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Festival de Locarno


Escenas diarias de un Chiapas desconocido


Por Sergio Ferrari, Locarno


Los protagonistas de 'El Remolino', de Laura Herrero Garvín, no quisieron que el documental se proyectara en la pequeña comunidad homónima en Chiapas.  (pardolive.ch)

Los protagonistas de 'El Remolino', de Laura Herrero Garvín, no quisieron que el documental se proyectara en la pequeña comunidad homónima en Chiapas. 

(pardolive.ch)

Alrededor de 9 500 km separan Locarno de El Remolino, una diminuta comunidad a orillas del Usumacinta en Chiapas que protagoniza el documental homónimo de Laura Herrero Garvín. El filme de la directora española compite en la sección la Semana  de la Crítica.

El motor de mi trabajo, fueron “las ansias de mostrar la cotidianeidad de esa comunidad de algo menos de 150 personas”, explica la realizadora de ‘El Remolino’, Laura Herrero Garvín.

Española de nacimiento y mexicana por su “pasaporte cinematográfico”, la joven cineasta emplea su cámara para dar vida a rostros olvidados: los de los campesinos-pescadores de ese caserío aislado a unas dos horas de la ciudad de Palenque, en una zona donde los recodos del río producen numerosos remolinos.

No exhibe, como podría suponerse, discursos políticos obvios, contenidos ideológicos directos, ni una comunidad movilizada del sureste de México, conocido internacionalmente desde 1994 por el levantamiento zapatista.

La cinta muestra el quehacer cotidiano del padre de una familia numerosa de doce hermanos ya independientes. Pedro, el hijo transexual que a sus 47 años todavía vive en la casa paterna y Esther, su hermana. Madre obstinada, “maestra” consecuente de su pequeña hija, propietaria del pequeño almacén del pueblo y también camarógrafa improvisada de escenas familiares.

“Mi llegada al pueblo motivó a Esther a comprar, con gran esfuerzo, una pequeña cámara digital. Ella sintió la necesidad de documentar la vida de sus seres queridos, vio que era bonito inmortalizarla”, explica Laura Herrero Garvín. La cineasta integra en su documental muchas de esas imágenes que fungen como una segunda mirada interior tan nutriente como cuestionadora.

“Todo lo que hacemos en la vida es político”, afirma la realizadora para explicar la falta de un contenido formalmente cuestionador. Y cita el ejemplo de Pedro, que a los 15 años, sin jamás haber estado en la ciudad ni visto la televisión, sintió que vivía en un cuerpo equivocado y decidió mostrar su diferencia en un acto de resistencia existencial en una comunidad tradicionalmente machista, enfatiza.

A pesar de adentrarse en los confines más íntimos de ese grupo humano, “no se trató de un ejercicio de antropología social. Mi formación es en cine, imagen y sonido e ingeniería de comunicación”, dice. La directora reconoce, sin embargo, su profundo interés y curiosidad en “descubrir nuevas realidades sociales y de existencia”, que constituyeron un motor para lanzarse a este primer largometraje.

Aunque vengo de experiencias muy colectivas, “sentí que necesitaba hablar de sentimientos, de cosas que me reflejaran a mí en la pantalla, no solo lo social, sino lo que está aquí y ahora. Y cuando descubrí El Remolino me di cuenta de que era el lugar donde podía hacerlo”.

Cuatro años de historia

Entre mi primera visita a la comunidad y este estreno internacional han pasado cuatro años”, explica. Un proceso de búsqueda financiera que se saldó, entre otros, con un apoyo significativo del Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad de México y de otras entidades oficiales.

“En ese tiempo hemos realizado visitas constantes. Cuatro viajes de investigación y siete de rodaje. Muchas veces dos personas hicimos todo: cámara, sonido, producción, dirección e incluso la logística”, agrega.

Fue necesario ganar la confianza de los protagonistas y de la gente. Muchos sintieron una gran alegría por “la llegada de lo que asociaban con un equipo de la televisión y sentían una posibilidad de expresar sus principales problemas”. Hubo que explicarles que se trataba de un documental. En cuanto al guión, lo más complicado fue convencer a Pedro para que participara.

Cine mexicano en Locarno

El presidente del jurado del concurso internacional es el realizador mexicano Arturo Ripstein, cuya cinta ‘La calle de la amargura’ se presenta en la sección las películas del jurado.

En la sección ‘Historia del Cine’, se proyectan las producciones mexicanas ‘Y tu mamá también’; 'La montaña sagrada'; 'Santa sangre' y 'Ceiba'.

El director de cine, dramaturgo, actor y guionista franco chileno, Alejandro Jodorowski, recibirá el 12 de agosto el Pardo de Honor. Ese día se proyectará su película ‘Poesía sin fin’ en la emblemática ‘Piazza Grande’ de Locarno. Jodorowski vivió 17 años en México, donde desarrolló una intensa actividad cinematográfica y cultural.

La comunidad no ha visto el filme terminado. Los protagonistas dijeron claramente que se podía mostrar en cualquier lugar del mundo menos en El Remolino con el argumento de “en pueblo pequeño, infierno grande”.

La fuerza del documental

‘El Remolino’ es uno de los siete documentales que animan la Semana de la Crítica de esta 69ª edición del Festival de Locarno.

Creada en 1990 por la Asociación Suiza de la Prensa Cinematográfica, esta sección constituye un espacio dedicado a obras de los distintos continentes y otorga dos premios de un valor conjunto de 10 000 francos suizos. Entre los miembros del jurado este año figura la exministra (socialista) del Interior de Suiza, Ruth Dreifuss.

En esta ocasión, “proponemos un filme suizo rodado en la República Centroafricana, uno holandés que se desarrolla en Túnez o un polaco realizado en Tailandia”, explica Stéphane Gobbo, coordinador de la Semana de la Crítica. Con respecto a ‘El Remolino’, Gobbo reconoce que la comisión encargada de seleccionar las cintas, “después de ver los primeros diez minutos, ya estaba totalmente convencida de que merecía exhibirse aquí en Locarno”.

Dos identidades

“Siento que en mí cohabitan dos casas, la española y la mexicana”, confiesa Laura Herrero Garvín. Sin duda en España es más difícil comenzar a hacer cine, mientras que “México abre muchas posibilidades. Participé en colectivos y me integré a La Sandía Digital, que es ahora el grupo profesional al que pertenezco”, explica.

Por el momento, la directora ve su futuro en el país azteca. Su nuevo proyecto gira en torno a la temática de género: un documental sobre un cabaré en los años 50.

Se trata de una reconstrucción histórica con base en archivos del siglo de oro del cine mexicano, aunque lo esencial del filme  será el presente. La cinta se centra en ‘La Mami’, doña Olga, que después de trabajar 45 años en el mundo de la noche, con su cuerpo ya desgastado, se encarga de cuidar los baños en un centro nocturno.

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