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Buenos oficios de Berna


Cuba-EE UU: Del paroxismo a la prudencia


Por Marcela Águila Rubín


La directora para EE UU del Ministerio cubano de Exteriores, Josefina Vidal, ante la prensa, durante las negociaciones para el restablecimiento de relaciones La Habana-Washington, el 21 de enero de 2015, en la capital cubana.  (Reuters)

La directora para EE UU del Ministerio cubano de Exteriores, Josefina Vidal, ante la prensa, durante las negociaciones para el restablecimiento de relaciones La Habana-Washington, el 21 de enero de 2015, en la capital cubana. 

(Reuters)

El rol de Suiza como “potencia protectora” llegará a su fin tras el histórico anuncio, en diciembre pasado, del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. ¿Cuándo…? La reciente decisión republicana de no oponerse a la supresión de Cuba de la lista de países terroristas allana el camino, pero aquellos que pensaron que entre La Habana y Washington habría ferry directo han comprendido que la travesía será larga y tortuosa.

“Más de cincuenta años de enfrentamiento no acaban en cuatro meses”, advierte el suizo Beat Schmid, otrora cooperante de Oxfam y MediCuba Suiza en la capital cubana. “Hasta ahora ha habido solamente cambios simbólicos, pero hay signos alentadores de que los cambios de fondo están en ruta”. Una muestra: los 83 minutos de entrevista Castro-Obama, la primera en casi 60 años, en Panamá, en el marco de la primera Cumbre de las Américas a la que asiste Cuba. 

Pero no solo: la supresión de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, las recientes visitas a la isla de misiones de Nueva York, Texas y del canciller japonés, Fumio Kishida. Los anunciados viajes del presidente francés, François Hollande, y del Papa Francisco, pieza clave en la “reconciliación”.

“De hecho, asienta Carlos Pleyán, hay mucho más expectativa mar afuera que tierra adentro”. Y es que, como explica el sociólogo español afincado desde hace 45 años en la perla del Caribe, a los cubanos ya les quedó claro que no es lo mismo “restablecimiento de relaciones diplomáticas” que “normalización de las relaciones”.

Ahora, puntualiza, “uno va oyendo las noticias de cómo evoluciona el tema, pero ya no con la ansiedad o la ilusión de los primeros días cuando pensábamos que era el principio del fin inmediato del bloqueo”.

Memorable 17 D

El 17 de diciembre de 2014, y de manera casi simultánea, el presidente cubano Raúl Castro, y el mandatario estadounidense, Barack Obama, soltaron las amarras del júbilo con el inesperado mensaje de que sus países reanudarían los lazos que habían quedado disueltos 53 años atrás. En todos los confines, la prensa reportó “la caída de uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría”.

“Nos cogió completamente por sorpresa”, recuerda Pleyán. “Había mucha alegría, mucha expectación y mucha esperanza. Cada uno proyectó sus frustraciones o sus aspiraciones. Había desde las ilusiones políticas más abstractas hasta las ilusiones económicas más inmediatas de ‘a ver si bajan los precios de la papa’”.

Entrevistados vía telefónica, Pleyán (en La Habana) y Schmid (en San Salvador) recuerdan el regocijo victorioso del pueblo cubano por el retorno de sus conciudadanos, presos desde hacía años en EE UU (paralelo a la repatriación del estadounidense Alan Gross) y la supresión del bloqueo, que se antojaba inminente.

“Estuve para fin de año en Cuba. Era muy reciente lo del 17 D. Predominaba la alegría, primero por el regreso de los cubanos y luego porque pensaban que todo quedaría resuelto como por arte de magia”, narra Schmid, quien reside ahora en El Salvador. “No me creían que mi tarjeta de crédito no servía. Me decían ‘pero si ya hemos hablado (Castro-Obama)’”.

Embajadas, próxima parada

Coinciden nuestros interlocutores en que la próxima escala del viaje de retorno a las relaciones diplomáticas Cuba-EE UU será el restablecimiento de las embajadas respectivas, lo que pondría fin a los oficios de Suiza como representante de los intereses de cada uno de los dos países frente al otro.

Pero no se trata solamente de colocar nuevamente las banderas, designar embajadores y despacharlos para que presenten sus cartas credenciales. En Cuba, y en violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, los estadounidenses han tenido una política de mucha intromisión en los asuntos internos, recuerda Schmid.

“En la sección de intereses de EE UU se reúnen permanentemente los así llamados disidentes que reciben recursos, capacitación y equipos. Imaginemos que los cubanos hicieran eso con los grupos de ‘Occupy Wall Street’, sería un escándalo mayúsculo”, observa el analista suizo.

El temor de que el incremento de relaciones entre disidentes y diplomáticos estadounidenses se traduzca en conflictos internos hace que el Gobierno de Cuba proceda con cautela, anotan nuestros interlocutores. Un recelo que no se circunscribe a la isla: “¿Por qué en EE UU no hay golpes de Estado?”, inquiere el viejo chascarrillo. “¡Porque no hay embajada de EE UU!”, responde la experiencia latinoamericana.

Los motivos de Obama

Para Schmid y Pleyán, la otra disposición que podría producirse a plazo no muy largo, sería la de autorizar a la ciudadanía estadounidense a vacacionar en Cuba. Amén de permitir el ingreso de divisas, la medida se sumaría a los tímidos pasos de que Obama ha sido capaz para flexibilizar el bloqueo, esa intrincada red legislativa que asfixia al país desde 1962.

“La ley del embargo no es una sola disposición, sino decenas y decenas acumuladas una encima de otra. La única ventaja que tiene es que permite también un desmontaje parcial y progresivo, que es como todo el mundo piensa que va a ocurrir”, precisa el sociólogo.

Para él, el presidente Obama tenía decidido desde su llegada a la Casa Blanca, normalizar las relaciones con Cuba. “Incluso en la primera Cumbre de las Américas hizo el anuncio oficial”. Empero, dada la complejidad del entramado del poder en EE UU, “un presidente puede pensar una cosa y hacer otra durante mucho tiempo”.

Ahora, en la recta final de su mandato, “cuando los presidentes pasan o no a la historia por las decisiones que tomen, pudo permitirse dar el paso”, señala. “Obama ya no tiene nada qué perder y puede hacer algunas cosas valientes”, aúna Schmid.

Para ambos, el acercamiento responde igualmente a la necesidad de Washington de reposicionarse con la América de más al sur:

“La relación de Estados Unidos con América Latina no es la de hace 20 años. Las relaciones se han ido enrareciendo y complicando en el último decenio y países como China y Rusia están ocupando los espacios”, sostiene Carlos Pleyán.

Y ello, en momentos en que las alianzas en el sur del continente, que excluyen a EEUU y Canadá, se han ido fortaleciendo, como acota Beat Schimd para quien una tercera razón del deshielo es que Cuba ha ido perdiendo relevancia en el mapa político de EE UU, en coincidencia con el factor generacional:

“La influencia de los exiliados iniciales ha ido disminuyendo. La nueva generación quiere una relación normal con sus familiares en la isla, una isla que quieren conocer porque es parte de su identidad”.

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