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Después de ‘Charlie Hebdo’


"La integración no es el antídoto contra la radicalización"




Casi el 80% de los musulmanes que viven en Suiza son originarios de los Balcanes o Turquía, "regiones que conocen un islam moderado y poco politizado", afirma Lorenzo Vidino. (Keystone)

Casi el 80% de los musulmanes que viven en Suiza son originarios de los Balcanes o Turquía, "regiones que conocen un islam moderado y poco politizado", afirma Lorenzo Vidino.

(Keystone)

La radicalización yihadista es más o menos fuerte según el país europeo. Integración, política exterior, origen étnico y, sobre todo, la ausencia de predicadores carismáticos pueden contribuir a contener este fenómeno, como ocurre en Suiza. “Pero ninguno de estos factores es una garantía”, afirma Lorenzo Vidino, experto en terrorismo.

“En la mayoría de los países europeos, el 30% de las personas que parten rumbo a Siria se han convertido al islam”, recuerda Lorenzo Vidino, autor de un estudio sobre la radicalización yihadista publicado en 2013. La integración es indudablemente importante, pero no suficiente para hacer desaparecer el fanatismo.

swissinfo.ch: Tras los atentados de París, el ministro suizo de Defensa Ueli Maurer aseguró que no había motivo para replantearse el dispositivo de seguridad. ¿Una afirmación justificada o debería incrementarse la vigilancia en Suiza?

Lorenzo Vidino: Es una respuesta apropiada. Desde hace meses, los expertos en terrorismo barajaban la hipótesis de un escenario de esta índole. Todos sabían que podía producirse un atentado de estas características. El aparato antiterrorista suizo lleva en alerta desde hace tiempo. Habría sido más embarazoso si el ministro de Defensa hubiera dicho que hay que revisar todo el dispositivo.

Suiza también corre riesgo de ser blanco de un atentado, aunque en mucha menor medida que Francia, Inglaterra o Estados Unidos.

swissinfo.ch: En 2009, los suizos aprobaron la iniciativa que prohíbe construir alminares. Hace algo menos de un año, tres iraquíes sospechosos de planear un atentado fueron detenidos en Suiza. ¿No es demasiado ilusorio afirmar que Suiza no es uno de los principales blancos del terrorismo islámico?

L.V.: Yo haría una distinción entre el aparato de seguridad y la percepción en la sociedad. El primero es consciente de que existen estas dinámicas. En cuanto a los iraquíes, lo que sorprendió a todos es su perfil. No se trataba de jóvenes radicalizados, sino de personas con una trayectoria militar que estaban preparando una operación seria, muy diferente a las que hemos visto en otros países.

En la sociedad prevalece la convicción de que Suiza es una isla de felicidad, pero esta percepción se basa en suposiciones erróneas.

Lorenzo Vidino nació en Milán y es experto en terrorismo islámico y violencia política. Ha colaborado, entre otros, con la RAND Corporation, la Universidad de Harvard y el Center for Security Studies del Politécnico de Zúrich.

Actualmente trabaja en el Instituto para los Estudios de Política Internacional (ISPI) de Milán.

swissinfo.ch: Hablando de crimen organizado, la policía federal ha subrayado varias veces que Suiza sirve de base logística. ¿Podemos decir que también en el caso de los movimientos yihadistas?

L.V.: Yo diría que no, porque se trata de un mundo menos organizado. Hace diez años probablemente era verdad o tal vez lo sea aún en el caso de los grupos más estructurados. Este nuevo tipo de terrorismo, que comprende más que nada a pequeños grupos o personas independientes, no mueve dinero. No estamos ante un terrorismo al estilo del 11 de septiembre. No se necesita mucho dinero para perpetrar un atentado como el de París.

swissinfo.ch: Un argumento recurrente es que los riesgos de radicalización en Suiza son menores que en Francia, porque los musulmanes están mejor integrados. ¿La integración es suficiente para hacer desaparecer el fanatismo?

L.V.: En absoluto. Obviamente, es una cuestión que genera debate. No hay un consenso sobre la relación entre integración y radicalización. Personalmente, formo parte de los que piensan que este vínculo es muy tenue. Basta con analizar los perfiles de los autores de atentados.

Son trayectorias extremadamente heterogéneas. Hay gente marginalizada, pero también gente perfectamente integrada en la sociedad.

swissinfo.ch: ¿Por ejemplo?

L.V.: Suelo recordar siempre el caso de Mohamed Khan, líder de los cuatro autores de los atentados de Londres en 2005, que era considerado un modelo de integración.

En la mayoría de los países europeos, el 30% de quienes parten a Siria se han convertido al islam. Por tanto, no podemos hablar de un problema de integración. Existen tal vez problemas de integración personales, más de índole psicológica que socioeconómica. Hay gente que por un motivo u otro no se encuentra a gusto en la sociedad. Está claro que una persona criada en los suburbios urbanos, en una familia desestructurada y con problemas en la escuela es más propensa a la radicalización. Pero también hay muchos estudiantes universitarios, jóvenes convertidos al islam, chicos de buena familia.

La radicalización es un proceso que, por desgracia, forma parte de nuestra sociedad desde hace mucho tiempo. Si retrocedemos 40 años, vemos que los miembros de grupos como las Brigadas Rojas o la Fracción del Ejército Rojo provenían, en gran parte, de la clase media alta, y su radicalización era solo de tinte ideológico. No porque estuvieran desesperados, sino porque a los veinte años los ideales, el sentido de la aventura, de pandilla, son alicientes importantes.

swissinfo.ch: En su estudio usted destaca que, en comparación con otros países europeos, el fenómeno de la radicalización es “limitado” en Suiza. ¿Por qué?

L.V.: Por cuatro razones, pero ninguna de ellas constituye una garantía absoluta. Una es, precisamente, la integración. Está claro que el proceso de integración es un factor positivo y puede disminuir la posibilidad de radicalización. Ayuda, pero no es el antídoto.

Luego está la política exterior helvética. Suiza no tiene tropas desplegadas en Irak o Afganistán. ¡Pero cuidado! Esto no quiere decir que los tres autores de los atentados en París se radicalizaran a causa de la política exterior francesa.

En tercer lugar está la proveniencia étnica. El 80% de los musulmanes suizos proviene de los Balcanes o Turquía, regiones donde el islam es moderado, poco politizado. Pero esto también es relativo. Al entrevistarme con la comunidad salafita en Suiza pude comprobar que casi todos sus miembros son bosnios, macedonios o kosovares.

Finalmente, la cuarta razón – y, en mi opinión, la más importante – es que en Suiza, probablemente por pura coincidencia, jamás ha habido un núcleo de yihadistas que haya ‘infectado’ capas de la sociedad. En la mayoría de los casos, los autores de atentados provienen de las segundas filas, son discípulos de algún peso pesado del yihadismo occidental. En París, eran los jóvenes del grupo de Djamel Beghal [encarcelado en Francia]. En Suiza nunca ha habido personajes carismáticos como Djamel Beghal o Abu Hamza en Londres, que en diez a veinte años han conseguido reunir un séquito en torno a sí.

swissinfo.ch: Pero, más que en las mezquitas, la radicalización se produce cada vez más en la Red…

L.V.: Sin duda, Internet ayuda, refuerza un mensaje. Pero no es que uno se siente frente al ordenador y se radicalice. Internet multiplica las actividades de la vida diaria. La radicalización se produce a menudo en el seno de pequeños grupos. Tal vez se conocen en la mezquita, empiezan a jugar al fútbol juntos, luego quedan para ir a escuchar a un determinado predicador. Después comienzan a intercambiar enlaces del sermón, de un vídeo, etc. Internet permite una inmersión total en el mundo del yihadismo, pero son raros los casos de radicalización solo a través de la Red.

swissinfo.ch: La pregunta del millón de dólares… ¿Cómo luchar contra esta radicalización?

L.V.: La verdad, no hay mucho que decir, es muy difícil. Hay un aspecto represivo que quizás habría que reforzar un poco en Suiza, obviamente sin minar las libertades civiles.

Se trata de un problema, sobre todo, ideológico. Si detenemos a uno y luego nacen notros dos, es obvio que el problema no desaparecerá.

Se puede buscar una respuesta en el terreno teológico, pero los jóvenes occidentales pueden hacer mucho en este campo. O proponer con algo más de convicción el modelo democrático.

A escala individual, se pueden desarrollar las intervenciones de ‘desradicalización’ que existen en algunos países. Son sistemas en los que la persona es abordada por un individuo considerado idóneo para ‘desradicalizarla’, por ejemplo, un familiar o un imán. Estas soluciones a veces funcionan, otras no.


Traducción del italiano: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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