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De la India a Suiza


Con empeño, simpatía y un moderno taxitriciclo en Berna



Delhi tiene unos 84,000 pedalotaxis registrados, (Keystone)

Delhi tiene unos 84,000 pedalotaxis registrados,

(Keystone)

Antes, morador de una favela en India, Sohan Lal acostumbraba conducir su taxi de tres ruedas por las caóticas calles de Nueva Delhi. El amor lo condujo a Suiza. Hoy transporta a turistas por las calles de Berna, en su moderno triciclo eléctrico, su ‘rickshaw a la suiza’.

En una perfecta tarde de primavera en la capital suiza, con cielo claro y sol radiante. Llegó el final de la jornada laboral y la  estación ferroviaria está llena de gente, de autobuses y tranvías. En medio de esa ordenada multitud, un vehículo destaca por su singularidad en el paisaje urbano suizo: un reluciente pedalotaxi.

El taxitriciclo, a la usanza de aquellos que se emplean en varios países asiáticos, pertenece a Lal (39), que llegó a Suiza hace poco más de diez años, y que nos brinda un paseo, que ofrecemos a usted en este vídeo de 360° (con el ratón fije un punto y arrastre hacia la dirección que usted quiere ver).

Joven empresario

Sohan Lal nació en un barrio pobre de Delhi, conocido como el ‘jhuggis’. Sus padres, del vecino estado de Uttar Pradesh, se mudaron a la capital en busca de mejor vida. Pero su padre se vio afectado por una enfermedad mental y su madre, con la responsabilidad total de mantener a Lal y a sus cinco hermanos consiguió un empleo como albañil.

“Ganaba al día unas 10 rupias indias [entre 15 centavos de dólar y un franco, dependiendo del tipo de cambio] por un trabajo muy duro: nueve horas diarias cargando 20 ladrillos en la espalda para llevar este material de construcción a su destino, en escaleras y corredizos de las obras, de hasta diez pisos”, recuerda Lal.

Nuestro interlocutor no pudo ir a la escuela. Para ayudar a su madre trabajaba limpiando zapatos a la edad de nueve. Nunca olvidará el incidente que cambió su vida.

“Un turista alemán vino para que le engrasara sus zapatos. Al terminar, me dio 50 rupias y se fue, ¡50 veces más de lo que yo cobraba!  

Ese golpe de suerte le ayudó a comprender que podía ganar más dinero si se centraba a limpiarles los zapatos a los turistas extranjeros. En vez de quedarse bajo un puente, como otros de sus colegas de oficio, comenzó a andar por la ciudad, entre los turistas. Así aprendió inglés, escuchando las conversaciones e intercambiando algunas palabras con los forasteros. Además, con algo del dinero que ganaba pagaba sus boletos en el cine para ver filmes de Hollywood, en inglés, y continuar aprendiendo el idioma.

Pronto ahorro suficiente dinero para comprarse un pedalotaxi y, después, un taxitriciclo motorizado. Y su estrategia siguió: servir a los turistas extranjeros, y ganárselos con su carisma y sus conocimientos básicos del inglés. Y un gran paso: se conectó con las agencias de viajes locales. Les dirigía turistas, a cambio de una comisión.

“Si los turistas reservaban con ellos un viaje, yo recibía una comisión del 50% del valor. Hice mucho dinero así”.

En unos años ahorró tanto que pudo comprar dos taxis de segunda mano y abrir así su propia agencia de viajes, pero no abandonó su taxitriciclo.

“Así encontraba los clientes para mi negocio de viajes. En lugar de pagar una comisión a las agencias, ofrecía yo los paseos con mis propios taxis”.

Señorita suiza

El dinero no fue más motivo de preocupación. Pero otro encuentro, también con una forastera, modificó su destino. En 2001 conoció a Nadia, una chica suiza de 19 años, en el famoso centro comercial Connaught Circus, en el corazón de Delhi.

Lal la invitó a beber una taza de té. E hicieron ‘clic’… se visitaron mutuamente y en 2004 decidieron casarse.

“Llegué a Suiza con una maleta y 300 francos. No hablaba alemán y había que comenzar de nuevo”.

Cualquier cosa que podía encontrar como trabajo, lo tomó: lavar platos en restaurantes o limpiar autos en talleres.

“No eran malos empleos… pero, por ejemplo, tuve un trabajo como empaquetador de carne en un matadero, yo que nunca había visto sacrificar a un animal”.

En 2012, su esposa vio el anuncio de una oferta de empleo para una persona físicamente apta y que quisiera hacer su propio dinero. Lal se interesó y terminó siendo, de nuevo, taxista sobre tres ruedas, pero de un moderno vehículo eléctrico, de formas aerodinámicas, con un cómodo asiento detrás, para los clientes, protegidos por una cabina de un ligero material en polietileno, y un motor de 48 voltios, cuya energía la recibe de una batería de iones de litio (Li-lon).

La compañía propietaria de los pedalotaxis vende espacios publicitarios en ellos. Sus choferes conservan el dinero ganado, luego de deducir la suma de la renta diaria del vehículo. Lal comenzó a hacer tanto dinero que la misma empresa le ofreció un contrato de trabajo estable. Pero en lugar de que mejorará la relación entre ellos, Lal fue despedido.

“Compré un velotaxi en Alemania, pero no podía usarlo por los obstáculos que impusieron mis expatrones, que querían preservar su monopolio”.

“Le gusto a la gente”

Lal se vio forzado a vender su triciclo, a un precio menor de lo que lo adquirió. Pero no se dio por vencido. Pidió un préstamo financiero a sus amigos para comprar otro taxipedalo que ya tenía el registro necesario para poder usarlo en Suiza. Pero el dinero que reunió no alcanzaba para adquirirlo. Así que no se quedó de brazos cruzados, gracias a una empresa de financiamiento participativo (micromecenazgo)  reunió 6 300 francos y compró su taximóvil.

Hoy tiene un ingreso decente con su negocio sobre ruedas como taxista y con su empleo en un restaurante para hacer las entregas de platillos a domicilio. Si bien, su vida profesional no suena muy glamorosa, Lal se ha vuelto una pequeña celebridad en Berna, sobre todo, luego de haber sido objeto de varios artículos en la prensa local. Desde los comercios y restaurantes en las calles de la ciudad, todo el mundo lo saluda a su paso con su supertaxi.

“No soy un héroe, pero le gusto a la gente y eso me hace sentirme bien aquí”.

Obtuvo el pasaporte suizo y ahora es papá de dos pequeñas, de cinco y siete años.

La mayoría de sus clientes son suizos, pero pasea también a turistas indios, especialmente a parejas que están en plena luna de miel.

“Comienzan contratándome por una hora de paseo, pero muchas veces terminan haciendo un recorrido de 4 horas”.

El simpático taxista no siempre es tratado con respeto por los indios. Algunos de ellos lo miran con desprecio, como lo hacen en su tierra cuando suben a un ‘rickshaw’ indio.

“En Suiza la gente te mira como persona, y todos los trabajos se respetan aquí”, compara.

A pesar del esfuerzo físico para pedalear su ciclomotor y la competencia de su antiguo empleador, Lal no se arrepiente de lo alcanzado.

“Comencé de cero y ahora soy un hombre feliz, a pesar de las dificultades. Aun cuando sigo siendo un chofer ‘rickshaw’, amo este trabajo a través del que conozco a mucha gente de diversos países”.

Pedalotaxis en Suiza

Empresarios del sector turismo han descubierto las oportunidades que ofrecen los taxis sobre tres ruedas. Las ciudades de Zúrich, Ginebra, Berna, Basilea, Thun y Biel ofrecen estos servicios de recorridos. Algunos de estos trayectos se realizan con audioguías iPod. Para tener una típica experiencia helvética, los turistas pueden saborear una fondue, mientras pasean.

La mayoría de los pedalotaxis son importados de Alemania y tienen que recibir una autorización suiza para circular. Los triciclos con motores eléctricos son considerados como motocicletas y no pueden ser conducidos en caminos peatonales o en calles de un solo sentido. Los vehículos deben estar asegurados en caso de accidente y los choferes también requieren de una autorización para ocupar una plaza en estacionamientos especiales.

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Adaptación: Patricia Islas, swissinfo.ch

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