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Participación ciudadana La Ciudad de México estrena herramientas democráticas



Un grupo de constituyentes muestran la nueva Carta Magna de la Ciudad de México, que incluye temas de participación ciudadana.

Un grupo de constituyentes muestran la nueva Carta Magna de la Ciudad de México, que incluye temas de participación ciudadana.

(Cortesía Asamblea Constituyente de la CDMX)

La Ciudad de México –la cuarta más grande del mundo, según la ONU– promulgó en febrero su primera Carta Magna, que fortalece el derecho de referéndum y plebiscito. Además, introduce herramientas de democracia directa como la iniciativa ciudadana y la revocación de mandato del jefe de Gobierno capitalino. Fortalezas y debilidades de esta nueva ley fundamental.

Aunque cuenta con 21 millones de habitantes, actualmente el gobierno de la Ciudad de MéxicoEnlace externo (CDMX) y sus electores no están en capacidad de elegir a los mandos superiores de sus sistemas de seguridad y justicia. Y tampoco tienen injerencia sobre el ‘techo’ de endeudamiento que asume la capital.

Un panorama que cambiará en 2018, cuando entre en vigor la primera Constitución de la CDMXEnlace externo.

La denominada Asamblea Constituyente –un grupo de 100 mexicanas y mexicanos (algunos afiliados a partidos políticos; otros, ciudadanos comprometidos con el cambio en México)– se dio a la tarea de debatir y votar su contenido hasta llegar a un documento que, según la propia Asamblea “fue la culminación de una transición política de inspiración plural y democrática”.

Este texto supone grandes avances para la CDMX, pero también suscita críticas.

La CDMX estaba rezagada

Avances democráticos en la CDMX

La Constitución de la CDMX dedica sus artículos 25 y 26 a la democracia directa y participativa, respectivamente.

Referéndum: Permite aprobar reformas a la Constitución de la CDMX y otras normas que rigen la ciudad. Requiere el respaldo del 0,4% de los electores (29 000 personas) o dos tercios de los integrantes del congreso local.

Plebiscito: Para consultar a la ciudadanía si avala o rechaza decisiones del gobierno local o las alcaldías. Puede solicitarlo el jefe de Gobierno de la CDMX; el 0,4% de los electores, el equivalente a dos tercios de las alcaldías; o un tercio de los legisladores.

Tanto el referéndum como el plebiscito resultan vinculantes solamente si participa como mínimo un tercio de los votantes (2,3 millones de personas).

Revocación de mandato: los ciudadanos pueden pedir una consulta para determinar si se revoca del cargo a un representante electo de la CDMX. Solo es posible en la segunda mitad de su mandato. Para celebrar la consulta, se requiere el apoyo del 10% de los electores inscritos (700 000 personas). Y para que el resultado sea vinculante, deben participar más de 3 millones de votantes, y el 60% de ellos, como mínimo, deben apoyar la revocación.

Iniciativa ciudadana: Los ciudadanos pueden iniciar leyes, decretos y reformas constitucionales. Deben reunir firmas del 0,13% del censo electoral en la CDMX (poco más de 9 000 personas). No procederán en temas penal, tributario y de derechos humanos.

Fin del recuadro

“Pese a su importancia estratégica, la CDMX estaba en desventaja con respecto a los otros 31 estados que tiene México. Un rezago que era producto del control que el Gobierno federal quería mantener sobre la entidad más poblada y poderosa del país”, explica José Agustín Ortiz Pinchetti, académico y político de izquierda, con cinco décadas de trayectoria en cargos públicos, en la actividad legislativa y la docencia.

Actualmente, Ortiz Pinchetti es el líder de la Red Metropolitana de Amigos, que trabaja en el fortalecimiento de los derechos ciudadanos en la CDMX. Desde su perspectiva, “la Constitución es el remate, y no el punto de partida, de una larga lucha ciudadana. El PRI (Partido Revolucionario Institucional que ocupó la presidencia de México durante siete décadas y hasta el año 2000) se oponía a que la capital obtuviera su autonomía y soberanía total”.

El político reconoce el valor de esta nueva Constitución, pero objeta la configuración del grupo que estuvo a cargo de realizarla. “El texto original fue elaborado por intelectuales y conocedores notables, pero que no fueron elegidos por la gente. De los 100 constituyentes, el 40% simplemente fueron nombrados por el presidente de la República, el actual jefe de Gobierno de la CDMX, la Cámara de Diputados y el Senado. Esta conformación dio demasiado peso a partidos como el PAN (Partido Acción Nacional, derecha) y el PRI (centroderecha), que tienen una baja aceptación en la capital [preponderantemente de izquierda]”.

El 60% restante fue elegido en las urnas por la ciudadanía, pero con una baja participación ciudadana. “Solo el 29% de los electores registrados acudió a elegir a los constituyentes, lo que de alguna suerte desprestigia a la Constitución”, opina Ortiz Pinchetti.

Los logros

El Gobierno federal tiene una visión distinta y considera la Constitución capitalina “un éxito tal y como fue promulgada”, según Miguel Ángel Osorio Chong, ministro mexicano del Interior. A su juicio, la nueva Carta Magna “es el inicio de una nueva era para la Ciudad de México”.

El texto aprobado incluye temas que eran fundamentales para la transición de la CDMX hacia el estado número 32 del país, como la creación de alcaldías, en sustitución de las actuales 16 delegaciones que tiene la ciudad.

También abordó temas que levantan ámpula entre la opinión pública, como la aprobación del uso terapéutico de la marihuana o el reconocimiento del matrimonio entre personas del colectivo LGBTTTI (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, travestis, transexuales e intersexuales).

Asimismo, se consideraron los derechos de las comunidades indígenas de la capital y se introdujeron dos elementos inéditos: la posibilidad de eliminar el fuero a políticos que hagan mal uso de sus funciones, y el derecho de llevar a juicio político a funcionarios que lo ameriten.

Y en materia de democracia directa, los capitalinos podrán participar en la toma de decisiones que atañen a su ciudad y vida cotidiana a través de figuras como el referéndum, el plebiscito y la consulta popular, entre otras.

Lo que faltó

Las cifras confirman la apatía ciudadana de la que habla Ortiz Pinchetti: solo tres de cada capitalinos registrados en las listas electorales acudieron a las urnas a elegir el nombre de los constituyentes que harían realidad su Carta Magna.

Pero hubo otro grupo de ciudadanos que se implicó a fondo y cuya posición es crítica.

“Queríamos, y trabajamos duro para que el texto fuera votado en referéndum por la población antes de ser promulgado, pero no hubo el respaldo necesario entre las autoridades”, dice Jaime Rello, miembro del movimiento Todas y todos somos constituyentes.

En México, la figura de referéndum ya estaba considerada en la ley, pero bajo una fórmula que otorga la potestad al gobierno capitalino de frenar cualquier iniciativa de referéndum lanzada por la población si no conviene a sus intereses.

“El texto de la Constitución debió ser difundido entre la gente y sometido a referéndum para conocer su punto de vista antes de la publicación del mismo [el 5 de febrero]. Este error es grave, ya que no se consideró la opinión de los ciudadanos de a pie”, sostiene Rello, cuya organización aglutina a más de 15 organismos ciudadanos urbanos.

Herramienta sin ‘dientes’

Para Jaime Rello, aunque las figuras del plebiscito y el referéndum están presentes, su alcance aún es limitado. “Pusieron candados a la participación y es difícil lograr que los resultados sean vinculantes. Es una Constitución a la que le faltan ‘dientes’ o los tiene torcidos”, denuncia.

Añade que los mecanismos aún son limitados y los ciudadanos tendrán que seguir luchando para que la democracia participativa sea real. “O nos quedaremos con la ilusión en el papel, pero sin poder real”.

Los pasos por dar ahora son “acrecentar la resistencia ciudadana y un trabajo intenso para influir en las leyes secundarias, con objeto de incluir mecanismos en donde el ciudadano realmente pueda influir”, asegura Daniel Muñiz, también miembro de Todas y todos somos constituyentes.

Y para ello, coinciden Rello y Muñiz, lo urgente es que la gente conozca los contenidos de la Constitución, que se interese y pueda opinar, para posteriormente poder incluir en los contenidos de las leyes secundarias (que deben estar listas para el 2019) para que reflejen sus necesidades e intereses. Este proceso de difusión avanza especialmente a través de redes sociales como Twitter gracias al hashtag #ConstitucionCDMX.

La llamada Asamblea Constituyente de la Ciudad de México (CDMX), conformada por 100 diputadas y diputados, sesionó entre el 15 de septiembre de 2016 y el 31 de enero de 2017 para crear la nueva Carta Magna de la capital mexicana.

La Constitución tiene 71 artículos generales y fue promulgada el pasado 5 de febrero, exactamente 100 años después de la promulgación de la Carta Magna que rige los destinos de México.

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