuntos de aminoácidos que puedan crear estructuras vivientes.

Ahora, hablamos aquí del origen de la vida, no de la evolución. Y, además, ¿la vida surge del agua? ¿La vida se vuelve macroscópica; la vida produce autos y lanza cohetes? Esa son otras preguntas.

swissinfo.ch: Habla de fabricar vida en laboratorio… ¿Lo que implica cuestiones éticas esenciales?

D.Q.: Es el problema del conocimiento. Podemos decirnos a nosotros mismos que si supiéramos menos, seríamos menos peligrosos. Y probablemente tendríamos razón, porque en la actualidad contamos con todos los medios para aniquilarnos. Con el número de bombas termonucleares, el riesgo es estadístico: cuanto más tiempo pase, mayor será el riesgo de que eso ocurra.

Las creencias mitológicas, los dioses, lo invisible: estamos todavía en un campo totalmente irreal, y es aterrador

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Tenemos pues un verdadero problema: hemos dominado el poder del átomo, mañana vamos a dominar la genética, completamente, podremos reconstruir la vida, dominamos las estructuras racionales, con la inteligencia artificial superaremos la capacidad del cerebro un día u otro. Es lo que denominamos conocimiento.

Ahora, lo que hagamos con ese conocimiento, depende totalmente de nosotros. Y en términos de sociedad, a nivel de la evolución, confrontamos todavía un pequeño problema. Dado que seguimos teniendo comportamientos muy arcaicos con creencias de tipo mitológicas, con dioses, con lo invisible, estamos en un reino totalmente irreal en relación con la realidad en la que vivimos. Y en verdad, eso produce miedo. Pero ya no es un tema de la física, sino de la sociología y la psicología.

Estrella Mönch, planta Eiger

Suena mucho mejor que HD 130322 b, sobre todo debido a que esta pareja se encuentra en la constelación de la Virgen (Jungfrau en alemán). Después de los dioses del Olimpo, los iconos de los Alpes berneses también tienen su lugar en el cielo. De la forma más oficial que uno pueda imaginar.

Durante todo el 2019, la población suiza pudo hacer propuestas para bautizar una estrella y su planeta (uno de las que descubrieron Mayor y Quéloz). En total, la Sociedad Astronómica Suiza recibió 1 472 propuestas, de las que el jurado eligió 12, que fueron propuestas al voto popular en línea. Esta consultación, denominada Name ExoplanetEnlace externo marcó los 100 años de la Unión Astronómica Internacional, que promovió iniciativas similares en 110 países.

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swissinfo.ch: Para concluir, volvamos a una cuestión más concreta. Usted es uno de los padres del telescopio espacial CHEOPS. El 17 de diciembre, estuvo en Kourou cuando la cuenta regresiva se detuvo 1 hora 10 minutos antes del lanzamiento. ¿Qué sintió en ese momento?

D.Q: Realmente, no me sorprendió, ya que sé que hay una serie de pruebas que se hacen permanentemente antes de los lanzamientos y se atraviesan diversas etapas críticas. Y en este caso, era la sincronización de dos computadoras de vuelo, que deben estar perfectamente sincronizadas - sino tenemos el mismo problema que Boeing-, que no logró amarrar a la estación espacial. Cuando percibí el error, hablé con el director de la ESA que estaba allí y me dijo: “no hay que preocuparse, se trata de técnicos rusos y van a arreglar eso”.

Y, en efecto, vaciaron los tanques, fueron a la cima y reemplazaron las dos computadoras, probaron y el lanzamiento se realizó el día siguiente. Y fue, al final, mucho más agradable ya que el clima se había despejado y se pudo ver el despegue del cohete.

Cazadores de mundos

Documental excepcional con Michel Mayor y Alexandre Astier. Coproducción Pandora Création, RTS, con el apoyo de CNC Talent, 30 minutos (em francés).

Docu 51 Peg

Chasseurs de mondes


Traducido del francés por Sergio Ferrari

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