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Punto de vista


Las negociaciones comerciales y los retos reales


Por Joost Pauwelyn


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Por Joost Pauwelyn

A primera vista parece que nada funciona como debe en el comercio internacional. Veinte años después de su creación, la Organización Mundial del Comercio (OMC) no ha sido capaz de concluir un solo ciclo de negociaciones.

La llamada Ronda de Doha sigue pendiente tras 13 años de altibajos (sobre todo bajos). Y aunque los estados miembros de la OMC consiguieron en diciembre de 2013, en Bali, un modesto acuerdo para facilitar los intercambios comerciales (que busca eliminar burocracias para las operaciones fronterizas), este trabajo les tomó más de un año.

Sin embargo, un panorama distinto emerge cuando uno revisa la situación actual y va más allá de los comunicados ministeriales de la OMC.

Primero, aunque no se ha profundizado en la substancia, la dimensión multilateral de la OMC sí se ha extendido de 123 a 160 países miembros. China y Taiwán se adhirieron en 2001; Arabia Saudí, en 2005; y Rusia, en 2012.

Asimismo, la OMC desempeña un papel crucial en el seguimiento y la resolución de las controversias comerciales. Cada día se celebran un promedio de 10 reuniones de la OMC en las que se debaten cuestiones de gran detalle sobre la puesta en marcha de algún proyecto, o en las que se da seguimiento a demandas técnicas que surgen en el seno de los diversos grupos especiales de trabajo. Durante los últimos 20 años se han presentado unas 500 disputas. La mayoría han concluido en una solución negociada. Otras se han traducido en 350 resoluciones de controversias que han permitido generar más de 60.000 páginas de jurisprudencia.

Segundo, los subgrupos de países que comparten una misma visión se dan cuenta en el presente que sí existen progresos reales en negociaciones sectoriales específicas que se han realizado dentro de la OMC, o en el marco de los trabajos de esta organización.

En el ámbito de los servicios, el Acuerdo Global sobre el Comercio de Servicios (AGCS), en el que participan 23 países, se fijó como meta liberalizar el comercio de los servicios (desde el transporte hasta los servicios financieros). También hay negociaciones en curso con respecto al Acuerdo de Bienes Ambientales (ABA), en el que participan 14 países, que tiene por objetivo liberalizar aún más el comercio de bienes y contribuir al crecimiento sostenible. Y negociaciones destinadas a expandir el libre comercio en los productos de información tecnológica bajo el Acuerdo de Información Tecnológica (ATI), con 80 países miembros, están pendientes.

Aunque los acuerdos citados involucran solo subgrupos de países miembros de la OMC, las concesiones hechas en algunas de esas negociaciones (como ABA e ATI) serán extendidas a todos los países miembros de la OMC a partir de la aplicación del principio de nación más favorecida.

Tercero, y aún más espectacular, durante los últimos 20 años ha tenido lugar fuera de la OMC una exitosa panoplia de acuerdos comerciales regionales (ACR), de los cuales unos 400 ya están en activo actualmente.

Desde la creación de la OMC, Suiza ha firmado 25 de estos ACR, los más recientes con potencias comerciales de primer orden como China y Japón. Y recientemente se ha iniciado la negociación de megaacuerdos regionales como el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP en inglés), que reagrupa a 12 países (entre ellos Estados Unidos, Japón, Australia, Chile, Malasia y Vietnam) y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP en inglés), un acuerdo comercial regional que celebrarán Estado Unidos y la Unión Europea y que, hasta hace muy poco, era impensable. Tan solo el TTIP representa el 60% del PIB mundial, el 33% del intercambio internacional de bienes y el 42% del intercambio de servicios.

Las grandes reformas

En otras palabras, dependiendo del ángulo desde el que se mire, las negociaciones comerciales están de todo, menos en crisis, o sea, en pleno auge. Pero este complejo mosaico de acuerdos y negociaciones comerciales tiene frente a sí tres retos mayores: la parte institucional, el fondo y el orden político.

En materia institucional, llega a su fin el modelo de OMC totalmente centralizado. Considerando que este organismo cuenta hoy con 160 miembros, es normal que parte de los problemas (por ejemplo de discriminación, subvenciones a la exportación y transparencia) sean reglamentados a nivel multilateral. Pero hay otro tipo de asuntos que requieren más bien pactos regionales, y en algunos casos se precisará de convenios bilaterales o puramente nacionales. Algunos serán de cumplimiento obligatorio y otros, más flexibles. Una geometría variable que exige, a su vez, diferentes compromisos entre las naciones participantes, según el tema del que se trate. Y habrá de buscarse también cómo terminar con la inevitable –pero cada vez menos aceptada– división del mundo entre naciones desarrolladas y en vías de desarrollo. La división institucional del trabajo y la interacción entre los miembros deberá estructurarse de una manera funcional.

En lo que concierne al fondo, las reglas comerciales, sin importar a qué nivel tienen efecto, deberán adaptarse a la nueva realidad de los intercambios comerciales y estar en línea con las necesidades reales de las empresas –reducción de costes en el comercio, predictibilidad regulatoria, intercambio de flujos de datos y cadenas de abastecimiento–, lo que implica evitar las distinciones artificiales que hoy se hacen entre ‘compromisos comerciales’ e  ‘inversión’, y entre ‘bienes’ y ‘servicios’.

El tercer reto se refiere al apoyo político que se necesita para concluir los acuerdos en proceso de negociación. Muchos países en desarrollo, China en particular, se encuentran comprensiblemente cómodos con la situación actual. Y querrán recibir algo a cambio de cualquier concesión. En Europa, la preocupación popular que despierta el TTIP está alcanzando niveles sin precedentes. Es una oportunidad para sumar la opinión pública a las discusiones para que se exprese sobre los beneficios y límites de la liberalización comercial.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

Para obtener apoyo, este último acuerdo deberá considerar las inquietudes sanitarias, medioambientales y sociales que existen. En Estados Unidos, es poco probable que el Congreso, actualmente dividido, adopte un acuerdo comercial, razón por la que el presidente seguramente ejercerá la llamada autoridad de promoción comercial (también conocida como vía ‘fast track’), que consiste en presentar leyes que el Legislativo no puede enmendar, solo puede avalar o rechazar en bloque y sin cambios. Pero aún está por ver si los temas comerciales son una de las prioridades de los últimos dos años de la presidencia de Obama.

Las negociaciones comerciales son omnipresentes, cada vez más numerosas, complejas y variadas. Concluirlas es un proceso cada vez más prolongado y en el que intervienen diferentes niveles de mando en distintas organizaciones. El sistema comercial mundial está en plena mutación, deja un margen de maniobra para la OMC, pero abre también espacio para una geometría variable. Los verdaderos retos consisten, pues, en definir una división institucional internacional del trabajo, y en crear reglas sustantivas para los propósitos del comercio internacional, así como lograr el apoyo político para la conclusión de acuerdos.

©The Graduate Institute, Geneva

Este artículo fue publicado en ‘Globe’, la revista del Graduate Institute y en el diario ginebrino ‘Le Temps’ (26 de marzo del 2015).

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de swissinfo.ch.


Traducción del inglés: Andrea Ornelas

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