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Colombia y la paz


“¡Queremos el acuerdo ya!”, claman desde Suiza




En Suiza se hacen eco del reclamo que gana las calles de Colombia:  ¡Paz ya! En la gráfica, 'Marcha del Silencio' en Bogotá, el 5 de octubre.  (© John Vizcaino / Reuters)

En Suiza se hacen eco del reclamo que gana las calles de Colombia:  ¡Paz ya! En la gráfica, 'Marcha del Silencio' en Bogotá, el 5 de octubre. 

(© John Vizcaino / Reuters)

Tras una intensa serie de debates con los voceros del NO, que arrojaron más de 500 propuestas en 57 temas para la revisión del acuerdo de paz, el Gobierno y las FARC vuelven a la negociación. Representantes de la sociedad civil de Colombia urgen desde Suiza un acuerdo definitivo.

“Urgimos a las partes a que lleguen con celeridad al acuerdo definitivo. ¡Queremos el acuerdo ya!”, exigió desde Ginebra el Grupo de Académicos y Estudiantes Colombianos en el Exterior, mientras que Ricardo Esquivia, director de ‘Sembrandopaz’, evocó en Berna la carta enviada al Presidente Juan Manuel Santos por un millar de organizaciones civiles en el mismo sentido:

“Señor, nosotros votamos por usted, le dimos un mandato de paz. Cumpla. Necesitamos que respeten los acuerdos, cumpla con eso, usted es el presidente. Su propuesta presidencial era la paz”, rezaba el texto, según explicó a swissinfo.ch el responsable de esa ONG colombiana que promueve la justicia, el desarrollo integral humano sustentable, la paz y la reconciliación.

Junto con Luz Estella Romero, coordinadora del ‘Colectivo de Mujeres al Derecho’ (Asocolemad), Ricardo Esquivia realizó en forma reciente una gira informativa por Zúrich, Lucerna, Friburgo, Berna, Ginebra y Basilea.

“Esperamos que no se toquen los avances logrados”, destacó por su parte la abogada en referencia a uno de los aspectos más relevantes del acuerdo firmado entre las FARC y el Gobierno de Santos el pasado 26 de noviembre y rechazado luego en plebiscito el 2 de octubre: la creación de una subcomisión de género.

‘Semillas de Esperanza’

El Programa suizo para la Promoción de la Paz, ‘Semillas de esperanza’, que reúne a las ONG Caritas, Heks-Eper, Swissaid, Terre des Hommes, Peace Watch, ASK, Comundo, Fastenopper y PBI, y al Gobierno de la Confederación organizó el ciclo de conferencias en las que Esquivia y Romero informaron sobre la situación en su país, en particular, en las zonas más vulnerables.

“Vengo de la zona montañosa de Montes de María, en la Costa Caribe. Es una zona pobre y que ha sido muy golpeada. Se han registrado 56 masacres y muchos de sus habitantes tuvieron que abandonar sus tierras”, explica Ricardo Esquivia a guisa de presentación en Berna. La gente, dijo, se hizo recelosa y ahora es menester recuperar la confianza “porque los gobernantes terminan la guerra, pero las comunidades construyen la paz”.

Y para lograrlo, una de las tareas esenciales, a las que se aboca Sembrandopaz es la reconstitución del tejido social. “Tenemos unas 1800 iniciativas de paz y organizaciones de desarrollo pero tenemos también una gran esterilidad para trabajar juntos. “Buscamos generar espacios comunes para que podamos compartir nuestros sueños y esperanzas”, enfatizó.

La labor de la ONG colombiana se basa en diversos aspectos, desde la generación del diálogo entre las diversas comunidades y entre estas últimas y la iniciativa privada, que se hizo de la tierra de los campesinos desplazados, hasta formas de producción con base en el respeto a la Naturaleza, en “el buen vivir”.

“Todos estamos en el territorio, tenemos que buscar la forma en que todos quepamos”, asentó Esquivia.

Entre las iniciativas de apoyo a las comunidades, incluidos por supuesto, los retornados, se encuentran actividades de orden ético y espiritual, artístico, económico y político. Entre sus objetivos están también la recuperación de la memoria histórica, lograr formas ecológicas de producción y la participación democrática, para lo que han establecido una suerte de “ágoras ciudadanas”.

“No podemos solamente lanzar piedras a las autoridades, sino que debemos  incidir en el cambio” y una vía para lograrlo son esas esas iniciativas de formación y participación ciudadana. “Debemos cambiar la politiquería por política, recuperar el papel de los ciudadanos y mantener la vigilancia, como en Suiza”, subrayó el responsable de Sembrandopaz.

La mujer y la tierra

Luz Estella Romero, procedente igualmente de la región Caribe colombiana,  expuso la difícil situación que enfrentan las mujeres en diversos aspectos y, en particular, en lo que atañe a la posesión de la tierra. Señaló que amén de la violencia de los actores armados (institucionales o no), las mujeres deben hacer frente a una cultura excluyente y discriminatoria.

La entidad que representa, Asocolemad y más de 50 formas organizativas de los departamentos de la región se han unido en una acción colectiva denominada Espacio de Articulación de Organizaciones de Mujeres de la Región Caribe que cuenta con apoyo helvético y que reunió más de un centenar de propuestas presentadas a la mesa de diálogo en La Habana.

“Nuestra experiencia y aporte al proceso de paz ha sido desde la visión de las mujeres del territorio y la tierra. La reconstrucción de la memoria de las mujeres nos ha servido para exigir justicia de género y para la inclusión de un mecanismo de reconocimiento del derecho de las mujeres”, explicó la abogada.

La tenencia de la tierra es una (sino la) piedra angular del conflicto armado en Colombia. El despojo agrario es a la vez origen del levantamiento armado y una de sus más dramáticas consecuencias: seis millones de personas han tenido que abandonar sus hogares, lo que se tradujo en la expoliación de más de 6 millones de hectáreas. Una situación que se hizo aún más grave en el caso de las mujeres.

Aun cuando existan mecanismos legales para el acceso y la restitución de las tierras, la abogada deploró que no haya todavía efectividad del reconocimiento de las mujeres campesinas, afros o indígenas como sujetos plenos de derecho a la tierra y al territorio. Para ilustrar esa situación se refirió al emblemático caso de la Asociación de Mujeres Productoras del Campo.

Doble despojo

El grupo, explicó, fue constituido en la década de los 90 cuando se emitió una ley de acceso a la tierra. Lograron su cometido, pero les entregan unas tierras en el departamento del Magdalena que estaban en conflicto. Se trata de una zona rural cercana al municipio del Retén.

“Las mujeres llegaron padecieron todas las situaciones que otras comunidades: trabajos forzados por parte de los grupos que estaban ahí. Amenazas. Tres lideresas fueron asesinadas”, precisó la abogada. Agregó que del 98 al 2000, cuando inició la ofensiva  paramilitar en la zona, la organización fue señalada como objetivo militar y las mujeres tuvieron que salir de manera forzada.

Y ya en 2004, en desplazamiento, las autoridades territoriales las buscaron para hacerles saber que como no ocuparon sus tierras, perdieron sus derechos sobre ellas. “Es decir, después de haber sufrido maltratos, amenazas y asesinatos, y de haber sido obligadas a desplazarse, el Estado les remitió una resolución en la que les informaba que habían perdido sus tierras por haberlas abandonado”.

En Colombia, precisó la representante social, hay una estrategia generalizada de despojo contra las comunidades rurales. “A esas mujeres no las ubicaron nunca para darles las atenciones humanitarias por el desplazamiento pero sí para entregarles la resolución de que habían perdido las tierras”.

Atacar las causas del conflicto

Para los representantes colombianos, la implementación del acuerdo de paz significará que el Gobierno dé cumplimiento a la deuda que tiene con la sociedad, tanto en el asunto de la distribución equitativa de la tierra, como en otros aspectos de inequidad social que dieron origen al levantamiento armado.

“Para el Gobierno, es importante la paz porque puede ganar inversiones. Para las FARC, porque luego de tantos años de guerra, han comprendido que pueden ganar más políticamente”, precisó Esquivia.

En su opinión, el acuerdo entre las FARC y el Gobierno es condición indispensable para iniciar la construcción de la paz en el país, como es indispensable la participación en el proceso de la sociedad civil, que ha puesto 80% de los ocho millones de víctimas.

Insisten igualmente en la necesidad de recuperar la confianza de los colombianos y consideran que el recelo generalizado contribuyó al triunfo del NO en el plebiscito puesto que la asistencia a las urnas fue escasa. Otro factor que mencionaron fue la manipulación de la campaña del NO que divulgó una serie de falsedades como aquella de la destrucción de las familias con el acuerdo sobre género, o que les iban a suprimir sus pensiones con la indemnización a los guerrilleros.

Con todo, expresaron su esperanza de que la revisión del acuerdo de negociación sea finiquitada antes del 10 de diciembre, cuando el presidente Santos recibirá el Premio Nobel. “No puede llegar por el Nobel de la Paz sin haber logrado la paz”, subrayó Esquivia. “El proceso de paz, añadió”, es irreversible. pero tiene que darse ya”.

Académicos y estudiantes por la paz

Reunidos en Ginebra el pasado 30 de octubre, los miembros del ‘Grupo de Académic@s y Estudiantes Colombian@s en el Exterior’ emitieron una serie de resoluciones en las que “sin dejar de asumir una posición crítica”, manifiestan su firme apoyo a las negociaciones de paz de La Habana y urgen a las partes a llegar a un acuerdo definitivo, de manera expedita.

Se pronuncian también por un proceso pedagógico más amplio e intensivo, entre la sociedad civil colombiana,  sobre la necesidad de llegar a un acuerdo de paz y de su implementación.

Igualmente, se comprometen a participar activamente en los acuerdos de paz y en su proceso de implementación.

El Grupo nació el pasado 30 de octubre en el marco del Foro por la Paz realizado en Ginebra y surgió a iniciativa de los participantes en la mesa de trabajo ‘Jóvenes, investigadores, estudiantes, académicos y la paz’, en la que participaron delegaciones de Suiza, de otros países europeos, Canadá y Colombia.

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