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Filmar en América Latina


La del desplazado, una lucha sin tregua y sin armas


Por Marcela Aguila Rubín, Ginebra


'Algun día es mañana' muestra la producción musical de los hermanos Etni (der) y Edwin Torres, trovadores de su comunidad. (filmaramlat.ch)

'Algun día es mañana' muestra la producción musical de los hermanos Etni (der) y Edwin Torres, trovadores de su comunidad.

(filmaramlat.ch)

En el saldo del conflicto armado de Colombia figuran el despojo de seis millones de hectáreas agrícolas y una cifra similar de desplazados, pero las víctimas no son meras estadísticas, ‘Algún día es mañana’ y ‘Siembra’, proyectados por Filmar en América Latina, les ponen un rostro.

“Conviví con ellos durante dos años mientras trabajaba para la cooperación suiza. Regula Gattiker estaba con Peace Watch y ambos convenimos que teníamos que hacer algo para divulgar la historia”, comenta Ricardo Torres, en alusión a los miembros de la comunidad de Las Pavas.

‘Algún día es mañana’, documental elaborado merced al apoyo de organizaciones independientes de Suiza y de Colombia, reúne los testimonios del largo viacrucis de ese colectivo que en 2013 recibió el Premio Nacional de Paz y que sin embargo aún espera gozar a cabalidad de su derecho a la tierra. 'Siembra' es una ficción sobre el desarraigo y la nostalgia del terruño original (ver recuadro).

“Y es que los campesinos sin tierra no somos nada”, como reitera Don Misael Payares, uno de sus dirigentes de Las Pavas.

Un tesón sin concesiones

El caso de Las Pavas, comunidad inmune a la desesperanza y a la opción de la violencia, es emblemático: sus familias han resistido, a lo largo de más de una década, las ofensivas de guerrilleros, narcotraficantes, paramilitares y empresas que los han expulsado una y otra vez de sus propias tierras, les han matado gente, quemado los ranchos y hasta envenenado los cultivos.

“Su fuerza radica en la convicción de que tienen la razón y que tarde o temprano les harán justicia. Su estrategia se basa en la no violencia y en la confianza en las instituciones”, explica nuestro interlocutor. Y ello, amén de que son muy religiosos y tienen una fe muy grande.

Con esa amalgama han podido sortear las situaciones más adversas, como la del 26 de octubre de 2003 cuando los paramilitares los reunieron en el aula múltiple para advertirles que si seguían cultivando no responderían por su vidas; la de 2006, año en que Jesús Emilio Escobar llegó con un grupo de gente armada para volverlos a sacar, cuando en 2008 las crecidas del río inundaron sus plantíos en los playones en los que se habían replegado, y la expulsión posterior por parte de los cultivadores de palma africana.

Soportaron todo eso y hasta las calumnias de que eran “falsas víctimas” y miembros de la guerrilla. Una y otra vez anduvieron y desanduvieron el camino. Una y otra vez, las autoridades les dieron y les retiraron su apoyo hasta finalmente reivindicarlos y reconocerles sus derechos. Hasta hoy, sin embargo, todavía aguardan que la empresa palmera Aportes San Isidro, que se apropió sus tierras, cumpla con la ley y se las restituya.

Burocracia y corrupción

“Pero en Colombia hay una enorme burocracia. Los procesos son larguísimos y hasta la última instancia no puede aplicarse la exención de dominio”, deplora Ricardo Torres. Y ello, aunado a la corrupción que existe, apoyada por grupos armados. “La ley puede decir una cosa, resume, pero la aplicación es otra”.

‘Algún día vendrá’, coproducción independiente entre la Fundación Chasquis (Colombia), la Fundación Connact, que promueve el arte en territorios en conflicto, y la Asociación REC (Suiza), es una denuncia, pero es también un testimonio de fe y perseverancia con el telón de fondo de unos paisajes soberbios y una musicalización extraordinaria.

De hecho, entre los protagonistas de esta odisea colombiana, los hermanos Etni y Edwin Torres, el ‘Monchi Pavero’, convertidos en trovadores de la comunidad, recogen en sus canciones las vicisitudes y la esperanza de los suyos. 

Un documental imprescindible

Premio del Público al mejor largometraje en el Panorama del Cine Colombiano (París), el documental ha participado en los festivales de Derechos Humanos, de Lugano; Visions du Réel, Nyon, Pantalla Latina, de San Gall y Filmar en América Latina. El 5 de diciembre será proyectado en el de Derechos Humanos de Lucerna y el 19, en sesión especial, en el Cinema Lux de Lugano.

Nacido en Colombia, Ricardo Torres radica en Suiza desde hace nueve años, lo que, "me ha permitido ver a mi país, desde lejos, con mayor claridad”. Entre 2010 y 2012, en el marco de su labor como ‘cooperactor’ de E CHANGER, tuvo la oportunidad de visitar varias veces el departamento de Bolívar y convivió codo a codo con la Asociación de Campesinos de Buenos Aires, Las Pavas (ASOCAB).

La lucha sin tregua de esa comunidad ilustra una de las heridas más graves de Colombia: el despojo de tierras. Tanto es así que el problema agrario fue el primer punto de la agenda de las negociaciones para la paz que se desarrollan en La Habana entre Bogotá y las FARC. Y es que, “el conflicto armado colombiano tiene raíces bien metidas en la tierra”, ratifica el documentalista.

Lamenta que ese sea un “tema que nunca haya querido ser resuelto” y que en Colombia, como en muchos otros países del mundo, florezcan los cultivos de drogas o de palma africana, con una gran concentración agraria en muy pocas manos.

En La Habana, las partes han anunciado su determinación de firmar la paz en marzo de 2016 a más tardar, lo que ha generado muchas esperanzas entre la población colombiana que, no obstante, tiene muy claro que la pacificación del país no se dará de un día al otro. Ricardo Torres comparte ese entusiasmo amortiguado:

“No tengo otra opción que ser optimista, pero la paz no va a llegar automáticamente. El conflicto ha sido largo y hoy en día hay disputas regionales entre muchos actores armados, herederos de guerrillas, paramilitares y narcotraficantes sin un norte político. Hay desconfianza y polarización, y también heridas abiertas cuyo cierre tardará generaciones..."

swissinfo.ch

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