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Ciudadanía


¿Qué despertó el súbito interés por el pasaporte suizo?


Por Simon Bradley, Ginebra


Nuevos ciudadanos suizos aguardan para fotografiarse con el concejal de Ginebra responsable de inmigración, Pierre Maudet (centro), tras la ceremonia de naturalización. (swissinfo.ch)

Nuevos ciudadanos suizos aguardan para fotografiarse con el concejal de Ginebra responsable de inmigración, Pierre Maudet (centro), tras la ceremonia de naturalización.

(swissinfo.ch)

La demanda de pasaportes suizos creció 19% en 2015 y mantendrá esos niveles en 2016 pese a las estrictas reglas vigentes en materia de inmigración. En Ginebra, donde esta proporción se triplicó, swissinfo.ch asiste a una ceremonia de juramento masivo de naturalización de ciudadanos para charlar con ellos y ahondar en el tema.

Ataviadas con sus mejores galas y ordenadamente sentadas en el histórico salón comunal del Plainpalais, en Ginebra, observamos a alrededor de 300 personas listas para prestar juramento como nuevos ciudadanos suizos.

Este evento, con una gran carga simbólica, representa para muchos de ellos la culminación de un largo proceso. Mientras esperan pacientemente a que dé inicio la ceremonia, algunos juguetean con sus teléfonos móviles, mientras otros observan con atención los remolinos que hacen unas brillantes volutas translúcidas, color blanco y rojo, que forman parte de la decoración. Su danza es impulsada por ventiladores discretamente colocados a lo largo del salón.

Poco después se presenta un maestro de ceremonias y la concurrencia se pone de pie.

“Me gustaría darles la más cordial bienvenida. Este es un paso de gran importancia en el camino que han seguido para convertirse en ciudadanos suizos”, dice Pierre Maudet, concejal de Ginebra y director de la Oficina de Población e Inmigración cantonal.

A lo largo de un encendido discurso, recuerda a la audiencia las nuevas responsabilidades y derechos que adquieren.

“Algunas personas piensan que esto es solamente una formalidad, que es nada más venir a recoger un pasaporte e irse. Pero no es así. Ustedes saben que hoy asumen un compromiso con toda la comunidad. Queremos nuevos ciudadanos capaces de aportar ideas económicas, sociales y culturales”, añade Maudet.

“Comenzaremos a trabajar inmediatamente en este ámbito. Todos ustedes deberán participar en breve en la votación de una docena de temas. Y algunos provienen, posiblemente, de países en los que no tenían la oportunidad de sufragar”, refiere.

Posteriormente, el concejal lee pausadamente el nombre de cada uno de los nuevos ciudadanos suizos. Algunas veces su voz tropieza inevitablemente con nombres de difícil pronunciación de personas procedentes de los Balcanes o de países africanos. La mezcla exótica de nombres que escuchamos es un espejo del crisol que es actualmente el cantón de Ginebra, en donde más de 40% de la población es de origen extranjero.

En su turno, cada asistente se pone de pie, levanta la mano y dice: “¡Lo juro!” o “¡lo prometo!”. Algunos secan algunas lágrimas. Después vendrá la prueba final: cantar el Himno Nacional de Suiza, ayudados por una pantalla de karaoke.

La demanda de la ciudadanía suiza se ha disparado de forma sensible recientemente.

En 2015, Ginebra reportó una cifra récord con 5 971 naturalizaciones, más del doble de las 2 238 registradas un año antes.

En el resto del país, el número de naturalizaciones también creció de forma significativa, pero menos dramática. Se materializaron 40 588 juramentos de naturalización en 2015 frente a los 32 988 del año previo, lo que representa un crecimiento del 19%.

Tras la ceremonia, llega el momento de festejar con un tradicional aperitivo a la suiza compartido con amigos y familiares.

“Esto es algo muy importante para mí”, subraya con entusiasmo Lamer Bitar, una joven siria nacida en un pueblo cercano a Damasco mientras muestra con orgullo el certificado de ciudadanía suiza que acaba de recibir.

“Me encanta vivir aquí, aunque también me gusta mucho Siria”, declara. “Soy estudiante de Economía y con mi nacionalidad original carecía de acceso a todos los lugares. Espero que ser ciudadana suiza me ayude a conseguir empleo. Confío de verdad en que encontraré un buen trabajo en una empresa, en la ONU o en el ámbito humanitario. Deseo ser útil a la sociedad”.

Cerca de ahí está Yvonne Reid, quien vestida con un traje tradicional suizo de color rojo brillante ondea con energía las banderas de Ginebra, Suiza y Jamaica mientras se deshace en sonrisas.

“Ha sido un proceso largo, duró más de cuatro años. Hoy, lo único que tengo que decir es: ‘¡Aleluya!’. Doy las gracias a Suiza”, comenta esta jamaicana quien solicitó también la nacionalidad helvética para su hijo, ya que considera que así tendrá más y mejores oportunidades de desarrollo personal y profesional.

“Llegué aquí hace 22 años, así que esta es mi casa. La ciudadanía solo me ayudará en lo relativo a mi desarrollo académico. Mi objetivo es inscribirme en una universidad francófona para realizar estudios en torno a la primera infancia, o alguna disciplina relacionada con la atención a personas de la tercera edad o con discapacidad”, añade Reid.

Habitualmente, unas 100 personas participan en cada ceremonia de este tipo que se celebra en Ginebra, pero desde el año pasado este número se ha incrementado. El proceso de naturalización se ha reducido de 38 a 18 meses y los funcionarios del cantón trabajan con ahínco en la atención de todas las solicitudes que reciben.

Tan solo esta tarde, otras 300 personas más jurarán como ciudadanas suizas y están previstas otras siete sesiones masivas en las semanas por venir.

Maudet considera que muchas personas que desde hace tiempo eran elegibles para convertirse en ciudadanos suizos decidieron dar este paso recientemente debido a las reformas en la Ley sobre la Nacionalidad Suiza, cambios que entrarán en vigor en 2017.

A partir de ese año, quien solicite la naturalización deberá probar 10 años de residencia en Suiza, demostrar también que han vivido entre dos y cinco años (según la región) en el mismo cantón y pasar la prueba oral que ya existe, a la que se sumará una evaluación escrita.

Los extranjeros con permiso ‘B’ (residentes), ‘L’ (permisos de corta duración) y aquellos que poseen la llamada ‘carta de legitimación’ que se otorga a funcionarios internacionales y a sus familias, pueden solicitar la nacionalidad hasta que la ley entre en vigor en 2017. Después de ello, requerirán un permiso ‘C’, que solo se obtiene después de entre 5 y 10 años de residencia.

“Muchos de mis colegas que trabajan en organizaciones internacionales han hecho su solicitud”, indica Hans-Peter Werner, funcionario germano-canadiense quien acaba de obtener su pasaporte suizo y labora actualmente en la Organización Mundial del Comercio (OMC), con sede en Ginebra.

Maudet estima que alrededor de 5 000 personas, entre funcionarios públicos internacionales y sus familiares, estarían interesados en dar este paso antes de que concluya el 2016.

¿Podré regresar?

De acuerdo con el profesor de la Universidad de Neuchâtel y vicepresidente de la Comisión Federal de Migración, Etienne Piguet, la incertidumbre con respecto a la seguridad futura de los inmigrantes se detonó el 9 de febrero del 2014, cuando los suizos votaron a favor de un sistema de cuotas para la entrada de extranjeros, lo que animó a muchas personas a solicitar un pasaporte suizo.

“Algunos extranjeros se sienten quizás inseguros, temen perder sus permisos de residencia si caen en el desempleo”, expresó Piguet a la Agencia Suiza de Noticias (ATS).

Maudet está de acuerdo: “Si usted posee un pasaporte suizo, tiene la garantía absoluta de poder entrar y salir del territorio. Si usted cuenta con un pasaporte extranjero y se introducen cuotas (a la inmigración), quizás tenga un problema”.

Guillaume Lejoindre, quien obtuvo la ciudadanía suiza el año pasado junto con su esposa tras haber vivido 16 años en Ginebra, coincide en que la votación del 9 de febrero fue determinante en su motivación para naturalizarse.

“En este momento diversos países tienen tendencia al hermetismo y el tema de la nacionalidad se ha vuelto más importante”, acota.

Sin embargo, aunque la necesidad de un lugar seguro de residencia y de un empleo puede impulsar a algunas personas, para muchos los motivos son más profundos y de índole más subjetivo.

“He vivido en Ginebra durante mucho tiempo. Tengo un permiso ‘C’ y un empleo. Solo lo hice para sentirme más tranquila. Ya me sentía suiza y ginebrina, lo único que hago ahora es confirmarlo. Para mí es más algo que está ligado al corazón”, sentencia María José Rey Otero, quien también posee la nacionalidad española.


Traducido del inglés por Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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