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Banco central de Suiza


Un ejemplo en la gestión de las reservas


Por John Plender


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Un bastión: Banco Nacional Suizo. (Keystone)

Un bastión: Banco Nacional Suizo.

(Keystone)

La debilidad del yen, producto de la reciente decisión del banco central de Japón de intensificar su programa de expansión cuantitativa, acrecienta las expectativas de guerras mundiales de divisas con dejos proteccionistas.

Consecuencia de ello, los bancos centrales que debilitan sus monedas para conseguir ventajas competitivas, verán crecer sus reservas denominadas en monedas extranjeras, lo que plantea un gran reto para los administradores de estos activos.

De cara a un mercado de bonos cuya tendencia alcista ha durado más de 30 años, los pagarés del gobierno –que han sido el refugio tradicional de las reservas oficiales hoy lucen excesivamente caros si se los compara con sus estándares históricos. Los bancos centrales detestan exponer sus hojas de balance a los riesgos de mercado. Pero la liquidez de los mercados de renta fija ha disminuido considerablemente, debido a las cada vez más estrictas regulaciones que enfrentan los intermediarios financieros desde la última crisis. Por ello, considerando las hojas de balance en picada que están presentando los creadores de mercado, los bancos centrales se enfrentan a la realidad de que cada vez son más vulnerables a los grandes movimientos de precios previsibles en caso de ‘shocks’.

Ante este dilema, el sector privado cree que los administradores buscarán espontáneamente la diversificación para atender el problema, y esto incluye opciones en el mercado de valores. Una estrategia que para muchos bancos centrales aún suena a herejía. Los institutos centrales han buscado históricamente que la liquidez y la seguridad primen sobre los rendimientos. Pero desde la pasada crisis de la deuda soberana en la eurozona, la seguridad de los teóricamente no riesgosos bonos gubernamentales ha quedado en tela de juicio.

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Así, contra lo que dicta la tradición, son cada vez más los bancos centrales que optan por la diversificación y utilizan instrumentos que hasta ahora consideraban activos de riesgo. El Banco de Japón, por ejemplo, ha adquirido fondos negociados en bolsa (exchange traded funds, en inglés) como parte de su programa de expansión monetaria cuantitativa. Compras que, no obstante, representan un porcentaje muy pequeño de su balance. Y un precedente incluso más interesante corresponde al Banco Nacional Suizo (BNS), que a finales de 2013 destinó el 16% de sus reservas a inversiones en renta variable.

Durante los últimos tres años y medio, el nivel las reservas internacionales de Suiza estuvo determinado en gran medida por el tipo de cambio fijo que anunció el banco central en 2011, para evitar una indeseable apreciación del franco que ponía en jaque la competitividad de la industria. Así, en diciembre pasado, el grueso de las reservas – 477 000 millones de francos suizos (491 000 millones de dólares) – estaba conformado por bonos gubernamentales, pero había también 1 040 toneladas de oro y un portafolio de renta variable integrado por 5 600 acciones individuales. De estas, 1 400 eran de capitalización alta o media, y otras 4 200 eran acciones de pequeña capitalización. Esto convierte al BNS en uno de los principales inversores de renta variable del mundo.

El propósito de esta vasta cartera es preservar el valor real de las reservas en divisas. Y otro objetivo, más especíico aún, es generar ganancias en dichas monedas que permitan compensar la tendencia a apreciarse que ha mostrado el franco suizo a lo largo del tiempo. El fortalecimiento de las reservas facilita también el pago de dividendos a los accionistas del banco, entre los que se cuentan los cantones suizos, los bancos cantonales e inversionistas privados. El BNS realiza también contribuciones directas a la Confederación y a los cantones, pero en 2013 no realizó pagos, debido a las significativas pérdidas que experimentó el banco central por su tenencia de oro. Tras el fracaso de la iniciativa sobre el oro, el banco central mantendrá, no obstante, la libertad de comprar y vender este metal como lo decida.

Los administradores de las reservas de los bancos centrales normalmente se cuidan de desestabilizar los mercados de otros países e incurrir en conflicto de interés, dado que su prioridad fundamental es el manejo de la política monetaria. De ahí que los portafolios de renta variable sean gestionados de forma pasiva y utilizando una combinación de índices. No se invierte en bancos internacionales medianos y grandes, tampoco pueden canalizarse fondos a instituciones financieras no bancarias.

Es digno de atención que el BNS aplique una estricta política de selección que incluye criterios ambientales, sociales y de gobernanza. Desde el año pasado excluyó de sus inversiones de capital a todas las empresas productoras de armas que están prohibidas a escala internacional, que violan los derechos humanos fundamentales de forma masiva o dañan sistemáticamente el medioambiente. Durante más o menos la última década, el resultado de estas inversiones ha sido razonable, aunque no resulte espectacular, y ha generado rendimientos positivos que últimamente se han visto aumentados por el desempñeo del mercado de renta variable.

¿Deberían otros bancos centrales seguir este ejemplo? Me parece que destinar el 16% de las reservas de divisas a la renta variable global provoca apenas inquietud en materia de liquidez. Y controlada de forma cuidadosa, la diversificación tiene sentido. La pregunta interesante aquí es cómo repercutiría una mayor tenencia de inversiones de renta variable de los bancos centrales en los mercados bursátiles. Sospecho que no será suiciente para acicatear un mercado accionario que se ha matenido alcista. Pero para mercados individuales y especialmente para los mercados emergentes, esto podría ciertamente implicar repuntes que podrían rozar incluso las proporcions de una ‘burbuja’.

Copyright The Financial Times Limited 2014


Traducción del inglés: Andrea Ornelas, Financial Times

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