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Centrifugadoras de ropa en vez de la cruz helvética

Concurso de la 'Miss Suiza oriental' en San Gall, una fotografía del libro. (Andri Pol)

Suiza no recibiría el adjetivo de exótica, pero lo es. El fotógrafo Andri Pol y el etnólogo David Signer lo demuestran en su libro '¡Hola! – Singularidades del país de Heidi'.

Ambos han recorrido tanto Suiza, que de nuevo se ha convertido para ellos en una tierra llena de rarezas, incluso con más de las que podrían encontrar en Bhután y Swazilandia juntas.

Espectadores un poco pasados de peso en el festejo de la 'Schwingfest' -la tradicional lucha helvética- en el poblado de Brünig, una fiesta de espuma en Neftenbach, segadoras de pasto en Langenthal, el concurso para elegir a la señorita más bella de la Suiza oriental en San Gall, la bendición de la cumbre valesana Tracuit con su obligado bufet Fendant, un encuentro de seguidores del modelo Manta de la Opel en Ennetbürgen, una lotería de vacas en Bad Zurzach en la que los ejemplares dejan sus boñigos a su paso, macetas con flores para reducir el tráfico en Vicello Sopra.

En su serie fotográfica 'Grüezi' ('Hola' en suizo) el fotógrafo Andri Pol y el etnólogo y periodista David Signer muestran una imagen de Suiza a veces folclórica, a veces multicultural, a veces provenzal, urbana o de pequeños burgueses.

Del cliché a lo exótico

Los coautores de la obra indican con su libro que los más famosos clichés suizos son todos ciertos, pero que sólo aparecen de vez en cuando.

Y que al lado de la típica Suiza existe también otra, la exótica, un tanto extravagante, que no permanece escondida en lo absoluto, pero se encuentra algo desconectada: una noche mexicana en un salón de usos múltiples, un fondue de haschis en una casa ajena deshabitada, el dominio femenino en un pueblo grisón, cañones de nieve en el monte Cervino...

"No es fácil darse cuenta a primera vista", constató David Signer a su regreso de sus actividades de investigación en un país africano donde permaneció por varios años.

Él pensó por mucho tiempo que (ya) era inexistente la "identidad suiza", en tiempos en los que su país, entre la globalización y la inmigración, se había vuelto tan internacional como polifacético y que sería absurdo hablar de algo "típicamente suizo", escribe en el libro.

Luego de varios viajes de investigación entre Ginebra y St. Margrethen (del extremo sudoeste al nordeste del país) y de Chiasso a Basilea, (de sur a norte), el etnólogo sangalés reconsideró al respecto. Él escribe que pese a toda esa heterogeneidad, existe una base común que podría condensarse en un símbolo.

Antiguas centrifugadoras de ropa, símbolo de cohesión

David Signer: "¿Conoce esas centrifugadoras de ropa de cobre en donde oscilaba la ropa en tiempos de la abuela? Hoy son las preferidas para hacer las veces de macetas en los jardines caseros. Se encuentran en todas partes, en la provincia o en las ciudades, prácticamente en toda Suiza."

A juicio de Signer representan "un pedazo de ese mundo ileso del pasado en donde la mamá lavaba una vez al mes junto con su ayudante mientras los seis hermanos jugaban descalzos sobre el pasto y el padre fumaba sus 'Toscani".

En realidad preferimos las modernas secadoras de ropa con tablero digital, pero nuestros corazones se quedaron prendados de las antiguas centrifugadoras. Son la reminiscencia de un pasado radiante.

La centrifugadora de ropa resulta para el etnólogo "una figura integradora, el intermedio, un 'constructor de puentes' (como se llamó significativamente la revista de la cadena de mercados al menudeo, Migros), y por eso es la mejor indicada para ejemplificar la mentalidad helvética, que se compromete precisamente al querer evitarlo".

Por ello recomienda Signer suplir la imagen de la cruz suiza con la de la antigua centrifugadora de ropa, "ya que se podría decir paradójicamente: lo que une internamente a Suiza es la centrifugadora".

Mirada despierta

Las fotografías de Andri Pol surten un fuerte efecto e impresionan. Al mismo tiempo provocan sonrisas.

¿Una Suiza ridícula? No, más bien una polifacética Suiza, aún provenzal, burguesa con frecuencia, pero a la par, moderna y a veces casi urbana. No obstante, acuñada en gran parte por la aglomeración. Y justo allí, en la aglomeración se encuentra la mayoría de esos símbolos, las viejas centrífugas de ropa.

Pero sólo miradas despiertas pueden ver a Suiza como la han descubierto los dos autores de la antología en textos e imágenes de 'Grüezi – Seltsames aus dem Heidiland' ('¡Hola! – Singularidades del país de Heidi').

swissinfo, Jean-Michel Berthoud
(Traducido del alemán por P. Islas)

Datos clave

'¡Hola! – Singularidades del país de Heidi', Andri Pol (fotografía), David Signer (texto).

Editorial Kontrast, editado por Koni Nordmann.

352 páginas, 300 fotografías a color, 21 artículos.

Softcover, encuadernado con siete cubiertas distintas.

Andri Pol

Nació en 1962.

Formación como maestro de dibujo en la Escuela de Arte de Lucerna, antes de convertirse en fotógrafo (autodidacta) independiente con colaboraciones en diversos diarios y revistas.

Cursó un año en el Colegio Real de Arte de Londres.

Colabora en las redacciones de GEO/Suiza y trabaja con regularidad para las revistas MERIAN, GEO, Weltwoche, Das Magazín, etc.

David Signer

Nació en 1964 en San Gall, estudió etnología, psicología y lingüística en Zúrich y Jerusalén.

Su doctorado lo realizó con una crítica al etnopsicoanálisis, ha dado cursos en la Universidad de Zúrich y ha trabajado varios años en temas de refugiados.

De 1997 a 2000 realizó una investigación de campo sobre curanderos en África occidental.

En 2004 apareció su libro 'La economía de la brujería y porqué no hay rascacielos en África'.

Signer escribe con regularidad para la revista del diario zuriqués 'Tages-Anzeiger' y desde 2002 es redactor en la revista Weltwoche.

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