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Agricultura digital Cuando los robots reemplacen a los tractores

 Dron equipado con una cámara sobre un campo de cultivo

Un dron equipado con una cámara miniatura desarrollado por la empresa suiza Gamaya. Su misión es automatizar la vigilancia de los cultivos.

(swissinfo.ch)

Drones, robots de ordeño, vehículos autónomos, captores inteligentes, biovigilancia, intercambio de datos: las nuevas tecnologías están cubriendo, a una velocidad asombrosa, casi todas las áreas de la producción agrícola. En Suiza, el ministro de la Economía aboga por una “revolución digital” radical en el campo. Un proceso que no está exento de riesgos para los campesinos.

Hoy existen dronesEnlace externo que detectan plagas o calculan las necesidades específicas de abono y nutrientes que requiere una labranza a gran escala. Las lechugas cultivadas fuera de la tierra, cuyas raíces son alimentadas por un sistema automatizado que les provee nutrimentos 100% ecológicos, son un buen ejemplo. Uno más es el robot solarEnlace externo habilitado con un aspersor que rocía exclusivamente las malas hierbas en los campos de cultivo, reduciendo drásticamente el uso de pesticidas.

Todo esto no es ciencia ficción, son las nuevas herramientas de la agricultura de precisión que se están tornando indispensables en las granjas suizas que buscan más eficiencia y productividad. Estas espectaculares innovaciones son de origen suizo y constituyen solo la punta del iceberg de una mutación tecnológica y digital que vive la agricultura en el mundo entero.

Tractores autónomos (o casi)

Los vehículos autónomos no son comunes aún en las carreteras suizas, pero los tractores autónomos son cada vez más populares entre los emprendedores agrícolas, según un estudio de Agroscope publicado a principios de 2017. Estos incluyen un sensor GPS y un sistema de automatización de para dirigir el tractor con una gran precisión para que cada año recorra el mismo trayecto durante la recogida de la cosecha. Esto permite aprovechar mejor la tierra, facilita el crecimiento de los cultivos y obtener cosechas más generosas, invirtiendo menos tiempo y optimizando el trabajo de las cosechadoras.

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“La verdadera revolución se centrará en las cosechas y en la gestión de datos agrícolas relacionados con ellas. Y no hablo de un horizonte distante. Esta transformación producirá el próximo año, al menos en el caso de Suiza”, afirma Francis Egger, miembro de la Union Suiza de Agricultores, el grupo paraguas más poderoso del sector agrícola helvético.

Menos papeleo

Cédric RomonEnlace externo se encuentra cómodamente sentado en la cabina climatizada de su cosechadora, que posee además un sofisticado sistema de recopilación, procesamiento y suministro de información que es de gran valía para las explotaciones agrícolas (ver vídeo). Romon, director de una empresa agrícola en la región de Lausana, echa mano de esta tecnología porque tiene claro el valor que esta información tiene para su vida cotidiana: “Puedo conocer de forma precisa el rendimiento que tendrá un cultivo en cada porción del terreno de la propiedad, así como la calidad y el grado de humedad que tendrán los cereales cosechados”.

Otra nada desdeñable ventaja es la drástica reducción que supone en el número de horas consagradas al trabajo de oficina. “Mis colaboradores introducen diversos datos (tiempos dedicados a cada maniobra, superficies y cantidades cosechadas, etc.) directamente desde sus teléfonos inteligentes en un sistema centralizado. Esto nos permite pasar más tiempo en el campo y concentrarnos en la actividad que realmente amamos que es estar en contacto con la naturaliza”, dice Cédric Romon.

Francis Egger alberga la esperanza de que la digitalización agrícola permita a los campesinos reducir la pesada carga administrativa que padecen y que, en sus palabras, “roza el límite de lo soportable”. La mayor aspiración sería que cohabiten en una misma plataforma la información que solicita el sector público (pagos al gobierno y trazabilidad de los animales, etc.) con la privada (información económica y técnica sobre las propias empresas), para que las granjas puedan administrarse mejor gracias a un sistema capaz de integrar en el mismo espacio a todos protagonistas del mundo agrícola, incluido el Estado.

¿Poderío total de las multinacionales?

Pero este proceso evolutivo no está exento de riesgos, advierte Francis Egger. “Aquellos que dispongan de datos agregados (información resumida sobre la recurrencia de un fenómeno que permite, a su vez, predecir el comportamiento de un cultivo) podrán controlar el mercado, provocando una posible integración vertical de la agricultura. Esto es, al final los compradores tendrán la posibilidad de gestionar casi por completo las explotaciones agrícolas, un fenómeno que ya se observa parcialmente en las granjas avícolas. Y debemos evitar a toda costa que el agricultor se vuelva un simple obrero al servicio de organizaciones más grandes”.

“Hay que evitar a toda costa que los agricultores se conviertan en simples obreros al servicio de una organización”

Francis Egger, Unión Suiza de Agricultores 

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También existe el riesgo de que los agricultores dependan cada vez más de los gigantes de la electrónica y de la industria agroalimentaria, que invierten masivamente para mantenerse entre los punteros en la implacable carrera de la agricultura 4.0. Por ejemplo, la multinacional estadounidense John Deere propone a las granjas agrícolas sistemas de administración integrados que incluyen la gestión y el mantenimiento a distancia de las máquinas agrícolas, la planificación de los presupuestos y hasta la optimización de la productividad de los chóferes.

“La Confederación, los cantones y los organismos agrícolas deben actuar rápidamente para evitar que los campesinos se vuelvan rehenes de las multinacionales que ocupan una posición dominante en el mercado”, anota Francis Egger.

Un ministro optimista

Las advertencias de Egger tienen un destinatario: el ministro suizo de Economía y AgriculturaEnlace externo. En marzo pasado, Johann Schneider-Ammann se confirmó como un ferviente admirador de las agrotecnologías durante su visita al Salón de Agricultura de París. "Lo aceptemos o no, la revolución agrícola está en marcha. El campo se renovará gracias a la digitalización y su competitividad se verá reforzada con estos nuevos procesos", declaró entonces a la revista ‘Terre & Nature’.

Defensor de una visión liberal de la agricultura, Johann Schneider-Ammann se rehúsa a fijar reglas estrictas en materia de utilización de datos agrícolas. “Hay que dejar el mayor tiempo y espacio posibles para adquirir experiencia y extraer las primeras enseñanzas”, expresó. Y en la misma entrevista añadió un enérgico exhorto a los agricultores: “¡Sean arriesgados e innovadores, comprométanse con la digitalización!”.

Este discurso optimista y a favor de la tecnología deja reflexionando a Yvan DrozEnlace externo, encargado de la Enseñanza e Investigación en el Instituto de Estudios Superiores Internacionales y de Desarrollo de Ginebra. Droz es coautor del libro ‘Malaise en agriculture’ (Desazón en la agricultura), publicado en 2014, en el que plantea que el mundo “está abriendo una verdadera caja de Pandora sin saber cuáles serán las consecuencias sociales y psicológicas que las nuevas tecnologías agrícolas traerán a los campesinos”.

Tecnología que aísla

La investigación de Yvan Droz contó con la participación de colegas suizos, franceses y canadienses, y evidencia el profundo sentimiento de soledad que existe en el mundo agrícola. “La tecnología es un factor de aislamiento. Los agricultores pasan mucho tiempo escuchando la radio o mirando la televisión, solos, en la cabina de sus tractores autónomos. Esto hace que el contacto con otros agricultores sea cada vez menor”, cita el texto.

Otra consecuencia de la creciente automatización es una pérdida paulatina del lazo que une a los campesinos con su tierra y sus animales. En su estudio, Yvan Droz constata que la introducción de robots de ordeño en los establos afecta el lazo afectivo y emocional que el ganadero tiene con sus vacas.

Además, son tecnologías susceptibles de generar estrés. “Durante la fase de adaptación, el robot está directamente ligado al teléfono inteligente del campesino. Pero cuando hay un problema, el campesino recibirá una llamada del robot para acudir a la sala de ordeño, algo que puede producirse de madrugada. Por ello, la exigencia y rudeza del trabajo físico se transforma en una exigencia de tipo psicológico”, destaca Yvan Droz.

Todo esto tiene lugar en un entorno económico y comercial altamente complejo, que hunde a los agricultores en un profundo y creciente desasosiego.

Considerado como un pionero de la agricultura de precisión en Suiza, Cédric Romon se reconoce dubitativo con respecto a las ventajas y las desventajas aparejadas a la revolución digital que enarbola Johann Schneider-Ammann. “Si no tuviera un interés personal por las nuevas tecnologías, hace ya un largo rato que habría echado el cierre”, dice este empresario agrícola del cantón de Vaud.

Desde su perspectiva, las inversiones necesarias para realizar una agricultura conectada al mundo digital son poco realistas en el contexto actual. “Mis colegas se encuentran bajo una presión económica terrible, muchos se plantean cambiar de oficio. Si de verdad queremos salvar la agricultura suiza, hay temas mucho más importantes y urgentes que la revolución digital”, afirma Cédric Romon.

No, al modelo americano

Si bien las nuevas tecnologías permean cada vez más la vida de los agricultores del mundo, aún están lejos de llegar a todo el campo suizo. En las grandes naciones agrícolas, como Estados Unidos, Brasil o Australia, las ventajas de las máquinas autónomas o semiautónomas, los drones pulverizadores o la gestión automatizada de silos, se observan desde hace mucho tiempo. En Suiza, donde las explotaciones agrícolas son pequeñas y los terrenos, dispares y accidentados, es mucho más difícil poner en marcha el modelo americano.

“En materia de gestión de grandes cultivos, Suiza va detrás de las líneas de desarrollo tecnológico que marcan otros países. En cambio, nuestro país tiene un gran interés por la automatización y la digitalización de procesos en las instalaciones de las empresas agrícolas (como establos o pocilgas),”, dice Francis Egger, de la USP.

Por ejemplo, los robots de ordeño o distribución de forraje tienen cada vez más éxito en Suiza. Y lo mismo sucede con los sensores utilizados para la crianza bovina. La empresa bernesa AnemonEnlace externo ha desarrollado un sensor intravaginal que arroja información sobre la temperatura del cuerpo de una vaca o de un pollo, además de su ubicación geográfica precisa. La detección de la temperatura bovina es un factor vital para la rentabilidad de la cría de ganado lechero.

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 Francis Egger rodeado de hombres

Francis Egger (centro) es uno de los responsables de la Unión Suiza de Agricultores, el poderoso grupo de presión de los campesinos helvéticos.

(Keystone)

Puede contactar al autor a través de Twitter:

@samueljabergEnlace externo


Traducción del francés: Andrea Ornelas

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