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Diplomacia en acción La suiza que busca llevar la paz a Myanmar

Christine Schraner Burgener arrives in Rakhine by helicopter

Christine Schraner Burgener, enviada especial de la ONU para Myanmar, ocupa este puesto desde junio.

(Keystone)

¿Cómo ayudar a un país del que casi un millón de personas han huido, donde el gobierno civil no tiene ningún control sobre el ejército y donde los generales han sido acusados de genocidio por la ONU? La diplomática suiza Christine Schraner Burgener explica su nueva misión en Myanmar.

La cita es en el Einstein Café bajo las típicas arcadas del casco antiguo de Berna. El clima es gris y frío y nuestra interlocutora resiente la drástica caída de la temperatura luego de una serie de viajes que hizo el mes pasado. En abril, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterrez, la nombró enviada especial para Myanmar, y desde entonces esta mujer de 55 años ha estado de viaje prácticamente todo el tiempo.

Christine Schraner Burgener es considerada una pionera en el campo de la política exterior suiza. Fue la primera mujer en ocupar el cargo de embajadora: en Alemania.

Junto con su esposo, fue también la primera en desarrollar ese cargo de manera compartida: Trabajó como embajadora en Tailandia, mientras su marido estaba a cargo de Laos, Camboya y Myanmar. La pareja tenía su base en Bangkok, donde compartían salario y cuidaban de sus dos hijos.

Ahora que los muchachos crecieron -la hija tiene 22 años y el hijo 19-, la mujer se siente preparada para la tarea de enviada especial de las Naciones Unidas a Myanmar. ¿Es este el mayor reto de tu carrera?

Su nombramiento se produjo tras una ofensiva militar contra la minoría musulmana rohinyá en agosto de 2017. En el estado de Rakáin, las fuerzas gubernamentales respondieron a los ataques contra puestos de policía por parte de combatientes rohinyás. Según informes de la ONU, el ejército ha destruido sistemáticamente aldeas enteras recurriendo a ejecuciones masivas y violaciones.

Unos 700 000 rohinyás huyeron a la vecina Bangladés, donde viven en campamentos de refugiados superpoblados. Un reciente infomre de la ONU Enlace externo

señala que el jefe del ejército del país y otros cinco altos mandos deberían ser procesados por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.

El mandato de Schraner Burgener es amplio, nos dice. Incluye la situación en Rakáin, el retorno de los refugiados, la promoción de la democracia y los derechos humanos, y el proceso de paz en general.  En Myanmar (Birmania), hay otros estados, además de Rakáin, con conflictos étnicos de larga data.

Pero su prioridad, dice, son los cerca de un millón de rohinyás que se encuentran en los campos de refugiados y que necesitan “una solución inmediata”. Afirma que debe permitírseles regresar voluntariamente, con seguridad y respeto por sus derechos humanos, pero reconoce que cambiar las actitudes racistas hacia ellos en Myanmar podría llevar generaciones.

Mientras tanto, trata de “construir puentes”. Como facilitadora tiene que hablar con todo el mundo, incluido el ejército, explica. No cree en la “diplomacia del megáfono” ni en cerrar puertas. 

Desde el inicio de su mandato se encuentra de manera casi regular con representantes del ejército y de los grupos armados, y con la responsable del Gobierno, Aung San Suu Kyi. La imagen de la ganadora del Premio Nobel de la Paz e icono de la libertad se ha deteriorado mucho debido a su silencio tras la brutal acción del ejército contra los rohinyás.

Sin embargo, Schraner Burgener opina que Suu Kyi todavía tiene un papel importante que desempeñar. “Estuvo 15 años bajo arresto domiciliario. No creo que esa persona haya dejado de luchar por la democracia, pero su situación es realmente difícil: está atrapada entre el ejército y las expectativas de la comunidad internacional. “Personalmente, creo que tenemos que apoyarla”. Está claro que a muchos ha decepcionado el hecho de que no fuera lo suficientemente fuerte como para decir que lo que pasó es inaceptable. Pero también hay que ver que tiene que trabajar con el ejército, porque esa institución también tiene derecho a vetar cualquier enmienda constitucional”.

Schraner Burgener ha estado en Rakaín y en los campos de refugiados destinados a los rohinyás en Bangladés. Para ella, lo ocurrido en Rakáin es “realmente, realmente terrible” y se necesita “responsabilidad y diálogo inclusivo”. Cuando se le pregunta qué forma debe adoptar la rendición de cuentas, dice que “la determinación de los hechos es el primer paso y luego los tribunales tienen que decidir”. Lo importante es que haya una investigación creíble y transparente, subraya.


“El gobierno de Myanmar estaba en contra del mandato, pero cuando se reunieron conmigo la primera vez, lo primero que dijeron fue: ‘la aceptamos porque es suiza’”

Fin de la cita

Myanmar ha impedido que la relatora especial de la ONU sobre Myanmar, Yangee Lee Enlace externode Corea del Sur, visite el país. Pero Schraner Burgener dice que, en su caso, todas sus solicitudes de viaje dentro del país han sido aceptadas. Como facilitadora, ¿le ayuda ser suiza? Aquí está su respuesta:

Schraner Burgener cree que para tener éxito como mediadora se necesita conocer la “mentalidad y la cultura” del lugar donde uno se encuentra. Para los asiáticos, por ejemplo, el hecho de ser directo poder ser una señal de arrogancia.

“Sinceramente, a puertas cerradas soy muy crítica con el Gobierno de Myanmar, pero nunca haré la diplomacia del megáfono, en mi posición esto no daría resultados. Al contrario, simplemente cerrarían las puertas”.

Para avanzar en su tarea, afirma que necesita convencer a la comunidad internacional de su estrategia de neutralidad.

Sin embargo, a veces se siente como un “saco de arena”, incluso con los Estados miembros de la ONU. Ella viaja constantemente y ve a su familia en Berna unos cuatro días al mes. Ha visto y escuchado algunas cosas terribles. ¿Cómo gestionar esa situación?:

Schraner Burgener quiere ver resultados. “Aunque tengo mucha paciencia, también necesito ver acciones. Si no veo las suficientes en un cierto lapso, entonces [reconsideraré] mi mandato, eso está claro.  A veces la gente piensa que soy demasiado optimista o demasiado paciente, pero también tengo mis principios”.

 

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