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Curador de museo


"La gente nos trataba como dioses"


Por Susan Vogel-Misicka


 (swissinfo.ch)
(swissinfo.ch)

Fue su fascinación por el pintor suizo Paul Klee la que llevó a Osamu Okuda de Japón a Europa. Sería por un año, más o menos, pero se quedó. Tres décadas más tarde es investigador y curador del Zentrum Paul Klee en Berna y, él mismo, un artista.

Okuda es tan tímido que parece casi reacio a acercarse a mí en el vestíbulo del museo. Intenta incluso ponerme en manos de un colega, más implicado en la exposición en curso. El compañero hace de puente unos pocos minutos, el tiempo suficiente para que Okuda comience a abrirse.

Una vez instalado en medio de las obras que ama tanto, este hombre elegante de 62 años, con gafas de montura de acero y una barba grisácea, comienza a explayarse. Ríe y gesticula cuando habla de su trabajo. 

“Era un secreto oculto en una caja”, dice Okuda de un libro que encontró en Winterthur, entre las pertenencias del escritor suizo Hans Bloesch. Llamado simplemente Das Buch (El Libro), contiene poemas de Bloesch y Klee e ilustraciones burlescas de Klee, algunas bastante atrevidas.

“Hay dibujos eróticos también, cosas muy interesantes”, comenta  Okuda alzando las cejas con aire de complicidad. El libro, que tiene 110 años, está encerrado en una vitrina.

“Celebramos el hallazgo con cerveza y vino”, recuerda Okuda, quien trabaja actualmente en una publicación que contiene un facsimil de Das Buch así como copias de las cartas que Klee y Bloesch intercambiaron. Sale a la luz en 2014.

Nombres y fechas son fáciles para él. De hecho, nunca le faltan palabras cuando habla de Klee: impresionante, especialmente teniendo en cuenta el hecho de que el alemán es su segundo idioma.

Camino a Klee

“Klee es bien conocido en Japón, y es más popular allá que aquí”, señala.

Osama Okuda tenía 20 años cuando vio la primera exposición de Klee en Osaka, su ciudad natal. Estudió Historia del Arte y obtuvo su diploma de Maestría con un trabajo sobre el pintor suizo.

En 1980, su participación en una gran exposición de Klee en Tokio representó su boleto a Europa y un contacto en Berna le ayudó a lograr una beca para estudiar en la Universidad de Berna. Cuando llegó, en 1983, el plan era quedarse un año más o menos.

“Pero luego conocí a un alemán especialista en Klee que me pidió que trabajara en un proyecto que nos tomó diez años”. Concluido en 1995, el proyecto exploraba la manera en que Klee interrumpía a veces su trabajo para crear dos o más obras.

"Eso era inteligente, a veces podía hacer otra venta de esa manera", bromea Okuda, cuyo trabajo muestra a lo que habrían parecido las versiones originales.   

Mientras hojea el catálogo de la exposición, Okuda señala que photoshop no era tan sofisticado en ese entonces. Sin embargo, las exposiciones en Düsseldorf y Stuttgart fueron un gran éxito y se decidió una prolongación de dos semanas para responder a la demanda de los visitantes. Además, se hizo una segunda impresión del catálogo.

“La gente nos trataba como dioses. Ese fue un momento decisivo para mí”, narra Okuda. Constató entonces que la especialización en Paul Klee había sido una decisión inteligente. En 1996, fue nombrado curador e investigador de la Fundación Paul Klee del Museo de Arte de Berna. Su segundo proyecto, la producción de una enciclopedia de nueve volúmenes sobre Klee, le tomó otra década.

Su admiración por Klee es evidente cuando habla del artista que sufrió de esclerodermia hacia el final de su carrera.

“Tenía que conservar la energía, pero le gustaban los cuadros grandes”, puntualiza Okuda. Evoca el recurso de Klee al periódico y al yute, que eran baratos, y a la pasta de color, que seca más rápido que la pintura al óleo.

En 2005, el conocimiento y la experiencia de Okuda lo convirtieron en el experto para la puesta en marcha del Zentrum Paul Klee en Berna. Diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano, es quizás el edificio que se distingue más en el paisaje museográfico suizo.

“Si me hubiera quedado en Japón probablemente sería un profesor asistente de arte. La jerárquica es muy fuerte allá”. También aprecia el hecho de que la gente en Suiza sea capaz de mantener la frontera entre su vida profesional y privada.

Otros planes

Para un hombre que trabaja bajo la luz tamizada de un museo, sus manos están  sorprendentemente bronceadas. La respuesta está en sus aficiones: se ocupa de una huerta de la comunidad no lejos del museo.

Cocinero apasionado, cultiva hierbas, frijoles y calabazas, e incluso en su jardín, se imponen sus nexos con Klee, a pesar de que en un principio no lo advirtió.

“Mi terreno está  justo debajo de los robles que pintó en uno de sus trabajos”, dice y agrega que a veces, otros lugares en Berna le parecen familiares.

Aunque Klee ha sido una figura clave para Okuda, no es del todo el punto focal de su vida. El curador japonés trabaja a tiempo parcial en el Zentrum Paul Klee y dispone de mucha libertad para otras actividades, como ese proyecto de poesía que inició.

 

Sprechendes Wasser (Agua que habla) es un volumen del libro de poesía Renshi, elaborado en colaboración con el poeta bernés Jürg 'Kutti MC' Halter y el poeta japonés Tanikawa Shuntarõ, y que ganó el premio literario del cantón de Berna este año.

Y hablando de agua, el curador no olvida mencionar el Océano Pacífico y su pescado, que echa de menos. Sin embargo, solamente de vez en cuando viaja a Japón para trabajar.

También gusta de realizar representaciones artísticas y esculturas. Toma objetos al azar - como un carrusel de juguete, por ejemplo - y los reutiliza. En 2002, por ejemplo, presentó una muestra en el Museo de Arte de Berna.

En teoría, la jubilación se acerca, pero Okuda todavía tiene varios proyectos en mente, como el de hacer una película.

“Y además está mi hermano, que compone música electrónica. Me gustaría hacer algo con él”.

Sonríe al reconocer que su lista de deseos es todavía muy larga.

“Viejos sueños en espera de realización”, bromea.


Traducción, Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch



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