Derechos humanos América Latina: Esperanzas y pesadillas

Miles de personas se manifestaron en Buenos Aires contra la violencia machista en el marco del Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, el 25 de noviembre de 2015.

Miles de personas se manifestaron en Buenos Aires contra la violencia machista en el marco del Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, el 25 de noviembre de 2015.

(Keystone)

Feminicidios, despojos, desplazamientos forzados, persecución y asesinato de líderes y defensores sociales… el panorama dista mucho de ser halagüeño, como lo analizaron diversas especialistas convocadas por el Centro Latinoamericano de Zúrich (LZZ), con ocasión del Día de los Derechos Humanos.

“Hay un cambio que nos permite alimentar esperanzas. Sin embargo, las pesadillas aún son mayores”, asentó la codirectora del LZZEnlace externo, Yanina WelpEnlace externo, moderadora del evento. Deploró la persistencia de fenómenos como el racismo, la xenofobia y los ataques a los defensores de los derechos humanos, a los que se aúnan situaciones igualmente dramáticas como las crisis de refugiados.

En América Latina, más asesinatos

La ONG ‘Global Witness’Enlace externo registró 185 homicidios de defensores de la tierra y del medio ambiente en el mundo en 2015, de los cuales 122 tuvieron lugar en América Latina.

Amnistía InternacionalEnlace externo lanzó una aplicación en línea que permite visualizar la crecienbte ola de ataques contra defensores del medioambiente en el continente americano.

 Se denomina ‘¡Alza la voz por los y las defensoras!’Enlace externo Y reúne decenas de casos de defensores que son objeto de amenazas, han sido encarcelados o asesinados.

Y en ese tenor, Claudia Gafner-Rojas, especialista en derecho ambiental y derechos indígenas, indicó que Colombia es el país con el mayor número de desplazados en el mundo (6,9 millones), seguida de Siria (6,6), Irak (4,4), Sudán, (2,5) y Yemen (2,4), de acuerdo con estadísticas de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Y a pesar de sus dimensiones, ese flagelo se ha vuelto “invisible”. “Nos hemos acostumbrado tanto a ver gente en situación de mendicidad, gente que vive bajo un puente, que se está muriendo de hambre… que ya no la vemos. ¡Es urgente romper con esa actitud, con ese ‘es normal’!”, subrayó la abogada.

Recordó que Colombia ha vivido más de medio siglo de conflicto armado y señaló que si bien hay un proceso de paz entre el Gobierno y la principal guerrilla del país, las FARC, persisten múltiples actores armados, incluida la guerrilla del ELN, pero también los paramilitares y los grupos delincuenciales.

En ese contexto, casi siete millones de personas han tenido que dejar su hogar, lo que ha significado el despojo de 8 millones de hectáreas (cifras de ACNUR), de las cuales apenas un 4% han sido restituidas. “Y esa gente que ha tenido que irse, vive en situación de vulnerabilidad extrema: hacinada y marginalizada en las ciudades”, denunció la jurista.

Neoliberalismo y pauperización

La operación de empresas trasnacionales también incide en la expoliación de las comunidades agrarias de Colombia y de otros países latinoamericanos que han apostado al neoliberalismo, como quedó claro en la conferencia del LZZ. “En la priorización de la inversión extranjera, de megaproyectos como el aceite de palma, la extracción de oro o las hidroeléctrica se construyen marcos jurídicos ilegales a costa del bienestar de las comunidades”, denunció por su parte Anna Leissing, del Centro para la Promoción de la Paz, Swisspeace.Enlace externo

Se refirió al caso de Honduras, en donde se han creado zonas especiales de desarrollo en las que se ha desregulado el marco constitucional, en detrimento de los estándares ambientales y sociales para promover un modelo económico favorable a las élites políticas y económicas. ¿El resultado? La privatización de los recursos naturales y la pauperización de la gente.

Niños desplazados juegan en un terreno baldío en el municipio de La Gloria,  en el departamento del César.

(UNHCR)

Y todo ello, en un contexto de creciente militarización, de persecución y represión de los líderes sociales, como fue el caso del asesinato de Berta Cáceres, ecologista que luchaba por la preservación de un río amenazado por un proyecto hidroeléctrico.

Y la lista de personas encarceladas, hostilizadas y asesinadas por la defensa del medio ambiente y de los derechos humanos, no cesa de aumentar, en diversos países de América Latina.

En apoyo a las defensoras

Andrea Bolaños, de la Plataforma Internacional contra la Impunidad, habló del apoyo que esa ONG, constituida en Suiza, Suecia y Holanda, brinda a defensores de los derechos humanos de Guatemala, Honduras, El Salvador y el sur de México. Explicó que en particular respaldan a mujeres indígenas, las cuales tienen aún menos acceso a la justicia y a las reparaciones.

La organización se encarga de acompañarlas en su lucha, tanto en el ámbito local, como cuando acuden al Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra. A guisa de ejemplo, se refirió a la reciente visita de Angélica ChocEnlace externo. La defensora maya (guatemalteca) de derechos humanos busca justicia en el caso del crimen contra su esposo, Adolfo Ich. El dirigente comunitario fue asesinado por el jefe de seguridad de la empresa minera canadiense Hudbay Minerals.

Dado el espacio mínimo de cinco minutos que las denunciantes tienen en el ente internacional, la plataforma les apoya para lograr que transmitan su mensaje, como sucedió con Angélica. Andrea Bolaños se refirió igualmente a la relación que mediante la plataforma establecieron Laura Cáceres (hija de Berta) y Angélica Choc, una relación de solidaridad que es muy alentadora.

Dijo que la ONG también vela por evitar las represalias que pudiera haber en contra de las denunciantes de retorno a sus países. Para ello cuenta con el apoyo de diversas ONG, como es el caso del capítulo suizo de Brigadas Internacionales de Paz.Enlace externo Esa entidad, que celebró el sábado sus 35 años de existencia, se ha convertido, a decir de los propios defensores amenazados, en su “ángel de la guarda”.

Brigadas de la Paz, ángeles guardianes

“Si no fuera por ustedes, ya nos habrían matado”, señaló hace poco, durante un encuentro público en Berna, Omar Jerónimo, coordinador de la Asociación Indígena Chorti Nuevo DíaEnlace externo, que apoya y representa a las comunidades del departamento guatemalteco de Chiquimula. Narró entonces cómo la defensa de las comunidades que rechazan el despojo de sus tierras y de los recursos del país es respondida con estigmatización, criminalización y represión.

En ese mismo encuentro, Cristina AuerbachEnlace externo, directora de la organización Familia Pasta de Conchos, denunció una situación semejante en el norteño estado mexicano de Coahuila, en donde la organización pugna por detener las operaciones de las empresas mineras de carbón que no solamente han incidido en la salud de los habitantes, sino también en el despojo.

Esmeralda, una joven habitante de la zona, denunció que las mineras ya no solamente se conforman con hacer extracciones en el campo sino que han avanzado hasta zonas urbanas con el apoyo de autoridades locales que, entre otras irregularidades, falsifican las escrituras de las casas para facilitar la expoliación.

La tragedia de Pasta de Conchos

La Familia Pasta de Conchos lucha igualmente por que se procede al rescate de los restos de los más de 60 mineros que perdieron la vida durante una explosión en una mina propiedad del Grupo México en 2006, por la creación de memoriales y la construcción de alternativas para los mineros mutilados.

En respuesta, los integrantes de la organización han sido perseguidos, golpeados (como en el caso del tío de Esmeralda) e incluso acusados de narcotraficantes.

“Al final, sentenció Jerónimo, la situación en México, en Colombia, en Guatemala y en tantos otros países no es diferente: despojo, amenazas, asesinatos de los defensores de derechos humanos”.

Una situación que ensombrece el contexto latinoamericano y que no acaba ahí. En la conferencia del LZZ, Ana Gabriela Álvarez, antropóloga de la Universidad de Zúrich se refirió a otro flagelo en la región: el feminicidio.

¿Quién mató a todas esas chicas?

La pregunta es una herida que duele a las madres de las víctimas, a los hijos que quedaron huérfanos, a una población desamparada... ...

Persistencia del feminicidio

Refirió que 15 mujeres son asesinadas en Brasil cada día; una en Argentina cada 30 horas y 200 mujeres o más, por año en México. En Chihuahua (norte de México), por año, la misma cantidad que en una década (1980).

El fenómeno, dijo, cuyo nombre se empezó a utilizar en México, en los años 90 -con los asesinatos en Ciudad Juárez (Chihuahua)- fusiona el término fémina y genocidio “porque esto es un verdadero genocidio”.

Un flagelo que se ha extendido a diversos países de Latinoamérica, incluidos aquellos de Centroamérica (en Guatemala, por ejemplo, el crimen contra mujeres es tres veces superior al de los varones) y de Sudamérica.

Destacó que pese a las leyes que han adoptado diversos países para poner coto a ese problema (Argentina, 2012; Venezuela, 2007, Colombia y Guatemala, 2008, por ejemplo), no deja de crecer. Inclusive se ha recrudecido contra mujeres de sectores más pobres o de raza negra.  

Entre despojos, represión asesinatos, desplazamientos, pauperización… El balance en el que coincidieron las ponentes de la conferencia sobre la situación de los derechos humanos en América Latina es, en 2016, más preocupante que prometedor.  

×