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Islas de calor en la ciudad


Cuando un árbol vale 5 aparatos de aire acondicionado


Por Luigi Jorio, Sion


En Sion, ciudad de más de 30 000 habitantes, la temperatura media aumentó 1°C en veinte años. (Keystone)

En Sion, ciudad de más de 30 000 habitantes, la temperatura media aumentó 1°C en veinte años.

(Keystone)

El aumento de la temperatura estival influye en la vida cotidiana y la salud de aquellos que viven en la ciudad. Para hacer frente a la intensificación del calor, algunos municipios buscan soluciones, como Sion, en el Valais, una de las ciudades que sufre más del calentamiento. 

Los asadores están relucientes. A la sombra de los árboles jóvenes que circundan la plaza, cinco instalaciones en cemento han sido preparadas para que los vecinos de la capital valesana puedan preparar sus tradicionales asados veraniegos.

Estamos en la calle peatonal Roger Bonvin, situada en la intersección de dos barrios en pleno desarrollo, en el este de la ciudad. Una vía que hasta hace apenas unos meses era un interminable sendero de cemento y asfalto, sin sombra. Hoy es símbolo de la transformación citadina. “Primero la gente solo estaba de paso, ahora se queda aquí”, indica el arquitecto paisajista Laurent Essig, responsable del proyecto de transformación del sendero Roger Bonvin

La meta de la intervención arquitectónica va más lejos de la creación de un espacio para convivir. La iniciativa se inscribe en un programa piloto federal para adaptarse al cambio climático, en el que Sion participa en el periodo 2014-2016 con el proyecto AclimataSion. El objetivo: mostrar cómo puede contribuir la planificación del territorio a la adaptación de un clima cada vez más caluroso y seco.

Y en esta óptica, la comuna valesana es un caso particular. “Es la ciudad que registra un mayor calentamiento en Suiza”, explica Lionel Tudisco, del Servicio Urbanístico de Sion. En veinte años, la temperatura media de Sion creció 1°C. Los días con más de 25°C han pasado de un promedio anual de 56 durante el periodo 1960-1980 a los actuales 76. “Tememos incluso las mismas precipitaciones que en Marruecos”, constata Lionel Tudisco.

Islas de calor

Aquellos que viven en una ciudad, una de dos personas en el mundo, lo saben: durante el verano, los centros urbanos se trasforman en hornos. Son considerados como islas de calor, un fenómeno ligado a la densidad de las superficies asfaltadas y edificadas y al calor generado por los vehículos, la industria y las instalaciones de climatización artificial. En la ciudad, la temperatura puede ser 4 o 5 °C mayor que en el campo.

Los más afectados son los habitantes, en particular, los ancianos, pero también la biodiversidad y la circulación del agua pluvial, que no llega a penetrar el terreno. “De allí la necesidad de aumentar la superficie vegetal y modificar el revestimiento del suelo”, afirma Lionel Tudisco. Un árbol, subraya, ofrece la misma frescura que cinco aparatos de aire acondicionado.

Según Martine Rebetez, climatóloga de la Universidad de Neuchâtel y colaboradora del Instituto Suizo de Investigación del Bosque, la Nieve y el Paisaje, la creación de espacios verdes tiene un impacto tangible. “Colocar vegetación en un suelo asfaltado permite reducir la temperatura del aire 5 °C”, explica al periódico ‘Le Matin Dimanche’.

Una ‘sala de estar’ en el estacionamiento

A lo largo del ‘Corso Roger Bonvin’ fueron plantados 700 arces y se establecieron 5 000 m2 de superficie verde. El suelo que se colocó es permeable y también hay una nueva piscina para los niños, a poca distancia de los asadores, lo que contribuye a humidificar el aire, creando un microclima favorable. Por ahora, a decir verdad, la zona parece algo desnuda, pero cuando los árboles hayan crecido, será un oasis de frescura en medio de la ciudad, aseguran los promotores del proyecto.

Otras modificaciones tuvieron lugar en los barrios comerciales. En la ‘Place des Remparts’, cercana al centro histórico, los estacionamientos al aire libre fueron transformados en ‘salas de estar urbanas’, para usar las palabras de Lionel Tudisco. “En la zona se incluyeron árboles y una pérgola. El material usado para el pavimento tiene un color claro, para reflejar mejor los rayos solares, y es permeable. No solo reducimos el calor, sino que recobramos el ciclo natural del agua. Y el riesgo de inundaciones se reduce”. 

Las soluciones para contrarrestar las islas de calor son múltiples, como reveló una reciente conferencia internacional en Berna. Tres puntos se destacaron: favorecer los “corredores” para llevar a la ciudad aire fresco que provengan de los bosques y campos periféricos, crear superficies vegetales en los edificios y reducir el calor que se produce en los techos, por la exposición al sol.

“La temperatura de la ciudad puede ser fácilmente reducida en varios grados con cambiar el color y las propiedades termofísicas de los edificios”, añade Alain Clappier, profesor de Climatología de la Universidad de Estrasburgo y de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL). En una jornada soleada, un techo vegetal se mantiene a 30 °C, mientras que la temperatura de un techo de color oscuro asciende a casi 80 °C.

Plantar árboles no basta

En previsión del incremento de la temperatura – que en Suiza podría ascender de 3 a 4 grados en promedio anual de aquí a finales de siglo – ¿Es suficiente con plantar árboles para hacer la ciudad más habitable? No exactamente, responden los expertos. 

Cuando se plantan árboles, se necesita actuar de modo correcto, advierte Ingrid Coninx, de la Universidad de Wageningen, en Orlando, citada en un artículo de la agencia noticiosa francesa AFP. “Si las ramas impiden el paso de la brisa descendiente al suelo, se corre el riesgo de aumentar el calor y de atrapar el esta parte baja la polución atmosférica”:

Para una ciudad que se quiere adaptar al calentamiento climático, el desafío principal es otro, observa Roland Hohmann, de la Oficina Federal de Medioambiente. “Se trata de lograr conciliar la necesidad de densificación dictada por la planificación del territorio con la exigencia opuesta; la de preservar y crear zonas no edificadas y espacios verdes necesarios para hacer agradable el clima en nuestra ciudad”.

La sensibilización de la población y de los propietarios inmobiliarios es en este sentido, central, agrega Lionel Tudisco de AclimataSion. "Los edificios pertenecen principalmente a personas privadas, las que detentan las claves del modo de construir los exteriores". Y en Sion, por ejemplo, la toma de consciencia no es todavía sistemática. "Pero esto será la regla con la tarea de conscientización".

 

¿Qué hacen otras ciudades en Suiza?

“Las ciudades saben del problema de las islas de calor y son conscientes de los desafíos”, indica a swissinfo.ch Melanie Butterling de la Oficina Federal de Desarrollo Territorial. Las medidas (por ejemplo, la orientación de un edificio, su altura, la creación de un parque o la pavimentación permeable de las calles pueden tener un efecto en la percepción del calor, subraya.

Zúrich, la mayor ciudad del país, realizó un análisis para definir los factores de influencia del clima urbano y estudia medidas para mejorar la situación actual. Las autoridades recomiendan, por ejemplo, limitar la altura de los edificios y la densidad del terreno construido para favorecer la circulación del aire. Con un proyecto piloto, la ciudad de Berna se propone estudiar el papel y la gestión de los árboles en el desarrollo urbano, adaptado al calentamiento. Lausana, por su parte, lanzó un programa de vegetación, mientras que en su periferia, la comuna de Chavannes-près-Renens, construirá la Torre de los Cedros. Dotada con 80 árboles y 3 000 m2 de arbustos, será la torre verde más alta de Suiza y tendrá 117 metros de longitud.

¿Cuáles son las medidas para contrarrestar el calentamiento climático en tu ciudad? Comente u opine. Se lo agradeceremos.

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(Traducción del italiano: Patricia islas), swissinfo.ch

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