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Investigación política ¿Existe una Suiza ‘latina’?

palmeras, el lago al fondo y una bandera suiza

Al sur de los Alpes, Suiza ofrece paisajes casi mediterráneos, como a orillas del Lago Mayor, en el cantón Tesino.

(Keystone)

Los suizos de habla francesa e italiana, la denominada ‘Suiza latina’, son retratados a veces como si constituyeran un bloque político uniforme que se alía contra la población germanoparlante. Nada más lejos de la realidad.

La ‘Suiza latina’ es un término extendido en el país alpino para referirse a la población que habla francés e italiano. Lingüísticamente, las lenguas latinas nada tienen en común con los sonidos guturales de los dialectos suizos alemanes. En el ámbito político, sin embargo, existe un mito que debe ser desmontado, según un reciente estudioEnlace externo del laboratorio de ideas Avenir Suisse. Después de analizar el comportamiento en las urnas de las comunidades germanoparlante, francófona e italófona a lo largo de tres décadas, el ‘think tank’ llega a una conclusión contundente: “La Suiza latina no existe”.

Bloques de votantes diferentes

Según los autores del estudio, las divergencias en los patrones de voto muestran que “hablar un idioma distinto al alemán no es suficiente para establecer una identidad común”. Además, los suizos de habla italiana y francesa suelen tener a menudo posiciones muy distantes en el espectro político. Los investigadores han analizado dos temas de votación cruciales –Europa y la cooperación internacional, así como la identidad y nacionalidad– y han descubierto que los cantones francófonos y de expresión italiana casi siempre tienen posiciones diametralmente opuestas a la media nacional (en la que los suizos germanoparlantes son mayoría).

En temas de política europea, esa brecha va hasta un “espectacular” 30%, siendo el Tesino un cantón que vota sistemáticamente contra un mayor acercamiento a la Unión Europea (UE), mientras que los cantones francófonos son más europeístas que la media de los suizos. En 1992, por ejemplo, más del 70% de los suizos de habla francesa votaron a favor del ingreso en el Espacio Económico Europeo (EEE), mientras que en el Tesino los partidarios de la adhesión eran menos del 40%. Veinte años después, se repite el mismo patrón, pero a la inversa: casi el 70% de los tesineses dijeron sí a la iniciativa contra la inmigración masiva, mientras que solo el 43% de los suizos francófonos votaron a favor.

Las diferencias se observan también en las votaciones que tienen que ver con la identidad. Aunque los datos son menos llamativos, Avenir Suisse destaca que el Tesino es menos partidario de facilitar nacionalidad a la población extranjera, a diferencia de los cantones francófonos, donde la mayoría de ciudadanos están a favor.

El año pasado, cuando los suizos votaron sobre un proceso de nacionalización facilitada para los inmigrantes de tercera generación, la brecha entre las dos regiones fue del 20%. En ese sentido, en temas de asilo, el voto del Tesino es más “restictivo” y el de la Suiza francófona, más “permisivo”.

Más competición que colaboración

¿Por qué persiste entonces en mito de la solidaridad latina? El autor del estudio, Tibère Adler, afirma que una motivación para realizar la investigación fue la elección el año pasado del nuevo miembro del Consejo Federal, el gobierno colegiado de Suiza. Con el fin de garantizar la representación de todas las regiones del país en el Ejecutivo, conformado por siete ministros, los políticos de la Suiza de habla alemana no cuestionaron en ningún momento que correspondía a un “latino” ocupar la vacante. De hecho, el afortunado fue Ignazio Cassis, el primer tesinés en el Gobierno desde 1999.

Sin embargo, no hubo apenas sentido de fraternidad entre los candidatos. Varios políticos de la Suiza francófona compitieron por la vacante, sin la mínima consideración de que le correspondía al Tesino tener a un representante en el Gobierno. Según Adler, esta doble visión de lealtad es habitual y refleja una paradoja: la mayoría de lengua alemana se ve sencillamente como “Suiza”; y para esta mayoría los ciudadanos de habla francesa e italiana son los “otros”. Pero esta percepción no tiene en cuenta los matices que diferencian no solo a los dos idiomas latinos, sino también a las diferentes regiones francófonas de Suiza – que están lejos de ser homogéneas.  

En ello coincide Marco Chiesa, diputado de la Unión Democrática de Centro (UDC). Es originario de Lugano (Tesino) y vicepresidente de Helvetia Latina, un grupo que reivindica una mayor “diversidad lingüística” en la administración federal. Chiesa reconoce que es difícil hablar de que un banquero ginebrino y un agricultor de Vaud (ambas regiones francófonas) tengan una identidad común. En Berna, los políticos francófonos y de habla italiana son minorías que luchan por ser reconocidas y, más que colaborar, tienen a competir por las migajas que deja la mayoría germanófona.

‘Olvidados’ en la capital

Y esa competencia se ha acrecentado en los últimos años, especialmente por parte del Tesino. Tanto Chiesa como Adler hacen hincapié en la queja recurrente de los tesineses de que se sienten “olvidados” por la Berna federal. Es innegable que el Tesino –un cantón que cuenta 350 000 habitantes y geográficamente está aislado al otro lado de los Alpes – está inmerso en un periodo de cambio. Además de una fuga de cerebros, sufre la creciente presión en el mercado laboral de las regiones vecinas de Italia: “El número de trabajadores que viven en un país y trabajan en el otro se ha duplicado”, dice Chiesa). Son factores que explican el auge de un partido derechista, la ‘Lega dei Ticinesi’, que defiende la causa de identitaria.

“Siempre somos los perdedores”, sostiene Chiesa. A su juicio, el Tesino se beneficia menos que otras regiones fronterizas, como Basilea, San Gall o Ginebra, del acuerdo de libre circulación de personas con la UE. ¿Son los tesineses realmente los perdedores o simplemente una minoría que sabe cómo hacerse escuchar?

Conclusión

¿En qué quedamos entonces? ¿Existe o no una ‘Suiza latina’?

“Desde luego”, responde Chiesa, si nos referimos a unas raíces y una cultura comunes, a lenguas similares. Y destacar esos puntos en común a través de una organización, como Helvetia Latina, favorece la “cohesión nacional”, dice.

Ahora bien, en lo que se refiere a la política y el “juego de intereses comunes” que caracteriza la democracia consensual suiza, cada uno lucha por lo suyo. Y Chiesa opina que los suizos de habla alemana sencillamente tienen más que ofrecer. Incluso en el día a día: “Si se le pregunta a un tesinés con quién prefiere trabajar, su respuesta será: con un suizo alemán”.

Suiza tiene cuatro idiomas nacionales: alemán, francés, italiano y romanche. El 63% de la población habla alemán (o un dialecto suizo alemán); el 23% francés; el 8% italiano y menos del 1% romanche. El francés se habla en la parte occidental de Suiza y el italiano en el sur, en el Tesino y en partes del cantón de los Grisones. El romanche se habla únicamente en los Grisones.


Traducción del inglés: Belén Couceiro

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