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Desmantelamiento nuclear


El fin de una central atómica en Suiza




La central nuclear de Mühleberg, construida en 1972, quedará fuera de operaciones a partir de 2019. (Keystone)

La central nuclear de Mühleberg, construida en 1972, quedará fuera de operaciones a partir de 2019.

(Keystone)

El próximo 27 de noviembre el pueblo helvético decidirá si deben desactivarse las centrales atómicas del país con más de 45 años en funcionamiento. ¿Pero qué significa desmantelar una planta nuclear? ¿Cuáles son las dificultades? El ejemplo de la central suiza de Mühleberg. 

Para Suiza se trata de una primicia absoluta. El 20 de diciembre de 2019, la central atómica de Mühleberg quedará definitivamente desconectada de la red de productoras de energía nuclear en Suiza. Con ello iniciará un nuevo capítulo en la historia de la energía nuclear en el país alpino: el completo desmantelamiento de una central.

“Se trata del proyecto más vasto de construcción de reactores nucleares en 40 años”, afirma Sabrina Schellenberg, portavoz de la Fuerza Motriz Bernesa (BKW, en sus siglas en alemán), empresa propietaria de la central de Mühleberg. Situada en la comuna homónima del cantón de Berna, a unos quince kilómetros de la capital helvética, el reactor está en servicio desde 1972 y provee el 5% de la electricidad consumida en Suiza. 

“El desafío principal es de naturaleza jurídica y administrativa. Se requiere de mucho trabajo para reunir toda la documentación necesaria, elaborar el proyecto de desactivación y obtener los permisos necesarios. Hay que respetar las condiciones estipuladas y hacer que todas las partes concernidas estén involucradas, desde la población hasta la autoridad federal”, explica Sabrina Schellenberg. El BKW inició este procedimiento en 2013.

El aspecto puramente técnico, por el contrario, no parece ser un problema. “Sabemos cómo desmantelar una central ya que estas operaciones ya se han producido en el extranjero, especialmente en Alemania”, puntualiza la portavoz de la BKW. 

Más de 2 000 millones para cerrar Mühleberg

El desmantelamiento de la central deberá costar un total de 2 100 millones de francos: 800 millones para desactivarla y 1 300 millones para eliminar los desechos radioactivos, según la BKW. La ley suiza estipula que los gestores de la central deben asumir todos los costes.

Si la iniciativa popular del partido de Los Verdes ‘por el abandono nuclear”, que se vota el 27 de noviembre de 2016, obtiene la doble mayoría, del pueblo y los cantones, todas las centrales nucleares de Suiza deben cerrarse en 2029.

Los costos totales ascienden a 20 600 millones de francos, según estimó el gobierno en 2011. Pero los antinucleares contestan esa cifra y calculan que la factura final será cinco veces mayor. 

Y justo de Alemania se ha aprendido que “la seguridad es la prioridad absoluta”. Y por este motivo el desmantelamiento nuclear inicia a escala interna. “La protección que cubre la estructura funge de barrera para evitar toda fuga radioactiva”, agrega, por su parte, Werner Süssdorf, jefe del proyecto de desmantelamiento del reactor experimental MZFR, de Karlsruhe, en el sur de Alemania, de la empresa especializada WAK.

98% de radioactividad, al menos

También en el caso de Mühleberg un alemán dirige el proyecto de desmantelamiento. Stefan Klote, ingeniero de la BKW, dice que la primera fase consiste en la neutralización del combustible nuclear, dicho en otras palabras, de las barras de uranio, altamente radioactivas, de unos 4 metros de largo y 270 kg de peso.

Una vez extraído del corazón del reactor, el combustible se introduce en la piscina de desactivación, donde debe permanecer varios años. “El agua es una barrera eficaz contra la radiación y consiste en enfriar los elementos combustibles”, añade  Stefan Klute. Esta manipulación no representa ninguna excepción. “Es una operación de rutina que practicamos durante las revisiones anuales”.

Alrededor del 2024 que el uranio enfriado será transportado en camiones hacia el depósito intermedio de desechos de Würelingen, en el cantón de Argovia. Entonces, el 98% de la radioactividad ya habrá sido eliminado de Mühleberg y para la población no representará prácticamente ningún riesgo de contaminación, asegura Klute.

Espacios restringidos

Entonces podrá iniciar el desmontaje de toda la estructura en cemento y metal, y del núcleo del reactor. Se trata de la fase más compleja, revela Martin Brandauer, ingeniero del Instituto para la Tecnología de Karlsruhe (KIT), entre los centros de competencia mundial para el desmantelamiento de las centrales atómicas.

“Hace 50 años, al momento de construir una central, nadie había pensado en su desmantelamiento. Las viejas plantas nucleares fueron hechas de modo extremadamente compacto por razones de costes y de seguridad. Esto se tradujo en poco espacio para el desmontaje y la descontaminación”, explica a swissinfo.ch.

Una ayuda en ese sentido llega de la tecnología. “Trabajamos, por ejemplo, con la realidad virtual. Desarrollamos robots para mejorar la eficacia y la seguridad del personal”, indica Martin Brandauer.

El reactor de la central de Mühleberg (1. Tapa de los contenedores de presión; 2. Salida para el vapor; 3. Vapor; 4. Entrada del agua de enfriamiento; 5. Cubierta; 6. Elementos combustibles; 7. Barras de control). (IFSN)

El reactor de la central de Mühleberg (1. Tapa de los contenedores de presión; 2. Salida para el vapor; 3. Vapor; 4. Entrada del agua de enfriamiento; 5. Cubierta; 6. Elementos combustibles; 7. Barras de control).

(IFSN)

Todo debe desaparecer en 15 años

En Mühleberg, contrariamente al ejemplo de lo que se hace en EEUU, se procederá con el empleo de la variante considerada como “veloz”. “Sabemos cómo administrar este tipo de reactores [con agua hirviendo, ndr], así que podremos iniciar directamente con el desmantelamiento. En otras partes se ha preferido cerrar la central por unos 40 a 50 años y esperar a que la radioactividad descienda naturalmente”, añade Stefan Klute.

Las ventajas de la opción rápida son muchas, según los ingenieros de la BKW. “No debemos preguntarnos sobre cómo será el contexto político y económico tras medio siglo, una previsión imposible de hacer. Además, podemos contar con la experiencia de nuestros colaboradores”. Este último punto, subrayado también por Martin Brandauer de KIT: “Siempre es una ventaja disponer de gente que ya conoce la central en todos sus detalles”.

El desmantelamiento de la central de Mühleberg generará cerca de 200 000 toneladas de desechos. La mayor parte del material se descontaminará directamente 'in situ', reciclada o eliminada en depósitos especiales. El proceso interno debe durar 15 años y concluir el 2034, como resume este filme: 

¿Imprevistos a la vuelta de la esquina?

Entonces, ¿todo pasará sin inconvenientes en Mühleberg? Nadie dice, advierten algunas asociaciones ambientalistas, que puedan descartarse todo tipo de imprevistos. La falta de experiencia en Suiza podría hacerse sentir, retiene Greenpeace, al hacer notar que no existe un método de desmantelamiento predefinido. Hoy, los reactores son diversos y las experiencias en Francia y Alemania muestran que siempre puede haber retardos y costos suplementarios, recuerda la ONG.

En cuanto a seguridad, la Fundación Suiza de la Energía, favorable al abandono del átomo en el campo energético, indica que las medidas previstas por BKW parecen buenas. “De cualquier modo seguiremos el proceso con un ojo crítico”, avisa su director, Jürg Buri. Un monitoreo indispensable, también porque la experiencia hecha en Mühleberg será a su vez útil para los administradores de otras centrales en Suiza.

“Es como si construyéramos una línea ferroviaria. No solo somos responsables de nuestro tren, sino colocamos la vía para todo el sector”: Stefan Klute.

¿Hay cerca de usted centrales nucleares en funcionamiento? ¿Le preocupa este hecho? ¡Comente con nosotros!


(Traducción: Patricia Islas), swissinfo.ch

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