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El tema de la inmigración divide a los suizos. (Keystone)

El tema de la inmigración divide a los suizos.

(Keystone)

Los ciudadanos suizos han aceptado una iniciativa que pide cuotas y contingentes para limitar la inmigración. Un resultado muy reñido que mantuvo el suspenso hasta el último momento: 50,3% de votos a favor frente a 49,7% en contra. La propuesta triunfó por solamente 19.516 votos de diferencia.

El artífice de la iniciativa Contra la inmigración masiva esla Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora), conocida por su política antieuropeísta y antiextranjeros.

La propuesta prevé que dentro de tres años Suiza tendrá que establecer cuotas máximas para la concesión de permisos de estancia y contingentes anuales para todos los extranjeros. Estas limitaciones se calcularán en función de las necesidades del sector económico.

En el mercado laboral se dará preferencia a los trabajadores suizos. En consecuencia, habrá que renegociar los tratados internacionales que van en contra de estas normas, como el acuerdo de libre circulación de personas con la Unión Europea (UE).

Un voto histórico

Toni Brunner, presidente de la UDC, declaró que “la población suiza sabe mejor que el gobierno o la administración cuáles son los problemas reales de la inmigración. El Gobierno tiene que entablar enseguida el diálogo con la UE y renegociar el acuerdo de libre circulación”.

El politólogo Claude Longchamp habla de “un momento clave en la historia reciente de Suiza. Por primera vez, los ciudadanos han dado más valor a sus propias preocupaciones que a las del sector económico”.

Las urnas han confirmado lo que anunciaban varios expertos: muchos ciudadanos han utilizado esta cita para expresar su malestar con la política del Gobierno en materia europea y de inmigración.

Para la ministra suiza de Justicia, Simonetta Sommaruga, se trata de “una decisión crucial con consecuencias transcendentales”. El presidente de la Confederación y ministro de Exteriores, Didier Burkhalter, por su parte, declaró que en las próximas semanas el Gobierno evaluará la posibilidad de sentar una nueva base para las relaciones con la UE.

Mercado único

Según Clive H. Church, exprofesor de Estudios Europeos en la Universidad de Kent (Gran Bretaña), esta votación dará mucho de que hablar. “Si Suiza era para muchos un modelo en las relaciones con Bruselas, esta votación probablemente ha destruido ese mito”. Además, cosechará aplausos entre los euroescépticos y los círculos hostiles a la inmigración que exigirán controles más estrictos.

El catedrático está convencido de que cundirá la alarma entre los empresarios por las amenazas que supone para el acceso al mercado único europeo.

Un aspecto en el que hace hincapié el ministro luxemburgués de Asuntos Exteriores, Jean Asselborn:

“Existe una correlación evidente entre la libre circulación que identifica los valores de la UE y el acceso privilegiado al mercado interior. Suiza ha decidido reducir la libre circulación y tendrá que atenerse a las consecuencias, porque las habrá”, puntualiza.

Aborto e infraestructura ferroviaria

El 70% de los suizos se niega a que la interrupción voluntaria del embarazo deje de formar parte de las prestaciones que desembolsa el seguro médico obligatorio. 

El 62%, en cambio, ha aprobado el decreto sobre la financiación y ampliación de la infraestructura ferroviaria. El objetivo es crear un fondo de 6.400 millones de francos que se destinará al mantenimiento y desarrollo de la red ferroviaria.

Cláusula guillotina

En primer lugar, preocupa la denominada cláusula guillotina, que amenaza el resto de los acuerdos bilaterales que Berna y Bruselas han suscrito.

“Mi temor es que se active la cláusula guillotina, porque resulta difícil mantener acuerdos que no se respetan”, coincide Antonie Vieillard, representante de la región Alta Savoya (Francia) que limita con Suiza.

“He trabajado en una compañía internacional en Ginebra. Y ninguna empresa se establece en un país en el que la administración controla la gestión de los recursos humanos”, sentencia.

Además de su atractivo fiscal, Suiza era interesante para los corporativos extranjeros porque les garantizaba el acceso al mercado único. “Si no hay acceso al mercado europeo, es imposible prever las consecuencias económicas y sociales porque son enormes”.

Acuerdo institucional

“No creo que haya sanciones por parte de la UE”, afirma el embajador italiano en Berna, Cosimo Risi. “Respetamos la voluntad del pueblo suizo, pero como miembro de la Unión Europea no nos alegramos de este resultado”.

El diplomático se refiere a la “desilusión” y “preocupación por las consecuencias que puede tener este resultado para las negociaciones de un acuerdo institucional entre Berna y Bruselas”.

Jean Russotto, abogado afincado en Bruselas, coincide en que no hay que subestimar las consecuencias sobre las negociaciones institucionales.

“Se congelarán y durante mucho tiempo, lo que repercutirá en la negociación de otros acuerdos sectoriales, como el de la electricidad. Bruselas lo ha dicho alto y claro: primero tenemos que dar un marco institucional a nuestras relaciones bilaterales, y solamente después, proseguiremos con el tema del acceso al mercado para la electricidad y la química”.

En su opinión, el voto de este domingo es también “un no a Europa”, el primero desde 1992, cuando los suizos rechazaron el ingreso del país en el Espacio Económico Europeo. “Es una catástrofe”.

Crisis en la UE

El jefe de la diplomacia luxemburguesa Jean Asselborn no descarta que los debates en el seno de la UE sobre la libre circulación hayan influido negativamente en la población suiza.

Y cita las tendencias antieuropeístas de la extrema derecha en la UE, por un lado, y la política del primer ministro británico, David Cameron, y su partido que amenaza con salir de la UE. “Creo que esto ha generado confusión en Suiza”.

La Organización de Suizos en el Extranjero (OSE) se declara “profundamente preocupada” por la aprobación de la iniciativa. El resultado que amenaza la libre circulación de personas, un acuerdo vital para los suizos en el exterior, ya que más de la mitad de ellos residen en un país miembro de la UE.

swissinfo.ch



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