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Debate en Berlín


¿Qué impacto en Suiza de ley alemana sobre suicidio asistido?




Erika Preisig vive a unos diez minutos a pie de la frontera alemana. Pero a partir del próximo año podría verse impedida de cruzarla. La doctora trabaja para Lifecircle, una de las asociaciones suizas de asistencia al suicidio con riesgo de ser afectadas por los proyectos de ley que debatirá el mes próximo el país vecino.

Suiza es el único país que asiste a personas que quieren poner fin a sus días y no residen en su territorio. El mayor número de extranjeros que viene a Suiza con ese propósito procede de Alemania y Reino Unido.

Ambos países analizan este año su propia legislación en la materia. En septiembre, el Parlamento británico rechazó la legalización del procedimiento para enfermos terminales. Alemania estudia cuatro proyectos de ley, y parece que los políticos aprobarán una estricta legislación que penaliza a cualquier asociación que ayude a morir a ciudadanos alemanes, dentro y fuera del país.

Alemania debate

Cuatro proyectos de ley serán analizados por el Parlamento alemán en noviembre.

El primero, de Michael Brand, de la UDC, y de Kerstin Griese, socialdemócrata, cuenta con el respaldo de la canciller Angela Merkel. Establece la ilegalidad para todo aquel que ofrezca asistencia en caso de suicidio contra remuneración.

Renate Künast de los Verdes y Petra Sitte de La Izquierda, presentaron un proyecto que elimina los obstáculos legales para el suicidio asistido y otorga el derecho a morir a cualquier adulto responsable, en comunicación con su médico. Asociaciones como Dignitas podrían operar en Alemania.

El proyecto de Patrick Sensburg, de la Democracia Cristiana, establece la prohibición total del suicidio asistido.

Un cuarto proyecto, del vicepresidente del Parlamento, Peter Hintze y la socialdemócrata Carola Reimann, permite recurrir al suicidio asistido en ciertas condiciones, incluida una “enfermedad incurable”.

(Fuente: Der Spiegel, Deutsches Referenzzentrum für Ethik in den  Biowissenschaften)

Asociaciones suizas siguen con atención el debate a sabiendas de que tendrá un impacto en los servicios que prestan.

Preisig ayudó a 13 alemanes y a tres británicos a morir en 2014. De hablar suave y largo pelo trenzado, la doctora se emociona cuando habla de su primer encuentro con el suicidio asistido. Dos ataques dejaron a su padre incapaz de hablar o leer; intentó suicidarse con pastillas, pero fracasó. Cuando dijo que lo intentaría de nuevo arrojándose a las vías del tren, ella se resolvió a buscar alternativas.

La asociación suiza Dignitas, para el suicidio asistido, lo aceptó. “Cuando alguien muere bajo cuidados paliativos, a menudo no está consciente de los últimos días de su vida. Pero con la muerte asistida, mi padre estaba sentado a mi lado. Decidió: “Quiero morir ahora” y puso su cabeza en mi hombro y se quedó dormido”, narra. 

Fue un punto de inflexión para ella que comenzó a trabajar para Dignitas. Unos años más tarde creó sus asociaciones gemelas, Lifecircle, dedicada a los cuidados paliativos, y Espíritu Eterno, al suicidio asistido.

Ambos enfoques son importantes, dice. Sobre todo en una cultura en la que los ancianos son a menudo llevados a instituciones porque sus familias no saben cómo cuidarlos.

“En el hogar de ancianos no tienen nada más que hacer que sentarse y esperar la próxima comida. Y esperar a morir. Tenemos que asegurarnos de que las personas no quieran morir porque se sientan solos, que son una carga, y que ya no producen nada. Tenemos que encontrar otras posibilidades de mantener a nuestras personas mayores en vida”.

Aquellos que recurren a sus servicios, primero tienen que convertirse en miembros y escribir una carta explicando por qué quieren morir. Una vez que presentan los informes de sus doctores son invitados a las evaluaciones realizadas por dos médicos y el comité de la asociación.

Si es aprobada, la operación tiene lugar en un apartamento en Basilea. Un estudio moderno con mobiliario de colores vivos y paredes de madera en el que las personas ingieren 15 gramos de pentobarbital de sodio.

Erika Preisig escogió la madera y colores vivos para la decoración del departamento de Lifecircle en Basilea. (Lifecircle)

Erika Preisig escogió la madera y colores vivos para la decoración del departamento de Lifecircle en Basilea.


(Lifecircle)

Tienen que tomar la droga por sí mismos. “Uno se sumerge en un sueño profundo, anestésico. Treinta segundos después de abrir la válvula, se queda dormido, y en cuatro minutos cae en insuficiencia cardíaca. Su corazón deja de latir. Se muere muy, muy fácilmente”, detalla Preisig.

“Me preguntan una y otra vez si actúo como Dios al decir tienes permitido morir, no tienes permitido morir. No soy yo quien decide. Yo solamente tengo que asegurarme de que las personas lo han pensado suficientemente”.

El suicidio asistido es posible en Suiza desde la década de 1940. Pero, ¿por qué Suiza ayuda a gente de otros países?

“Mientras no puedan recibir ayuda para morir en sus propios países, Suiza debería acogerlos”, afirma la galena. “Pero también debemos tratar de ayudar con la legalización de la muerte asistida. Creo que Suiza debe realizar convenciones, entrevistas, todo para mostrar ejemplos de por qué la gente quiere morir y por qué debe aceptarse su voluntad. Convertirse en líder en ese campo”.

Plan B

El suicidio y el suicidio asistido no han sido castigados en Alemania desde el siglo XVIII. De los cuatro proyectos de ley en discusión por el Parlamento (ver cuadro sinóptico) la canciller Angela Merkel respalda uno que establece controles estrictos. Está dirigido a las asociaciones que ofrecen servicios de asistencia e incluye una pena de tres años de cárcel para cualquier persona que ofrezca o medie en un suicidio “en términos comerciales”.

Sus artífices argumentan que es hora de legislar para prevenir que el suicidio asistido “organizado” se convierta en un “negocio”. Solamente se permitiría en “casos individuales” de personas que presten asistencia por “motivos altruistas”.

La ley pondría fin a organizaciones como Sterbehilfe Deutschland. Creada bajo el modelo de la organización suiza Exit, la entidad acompaña suicidios en Alemania y tiene una oficina en Zúrich, donde efectúa el papeleo y recluta voluntarios suizos.

Fundada hace casi seis años por Roger Kusch, un expolítico de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) conocido como ‘Doctor Muerte’, Sterbehilfe Deutschland reconoce que tendrán que “hacer una pausa” si el proyecto es aprobado. Su Plan B será operar únicamente desde Suiza, si la ley lo permite.

“En Suiza, el derecho a la libertad es el principio más alto del Estado”, subraya Kusch a swissinfo.ch. “Ahora, se ha llegado tan lejos que al final de su vida los alemanes no pueden decidir por sí mismos si quieren gozar de ese derecho. Tal situación sería impensable en Suiza”.

Kusch anunció que presentará un recurso de inconstitucionalidad en caso de que esa ley sea probada.

Renate Künast, al frente del comité parlamentario de protección al consumidor, es coautor de un proyecto de ley para evitar que el suicidio asistido sea castigado.

“Mi temor es que el proyecto de ley que pretende penalizar a casi todos los suicidios asistidos tenga éxito. ¿Cuál sería el resultado? Más turismo de la muerte a Suiza. Que las personas traten de suicidarse de maneras inapropiadas que generen muchos y muy diferentes problemas”.

Repercusiones en Suiza

Incluso Exit, que no ofrece el suicidio asistido a personas que no residan en Suiza, sigue con atención los acontecimientos en Alemania.

Su director gerente, Bernhard Sutter, indicó a swissinfo.ch que “lo más probable es que van a prohibirlo. Y la pregunta es qué va a pasar en Suiza después, ya que hay muchos pacientes alemanes vienen aquí a buscar ayuda. ¿Pueden los suizos mantener la ayuda? Tenemos miembros suizos que viven en Alemania. ¿Podremos seguir enviándoles nuestro boletín de noticias?”

Dignitas, la principal asociación suiza en aceptar extranjeros, dice que el proyecto de ley muestra que sus partidarios están “fuera de contacto” con el pueblo alemán. Rechaza hacer comentarios sobre los eventuales resultados del debate. Pero en un correo electrónico, Silvan Luley, de la asociación, puntualizó que “el objetivo de Dignitas no es que la gente de todo el mundo viaje a Suiza, sino que otros países adapten su ordenamiento jurídico para implementar soluciones sobre el final de la vida de manera que los ciudadanos tengan una opción real y no necesiten convertirse en “turistas del suicido”.

Preisig dice que incluso si en Alemania entra en vigor una estricta legislación, seguirá ayudando a los alemanes.

“Si llamo a alguien en Alemania o ayudo a alguien a venir a Suiza, no podré ir nunca más a Alemania. Pero creo que por razones éticas no sería capaz de rechazar a las personas alemanas. No entiendo por qué debería ser castigado aquel que ayude a una persona a morir decentemente”.

En Alemania, el proyecto de ley que parece ubicarse en la delantera ha recibido el impulso de lobbies éticos y religiosos, incluida la Unión Demócrata Cristiana de Merkel. El Consejo de la Iglesia Evangélica de Alemania asienta que las personas no deben tener “opciones” para matarse en ningún momento y que hay “mejores alternativas” en instituciones o bajo cuidados paliativos.

Preisig cree que los alemanes seguirán llegando a Suiza para morir, y que sus familias seguirán ayudándolos, a pesar del temor a ser procesados.

“Hay una misma ley en Inglaterra, Francia, Italia, que prevé hasta 14 años de prisión para quien preste asistencia en casos de suicidio. Y de todas maneras vienen”.  

Preisig ocupó los titulares británicos el verano pasado cuando la enfermera británica Gill Faraón decidió venir a morir en Suiza para evitar su declive.

Cuando el parlamento británico rechazó en septiembre modificar la ley sobre el suicidio asistido, Lifecircle registró 25 nuevos miembros. Dignitas recibió un correo electrónico poco después que señalaba “todavía los necesitaremos, así que por favor no cambien”.

Tanto Exit como Dignitas dicen que su objetivo a largo plazo es concluir sus operaciones una vez que la gente pueda poner término a su vida en casa y ya no sean necesarios sus servicios.

Mejores leyes

Mientras tanto, con el envejecimiento de la sociedad, cada vez más personas eligen morir mediante el suicidio asistido en Suiza. Razón de más, dicen algunos, para legislar en la materia. En la actualidad, las únicas restricciones para que una persona pueda poner fin a su vida son: que esté en su sano juicio, que tome el medicamento por sí mismo y que no sea influenciado por nadie.

El presidente de la asociación médica suiza, Jürg Schulp, ha dicho que es necesario un nuevo debate sobre una ley. El otrora fiscal de Zúrich, Andreas Brunner, coincide.

“Al principio teníamos una organización en Suiza, ahora son cinco, por lo que es muy importante contar con normas. No tenemos ninguna ley. Ese es el problema. Hay que elaborar una, pero no en el marco del derecho penal como pretenden hacerlo los alemanes”. 

Exit y Lifecircle están de acuerdo en que se necesita una mejor legislación.

“Exit lo ha dicho desde hace mucho tiempo”, señaló Sutter. “Pero, al parecer, el Gobierno y el Parlamento no quieren legislar sobre ese punto ya que lo ven como una elección privada. Pero para nosotros, como la organización más antigua y que se ha fijado reglas muy estrictas, es importante que haya una legislación”.

En 2011, el Gobierno estudió diversas opciones para regular el suicidio asistido y decidió no buscar cambios legales, sino impulsar los cuidados paliativos y la prevención del suicidio. 


Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

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