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El franco suizo bajo presión


El control del tipo de cambio podría "durar años"




 (swissinfo.ch)
(swissinfo.ch)

Los analistas sostienen que el Banco Nacional Suizo (BNS) podría verse obligado a intervenir en el tipo de cambio durante varios años para evitar una apreciación abrupta del franco frente al euro.

El 6 de septiembre de 2011, el banco central impuso una política de tipo de cambio mínimo de 1,20 francos suizos por euro, en respuesta a la acelerada escalda del franco frente a la divisa comunitaria. Una trayectoria que multiplicaba los riesgos de inflación y ponía en jaque a los exportadores suizos.

Defender esta política ha obligado al BNS a una compra masiva de euros durante los últimos meses.

Un año después de esta decisión trascendental, la situación aún es muy compleja para el maltrecho euro: el Banco Central Europeo (BCE) inyecta miles de millones de euros a los mercados, el rescate griego está lejos de resolverse, los bancos españoles han sido nacionalizados y varios países europeos han visto recortadas sus notas por parte de las agencias de calificación internacionales.

Por ello y para contrarrestar este ambiente de volatilidad en la zona euro, el banco central suizo deberá seguir activo en los mercados cambiarios internacionales durante más tiempo.

Ajuste espontáneo

“El BNS no tiene ninguna limitación técnica en materia de capacidad de impresión de billetes y monedas para asegurar que el tipo de cambio se mantenga en un mínimo de 1,20 francos por euros. Está en capacidad de absorber –mediante la compra de divisas– todo lo que venga”, manifiesta a swissinfo.ch Charles Wyplosz, profesor del Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo (IUHEID) en Ginebra.

Por otra parte, el economista estima que el banco central mantendrá firme en su política cambiaria actual “mientras la zona euro se recupera”.

A este respecto, Jan Poser, economista del banco Sarasin, advierte a swissinfo.ch que aguardar la estabilización de la divisa europea es un “asunto que puede tomar varios años”.

Pero explica también que si esto sucede, el argumento del banco central en el sentido de que el franco está sobrevaluado se iría desvaneciendo. Actualmente, el euro vale 1,2 francos, pero muchos estiman que debería fluctuar entre 1,32 y 1,35 francos.

La reducción de los precios al consumidor en Suiza y la creciente inflación en Europa están aumentando gradualmente el poder adquisitivo del franco frente al euro, llevando con ello a las dos monedas hacia su “justo valor”.

 

“Si la tendencia actual continúa, en menos de tres años de 1,20 francos por euro sería un tipo de cambio justo”, confirma Poser. “En ese caso, el BNS tendría que adaptar su política sustituyendo quizás el actual tipo de cambio mínimo por un sistema de devaluación progresiva”.

Reservas descomunales

Afortunadamente para el BNS, las críticas que recibió inicialmente por virar la política cambiaria nacional se han extinguido, ya que la crisis del euro evidenció que puede ser de larga duración y que el panorama de la región podría aún empeorar.

El BNS ha legitimado su decisión al demostrar que salvó a Suiza de una deflación abrupta y concedió a los exportadores –aunque aún breguen con el efecto del encarecimiento de sus precios– un cierto margen de maniobra para planear sus presupuestos a mediano plazo.

Para el banco central esta decisión implicó intervenciones masivas en los mercados cambiarios internacionales durante el pasado verano para contrarrestar los efectos de la incertidumbre política de Grecia, o de los crecientes temores sobre el futuro de España, Italia, Portugal e Irlanda.

Así, las reservas internacionales suizas, que en diciembre del 2011 sumaban 257.500 millones de francos suizos, aumentaron un 28% en mayo de 2012 para cerrar el mes en el equivalente a 306.000 millones de francos. En junio, sumaban 365.000 millones de francos y a finales de julio habían alcanzado los 406.000 millones.

Las cifras de agosto no han sido publicadas aún, pero los depósitos –a la vista- de los bancos comerciales en el BNS apenas aumentaron durante este periodo, lo que permite suponer que las reservas crecieron de forma modesta durante el octavo mes del año.

No obstante, actualmente los activos internacionales del BNS representan la friolera del 71% del PIB, muy lejos del 10% de la etapa previa a la crisis. Y una proporción que hace palidecer las reservas de EEUU, Japón o incluso China, el principal país manipulador de los tipos cambiarios.

En tiempos normales, este repunte en las reservas del BNS habría despertado acaloradas protestas por parte de otros países.

En busca de la diversificación

Recientemente, el BNS ha optado por diversificar sus reservas invirtiendo, por ejemplo, en bonos del Gobierno alemán y comprando distintas divisas.

Pero la volatilidad de los mercados internacionales ha tenido su efecto sobre los rendimientos que generan dichas inversiones. Durante el primer trimestre de este año, las posesiones del BNS en monedas extranjeras generaron pérdidas por 2.600 millones de francos suizos. Esta tendencia negativa se modificó y se tradujo en ganancias aportando al BNS 5.100 millones de francos entre enero y junio.

Sin embargo, las ganancias no apagan el debate fundamental sobre el destino que debe darse a las reservas internacionales y el impacto que éstas podrían tener sobre la inflación y el mercado inmobiliario.

Si la economía global repunta y la inflación internacional aumenta en el futuro cercano, se depreciará el valor de muchos de los activos extranjeros que hoy tiene Suiza, lo que le generará nuevas pérdidas.

Actualmente, el sector político presiona al BNS para que invierta dichos fondos en activos menos vulnerables ante la inflación internacional. Pero el banco central se ha abstenido de hacerles caso.

Fenómeno inédito

Antes de esta crisis, la última vez que el BNS realizó una intervención cambiaria masiva fue en la década de 1970, y su decisión conllevó una inflación galopante en el país.

Hoy, las circunstancias son distintas, y el tipo de cambio mínimo de 1,20 francos/euro conduce al BNS a concentrarse más bien en evitar el fenómeno contrario. “Mientras el franco siga sobrevaluado, Suiza enfrentará deflación más que inflación”, explica a swissinfo.ch Poser.

Además, el banco central actúa para desactivar los riesgos de una burbuja inmobiliaria y, recientemente, asumió mayores potestades en ese sentido. El BNS decidió obligar a los bancos suizos a ampliar las reservas de capital que deben crear para protegerse de los riesgos de impago. Esta medida busca reducir los riesgos de que explote una burbuja en el sector de la vivienda.

"El BNS se ha embarcado en un experimento enorme que no se había llevado a cabo nunca antes. Puede resultar exitoso, pero cada crisis arroja elementos imprevistos, así que todo es posible", puntualiza Charles Wyplosz.

En defensa del franco

Desde el inicio de la crisis en 2008, durante la recesión y en la actual crisis del euro, los inversores internacionales han demandado francos de forma masiva, porque lo consideran un valor refugio.

Antes de la crisis, en octubre de 2007, el euro se cotizaba a 1,67 francos suizos. Con el colapso económico inició también un proceso de acelerada revaluación del franco frente a otras divisas.

Confrontado ante la imparable apreciación del franco suizo, que generaba ya riesgos de deflación para el país y había puesto en jaque a los exportadores y al sector turismo, el Banco Nacional Suizo decidió en 2009 comprar cantidades masivas de euros.

Así, las reservas internacionales pasaron del equivalente 47.500 millones de francos suizos en 2008 a 95.000 millones de francos en 2009.

Una segunda fase de adquisición masiva de euros tuvo lugar en 2010, lo que llevó las reservas internacionales hasta un saldo de 204.000 millones de francos.

La arriesgada operación del BNS no consiguió la meta de frenar a los especuladores, pero sí ocasionó al banco central pérdidas por 26.500 millones de francos.

En agosto de 2011 se alcanzó una situación límite: el franco rozó la paridad con el euro (1,04 francos por euro el 11 de agosto). El BNS comenzó  imprimir dinero en grandes cantidades (otros 170.000 millones de francos, que inyectó a los mercados en un periodo de dos semanas).

La medida solo ayudó parcialmente a resolver el problema. El 6 de septiembre de 2011, el banco central suizo impuso un tipo de cambio mínimo de 1,20 francos suizos por euro.

El BNS afirmó que “no toleraría en el futuro” una tasa de cambio por debajo del umbral fijado y advirtió a los especuladores que defendería su política comprando divisas en “cantidades ilimitadas” si fuera necesario.

Desde entonces, el tipo de cambio se mantiene de forma regular en 1,20 francos por euro.


(Traducción: Andrea Ornelas), swissinfo.ch



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