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"La sociedad necesita denunciantes"

Rudolf Elmer cuando aún vivía en las Islas Mauricio-

(Elmer Consulting)

Rudolf Elmer, uno de los informantes de Wikileaks, habla a swissinfo.ch sobre esa plataforma en Internet y acerca del papel de la misma en un “un mundo manipulado por los medios de comunicación”.

Elmer, de 55 años de edad, dirigió durante ocho años las operaciones del banco privado Julius Bär en el Caribe, hasta ser despedido en el 2002. Luego se fue a las Islas Mauricio, desde donde empezó a enviar a las autoridades fiscales del mundo lo que él denomina secretos de su ex empleador.

Wikileaks terminó publicando documentos que exponen supuestas actividades irregulares de los clientes de Julius Bär en las Islas Caimán.

Julius Bär declinó comentar al respecto.

swissinfo.ch: ¿Cómo se contactó con Wikileaks?

R.E.: Establecimos contacto mediante un programa informático (software) codificado y yo recibí instrucciones de cómo debía actuar. Mi queja ante la Corte Europea de Justicia y mi carta de denuncia fueron traducidas al inglés por los abogados y Julian Assange (editor responsable) de Wikileaks.

swissinfo.ch: ¿Se reunió usted con Julian Assange?

R.E.: No quiero comentar al respecto, porque se supone que la forma en que trabaja Wikileaks debe mantenerse en secreto, también para protegerlos. Tuve contacto personal con integrantes de Wikileaks.

swissinfo.ch: ¿Controlan ellos todo?

R.E.: Yo puedo hablar únicamente del caso Julius Bär. Lo cierto es que con Julius Bär se han publicado documentos genuinos y falsificados, los últimos probablemente para divulgar desinformación al ver que Julius Bär no logró cerrar Wikileaks. La única forma de poner en duda la credibilidad de Wikileaks era cargando información falsa en la red.

Desgraciadamente este hecho muestra también que Wikileaks no controló los datos profesionalmente. Esta es una debilidad general de Wikileaks. Dicho esto, uno debe cuestionar por principio todas las informaciones, incluso las aparecidas en los medios.

swissinfo.ch: Los soplones de Wikileaks son generalmente anónimos. ¿Por qué fue diferente en el caso suyo?

R.E.: Yo no buscaba anonimidad. Firmé la primera carta de denuncia para poner énfasis en la credibilidad, pero también para expresar mi desobediencia civil. Creo que mi nombre es importante. La gente se puso en contacto conmigo y recibí información adicional sobre los clientes de otros bancos y nuevas informaciones.

De tal modo que ahora puedo mostrar cómo manejan las autoridades jurídicas y fiscales suizas e internacionales los datos, que en la práctica es así: las autoridades suizas no consideraron las informaciones, aunque conciernan abusos en Suiza; por otra parte, las autoridades extranjeras lanzaron con éxito procesos de delitos fiscales retroactivos y recibieron muchos millones de dólares por evasión de impuestos. El asunto aún no ha concluido.

swissinfo.ch: ¿Son importantes o son peligrosos los denunciantes para la democracia?

R.E.: La sociedad actual necesita denunciantes porque, virtualmente, no hay otra forma de detener los abusos. Los grupos de presión (lobby) de la industria financiera son muy poderosos y hacen lo que quieren. Lo mismo pasa con las multinacionales e incluso con los sistemas judiciales. La delación es lo único que puede crear en la opinión pública más consciencia de los abusos.

De otro lado, los soplones también son poderosos y pueden abusar de su posición, y al hacerlo convertirse en un peligro. Con la publicación de los nombres de informadores y de personal militar en Afganistán Wikileaks podría, potencialmente, ocasionar castigo a terceras partes. Estamos hablando de la vida o la muerte de informadores, soldados e incluso civiles. Yo condeno la revelación de esos nombres y espero que Wikileaks abandone tal práctica.

Pienso que también es peligroso cuando una persona –en este caso Julian Assange-, encarna tanto poder y lo emplea para sus fines personales. Espero que devuelva Wikileaks al estado que tenía hace 12 meses: un portal de denuncia que publica regularmente los abusos cometidos en diversas áreas. Eso es lo que necesita la sociedad en este mundo manipulado por los medios de comunicación.

swissinfo.ch: ¿Qué saca de las últimas revelaciones?

R.E.: La confianza entre el pueblo y los Estados ha sido indudablemente muy dañada. Es también cierto que ha surgido una desconfianza increíble hacia Estados Unidos, especialmente entre los diplomáticos. Desde luego rodarán cabezas y muchas tareas importantes quedarán postergadas por mucho tiempo.

Aún no está claro, sin embargo, de qué servirán a la sociedad todas estas revelaciones. Aquí es donde tengo dudas, porque no puede ser que la política mundial sea hecha a la altura de la prensa sensacionalista. Tampoco creo que la mayor parte de la diplomacia mundial vaya a este nivel. Por esta razón estoy convencido de que el daño causado por las últimas revelaciones de Wikileaks sea mayor que el provecho para la sociedad.

También puedo imaginar que se trate de una venganza para responder a la campaña de difamación contra Julian Assange. Espero que Wikileaks no se vaya a pique, porque es el único instrumento reconocido internacionalmente que protege efectivamente la identidad de los denunciantes. Hablamos esencialmente de todos los denunciantes en países oprimidos como China, Corea del Norte, Irán, Irak y otros que necesitan el anonimato para sobrevivir. Por eso es importante que Wikileaks siga existiendo.

Alexander Thoele, swissinfo.ch

Denunciantes suizos

Elmer se suma al grupo de delatores que incluye a Christoph Meili y Bradley Birkenfeld.

Christoph Meili era un guardia de seguridad suizo que en 1997 salvó de la trituradora documentos bancarios de la época del Holocausto en el banco UBS.

Meili, a la sazón empleado de una compañía de seguridad privada, entregó los documentos rescatados a una organización judía. La revelación dio lugar a que las autoridades de Zúrich abran una investigación judicial contra Meili por sospecha de violación del secreto bancario.

Bradley Birkenfeld, un ex banquero privado del UBS que reveló secretos del banco, está encarcelado en Estados Unidos desde el 8 de enero. Cumple una pena de 40 meses de prisión por conspiración a estafa.

Birkenfeld cooperó con EEUU en una investigación sobre los estadounidenses que emplearon cuentas bancarias suizas para evadir impuestos federales.

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Julius Bär vs Rudolf Elmer

En marzo de 2006 Julius Bär retiró su pleito contra la página web denunciante Wikileaks después de que su acción legal contra la organización adquiriera rápidamente el carácter de debate público.

En el mes previo, el banco domiciliado en Zúrich había conseguido cerrar las operaciones de la página web en Estados Unidos. Wikileaks había colocado documentos que exponían presuntas actividades ilegales de los clientes de Julius Bär en las Islas Caimán.

El banco privado afirmó que sus documentos fueron sustraídos y entregados al Portal por su ex empleado Elmer.

A principios de febrero, los abogados dijeron que querían detener lo que describían como “difusión ilegal de datos bancarios robados e información de las cuentas bancarias personales de sus clientes”.

Pero el banco pronto se vio forzado a negar las acusaciones de que pretendía socavar la libertad de expresión. En la moción de desestimación voluntaria -presentada el 5 de marzo de 2008-, Julius Bär no explica por qué debió retirar su queja y reservarse el derecho de reabrirla en el futuro.

Elmer tiene una audiencia judicial en Zúrich, el 19 de enero de 2011.

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Julius Bär

Las raíces de Julius Bär se remontan a 1890, año en el que fue creado el banco precursor Hirschhorn & Grob.

Julius Bär se une al banco en 1896. Cinco años más tarde toma el control pleno y le pone su nombre.

Abrió oficinas en Wall Street en 1940; en Londres en 1982 y en Hong Kong tres años después.

Julius Bär obtuvo una ganancia neta de 473 millones de francos en 2009. El banco emplea a 3.500 personas, 2.750 de las cuales en Suiza.

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Traducción, Juan Espinoza, swissinfo.ch

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