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Diario de viaje por Corea del Norte


Por Alain Arnaud, de regreso de Pyongyang


La desnutrición azota a un cuarto de la población en Corea del Norte. ()

La desnutrición azota a un cuarto de la población en Corea del Norte.

Cuatro periodistas acompañaron a una delegación diplomática helvética que viajó en noviembre a uno de los países más inaccesibles del mundo. Los norcoreanos ya no mueren de hambre, pero cuatro millones de ellos padecen desnutrición. Suiza quiere ayudarles.

“Consiguieron salir de su país. No entiendo por qué quieren volver”, me confiesa un turista occidental cuando embarcamos en el vuelo Pekín-Pyongyang. Se refiere a un grupo de norcoreanos que viaja con nosotros, con un pin rojo en el ojal de la chaqueta. Son los primeros indicios del culto a la personalidad que profesan al ‘gran líder’ Kim Il-sung, el denominado el ‘Sol eterno de la humanidad’.

En este lunes de noviembre, la mitad de los pasajeros son occidentales, sobre todo diplomáticos y cooperantes. Algunos han pasado el fin de semana en Pekín para cambiar de aires.

Compromisos políticos de Suiza

Berna y Pyongyang entablaron relaciones diplomáticas en 1974.

Desde 1953, Suiza participa en la Comisión de Naciones Neutrales para la Vigilancia y Cumplimiento del Armisticio (NNSC), cerca de la línea de demarcación entre las dos Coreas.

La misión militar suiza –la más antigua en el extranjero – cuenta hoy con 5 oficiales no armados (inicialmente fueron 146).

Además, Suiza y Corea del Norte sostienen desde 2003 un diálogo político a alto nivel;  se celebra una vez al año y de forma alternada en Berna y Pyongyang.

El embajador suizo en China, Mongolia y Corea del Norte es parte de la comitiva. Blaise Godet reside en Pekín y suele viajar regularmente a Pyongyang para sostener conversaciones diplomáticas y visitar a los cinco ciudadanos helvéticos que viven en este país, con 24 millones de población.

Un inmenso retrato de Kim Il-sung nos da la bienvenida en el aeropuerto de la capital norcoreana. Durante todo el viaje, los carteles de propaganda serán el único toque de color que percibiremos en este ambiente gris, a excepción del maquillaje de las jóvenes norcoreanas, coquetas a pesar de todo, y el uniforme azul de la policía de tráfico.

Aislados del mundo

La sala de llegadas es bastante acogedora. Los agentes aduaneros no parecen percatarse de las dos interrupciones de corriente y cumplen sin demora todas las formalidades. Dejamos los teléfonos móviles apagados, dispuestos a pasar cinco días desligados del mundo, sin acceso a Internet, sin prensa extranjera. Más tarde nos reunimos con nuestro guía y traductor, encargado de velar por nosotros y de vigilarnos.

La ciudad apenas está iluminada; solamente los monumentos en honor al líder nacional resplandecen en la oscuridad de la noche. Las restricciones de luz afectan a barrios enteros. Nos imaginamos a la gente en torno a la lumbre de una vela en los inmuebles cuyo estilo arquitectónico nos recuerda la Alemania Oriental.

Por las calles circulan viejos jeep soviéticos, del tipo Lada, tranvías de la República Democrática Alemana (RDA) y algún coche moderno. “Son muchos más que antes. Hay una evolución”, anota el embajador Godet. También abundan los ciclistas, pero exclusivamente hombres. El gobierno prohíbe a las mujeres montar en bicicleta. “Andan en la luna… provocarían accidentes”, comenta nuestro guía, con una sonrisa de oreja a oreja.

Ningún amigo norcoreano

La velada prosigue en un restaurante. El embajador resume las novedades del mundo ‘libre’, mientras los expatriados helvéticos hablan de su día a día en Corea del Norte. Todos -sin excepción- reconocen que no saben prácticamente nada de la vida de los norcoreanos, cómo transcurren sus jornadas, cuánto ganan o qué piensan. No parece fácil entablar amistad con un norcoreano.

Nos hospedamos en un hotel gigantesco en la periferia de la capital. Es imposible salir para dar una vuelta por el centro. En el interior encontramos algún pasatiempo: una boutique con relojes y navajas suizas y un casino, donde los clientes –sobre todo chinos– despilfarran millones. Por muy colectivista que sea, el régimen del gran líder tolera algunos excesos.

Cooperación suiza

Desde 1997, la Agencia Suiza de Cooperación al Desarrollo (COSUDE) dispone de una oficina de coordinación en Pyongyang.

Está ubicada en un complejo que alquila a Hungría (nunca abrió la embajada que tenía prevista) y en ella trabajan 3 suizos y 5 norcoreanos.

Para este 2011 dispone de un presupuesto de 7,7 millones de francos.

A partir del próximo año se concentrará exclusivamente en la ayuda humanitaria, después de que el Parlamento suizo decidiera en 2008 cerrar el programa especial de COSUDE.

Durante los siguientes días visitamos proyectos de la cooperación y de la ayuda humanitaria suizas, zonas desmilitarizadas, el parque industrial de Kaesong. “Podemos salir de Pyongyang, pero hay que presentar una solicitud con al menos una semana de antelación”, explica Francesco Rezzonico, encargado de los programas de apoyo a la agricultura de la agencia de cooperación suiza.

Ayuda suiza

Suiza tiene varios proyectos en el país y aporta cientos de toneladas de leche en polvo al Programa Alimentario Mundial (PAM). La desnutrición, según la directora regional del PAM, Claudia von Roehl, azota a uno de cuatro norcoreanos, especialmente a las mujeres embarazadas y niños.

Nos planteamos el eterno dilema: ¿Con su ayuda a Corea del Norte, Suiza no contribuye a consolidar en el poder al régimen? La respuesta de Blaise Godet es inequívoca: “No hay que politizar la ayuda humanitaria que, por definición, debe ser ajena a la política”. El diplomático reconoce, no obstante, que “los medios de control no son muchos, pero existen”.

Nuestro viaje llega a su fin. Antes de partir, un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores nos suelta un discurso en el que nos incita a ser dignos de nuestra profesión. Del contenido de nuestros artículos dependerá la obtención de un nuevo visado para Corea del Norte. Por ejemplo para el próximo año. Y es que el 15 de abril se conmemora el centenario del nacimiento de Kim Il-sung. De aquí a esa fecha, el país se ha comprometido a convertirse en una “nación fuerte y próspera”. La cita está concertada.


(Traducción: Belén Couceiro), swissinfo.ch



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