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Educación para todos


Universidades suizas se suman a la enseñanza virtual




 (Keystone)
(Keystone)

Los cursos universitarios interactivos en línea, conocidos bajo las siglas MOOC (Massive Open Online Courses) se han extendido rápidamente en Estados Unidos. Después de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), otras instituciones suizas adoptan esta plataforma.

Pero no todo el mundo está convencido de la tendencia virtual. Algunos argumentan que este método carece de innovación y solo es una nueva oportunidad de mercadeo para atraer clientes a las universidades.

El año pasado fue notoria la explosión de los cursos de altos estudios en línea, especialmente en EE.UU.. Para no quedarse atrás, universidades de renombre mundial se han unido a las plataformas, como Coursera y Udacity, han producido sus propias páginas, como edX y Futurelearn, además de emprender iniciativas individuales.

La EPFL se decidió pronto por esta tendencia. En junio pasado se convirtió en una de las 33 universidades asociadas a Coursera con la oferta de un curso  al que se han sumado 53.000 estudiantes, lo que quintuplica el número de estudiantes matriculados en su campus, en Lausana.

Este Politécnico suizo utiliza el lenguaje del programa Scala para este y otros cursos en ciernes, previstos para la primavera, como uno sobre el proceso de la señal digital, matemáticas, computación, programación Java, en inglés, y uno en francés: Computación científica. Y para otoño espera establecer otros diez cursos.

Tendencia creciente

Otras universidades también prevén hacer su aparición en la educación en línea. Es el caso de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ) que planea iniciar un MOOC en verano, aunque no ha anunciado sobre qué materia. El EPFZ ha establecido un plazo de dos años para desarrollar sus primeros proyectos en la materia.

MOOC encarna el desarrollo de la internacionalización educativa, al reagrupar a un reducido grupo de universidades de elite y el deseo de alcanzar un amplio público, indica Pablo Achard, subdirector de la Universidad de Ginebra.

También esta alma mater prepara un curso, aunque aún no ha decidido si lo hará a través de Coursera o edX. El anuncio oficial se hará en un mes.

“Definitivamente hay una enorme ola de interés en torno a los MOOC, especialmente en EE.UU, pero es prematuro saber qué peso tendrán en la transformación de la educación superior”, agrega Achard.

Por su parte, la Universidad de Berna indica que si bien está considerando las posibilidades de los MOOC, no lo considera un asunto prioritario. Las almas mater de Zúrich, Basilea y Lausana no expresaron hasta ahora interés en estos cursos.

Lausana explora otros canales. Desde 2009 es socia de iTunes U, la plataforma en línea de Apple, que se jacta de ofrecer cientos de cursos de muchos colegios, universidades, como las de Yale y Berkeley, así como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

MOOC

En inglés, Massive Open Online Courses, los MOOC tomaron impulso en 2012, con el lanzamiento de Udacity y Coursera, dos empresas asociadas a la Universidad de Stanford, en el corazón de Silicon Valley. Después llegó edX,  en colaboración con Harvard y el MIT, y les siguió   Futurelearn, un consorcio de la Universidad Abierta Británica.

En agosto de 2012, cuatro meses luego de haber ofrecido su primer curso en línea, Coursera contaba con un millón de usuarios de 190 países. Actualmente, los 215 que proponen sus 33 universidades asociadas son seguidos por 2 millones y medio de personas. Udacity, por un millón de estudiantes.

Normalmente gratuitos, los MOOC incluyen disertaciones de profesores, espacios de comunicación e interactividad, combinados con métodos lúdicos.

Los estudiantes pueden aprender solos con estos cortos videos e intercambiar experiencias con una enorme comunidad virtual. Algunos cursos solicitan tareas específicas y un examen final.

Motivaciones

Para muchas universidades la motivación de examinar este sector se debe a factores económicos y a la presión para volverse más productivas.

Karl Aberer señala que los cursos virtuales podrían ofrecer conocimiento con nuevos métodos de enseñanza y dar acceso a miles de participantes para abrir nuevas avenidas en el campo de la investigación y el análisis de datos.

Pero la EPFL tiene mayores ambiciones. Patrick Aebischer está tomando seis meses sabáticos este año para centrarse en el desarrollo de los MOOC y quiere viajar a Boston, San Francisco y África para observar el potencial de estos cursos.

Está convencido de que las disertaciones en línea ofrecen una oportunidad única para el desarrollo de la educación superior en Europa.

En una entrevista con el diario de Ginebra Le Temps, indicó que su institución tiene una cierta responsabilidad de cara a los 220 millones de personas que hablan francés en el mundo; una cifra que se espera ascienda a 750 millones en 2050, a causa del crecimiento demográfico en África.

Las críticas

Pero no todos se muestran tan entusiastas.

 

Konrad Osterwalder, director de desarrollo de tecnologías de la enseñanza de la EPFZ, considera que no hay nada innovador actualmente en estos cursos. Además, agrega que hace una década ya existían este tipo de productos ‘e-learning’, con mejor calidad que la actual.

“Los MOOC no son otra cosa que un formato, todo depende de lo que uno les coloque dentro. Puede ser algo muy bueno o de muy mala calidad. Pero en la mayor parte de todo lo que he visto, es más sencillo ser crítico que convertirse en descubridor de perlas”.

No obstante, Osterwalder destaca el desarrollo interesante del aspecto comunitario (especialmente la enseñanza en grupo) y los importantes volúmenes de datos a disposición para un gran número de participantes.

Nada nuevo

Los cursos universitarios virtuales no son nuevos. Por ejemplo, la Universidad Abierta Británica inició sus programas a distancia en la década de 1970. Universidades europeas y estadounidenses han colocado en internet  disertaciones desde hace más de una década.

En Suiza, la iniciativa ‘Campus Virtual Suizo’ se estableció entre 1999 y 2008, con un presupuesto de 75 millones de francos, para promover e introducir las nuevas tecnologías y el aprendizaje en línea en la educación superior.

En conformidad con los objetivos previstos, esta plataforma fue desactivada cuando las universidades fueron capaces de ofrecer sus propios programas de aprendizaje en línea.

Financiamiento y certificados

Hasta ahora, estas plataformas se han financiado con grandes sumas de capital, tanto público como privado. No obstante, aún falta por definir el modelo ideal que pueda permitir a las universidades pagar sus facturas, ya sea a través de ingresos por la expedición de licencias, certificados o a través de los beneficios de bolsas de empleo para egresados.

En Suiza, donde los costos de estudios son mucho menores respecto a Estados Unidos, las posibles respuestas son también diferentes a las barajeadas en ultramar.

“Para nosotros no se trata de generar enormes ingresos. En el mundo académico, la visibilidad es muy importante. Si usted la consigue, atrae a buenos estudiantes que elevan la calidad de la escuela, y así atraemos a más patrocinadores. Las cosas se refuerzan por sí mismas”, comenta Aberer.

Otra cuestión es la de establecer reconocimiento adecuados a estos cursos virtuales. La mayoría de ellos no son reconocidos, pero hay señales que van en esta dirección, particularmente en Estados Unidos. Aberer habla de prever exámenes en línea, controlados por centros de verificación o por las propias universidades.

“Queda claro que si hoy publicamos un curso en internet, no lo certificaremos, pues el estudiante debe ser alumno de la EPFZ para beneficiarse formalmente del mismo. Ahora bien, creo que esto puede cambiar y que habrá discusiones sobre el tema. La cuestión del reconocimiento de los cursos continuará a la par que el desarrollo de estas plataformas virtuales. En algún momento deberemos tomar posición. Por ahora el debate es espinoso y la mayoría de las instituciones no quiere tomar posición seriamente”.


Traducido del inglés: Patricia Islas, swissinfo.ch



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