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La fachada del Banco Central de Brasil el 31 de marzo de 2016 en Brasilia

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El Banco Central de Brasil (BCB) recortó este miércoles en 0,25 puntos porcentuales su tasa de referencia, a 13,75%, su segunda baja consecutiva tras casi cuatro años sin cortes, juzgada sin embargo insuficiente por los sectores productivos.

"La evidencia disponible indica que la reactivación económica puede ser más lenta y gradual que lo anticipado previamente", informó la institución en un comunicado, el mismo día en que se conoció que el PIB de Brasil, un país en plena recesión, se contrajo 0,8% en el tercer trimestre respecto al anterior.

La decisión de cortar la tasa de interés a 13,75% era esperada por los analistas, que proyectaban una segunda reducción conservadora, en una muestra de cautela frente a varios focos de inestabilidad.

La recesión en Brasil se combinó con un alto nivel inflacionario (de 10,67% en 2015), lo cual llevó al BCB a poner la tasa Selic -su principal instrumento para controlar el alza de precios- en el estratosférico nivel de 14,25%.

Los dos recortes son juzgados demasiados tímidos por los sectores productivos, que los consideran insuficientes para reanimar la inversión.

"La recesión es muy grande para un corte tan débil de la Selic. No hay duda de que harán falta recortes más agresivos de la tasa", expresó la poderosa Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP).

Pero el BCB no está dispuesto a cambiar de foco y explica que su prudencia se debe en parte a factores externos que podrían dificultar la desaceleración de los precios.

Cita entre ellos "el posible fin de un periodo benigno para las economías emergentes", a causa de "elevada posibilidad" de que las tasas de interés suban en Estados Unidos y las "incertidumbres sobre el rumbo de la política económica de Estados Unidos" tras la elección del republicano Donald Trump.

En octubre, Brasil registró una inflación de 0,26%, la menor para ese mes desde 2000, y la tasa acumulada en 2016 es de 5,78%.

Pero la medición a doce meses aún muestra un alza de los precios del 7,87%, lejos del centro de la meta anual de 4,5%.

La economía del gigante latinoamericano se contrajo 0,8% en el tercer trimestre y encadenó su séptimo retroceso consecutivo, lastrada principalmente por la prudencia de los inversores en un marco de incertidumbre política.

La peor recesión en un siglo mantiene el índice de desempleo en 11,8%, nivel récord desde el comienzo de la serie.

En 2015, el PIB brasileño se hundió 3,8% y en 2016 el gobierno proyecta una caída de 3,5% y un crecimiento de 1% para 2017.

- Incertidumbres domésticas -

Brasil sigue inmerso además en una crisis política que tuvo su punto más alto este año cuando el Senado destituyó a la presidenta izquierdista Dilma Rousseff por adulterar las cuentas públicas, en un proceso que erigió al conservador Michel Temer, su vicepresidente, como nuevo jefe de Estado.

Pasado el huracán, los operadores económicos esperan que Temer acelere las reformas con las que prometió reencauzar la economía.

El Senado aprobó en la madrugada del miércoles una reforma constitucional para congelar los gastos públicos por 20 años, la primera de las dos votaciones que requiere la iniciativa, y debe concluir el proceso antes de fin de año.

Le seguirá una reforma del sistema de jubilaciones, considerada esencial por los mercados.

Considerado clave por el mercado, "el proceso de aprobación e implementación de las reformas y ajustes necesarios en la economía es largo e involucra incertidumbres", advirtió el Banco Central.

Ambas iniciativas despiertan un fuerte rechazo en una parte de la población, que ha salido a las calles a protestar, incluso con episodios de violencia como ocurrió en Brasilia esta semana, mientras se votaba el techo del gasto.

El éxito de la administración Temer también depende de cuán fuerte sea el impacto en sus filas de las próximas revelaciones en materia de corrupción.

Decenas de ejecutivos de la constructora Odebrecht -que pagó millonarios sobornos para obtener contratos sobrefacturados con Petrobras- harán importantes confesiones a la fiscalía a cambio de reducciones de penas y -según la prensa local- podrían involucrar a más de un centenar de políticos.

El propio Temer admitió que existe "preocupación" ante la firma inminente de ese acuerdo entre Odebrecht y los investigadores del mayor escándalo de corrupción en la historia de Brasil.

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