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El negocio de la ‘hierba dulce’


Stevia: ¿milagro o pesadilla guaraní?


Por Andrea Ornelas, Ciudad de México


Los indígenas guaraníes la usaron durante siglos como un edulcorante natural. Esta propiedad y su ínfimo contenido calórico han disparado la demanda de stevia. (Reuters)

Los indígenas guaraníes la usaron durante siglos como un edulcorante natural. Esta propiedad y su ínfimo contenido calórico han disparado la demanda de stevia.

(Reuters)

La milenaria planta paraguaya -que hoy se cultiva en China, Japón y otros países- endulza más que el azúcar, pero no aporta calorías. Ante la creciente demanda por parte de la industria alimentaria, empresas como la suiza Evolva recurren a la biología sintética para crear versiones químicas de la stevia. Una práctica que universidades y ONG califican como biopiratería.

Una rentable confusión

Las hojas de la stevia poseen –en cantidades muy pequeñas– moléculas (glucósidos de esteviol) que explican su sabor dulce. Para incrementarlas, empresas especializadas en biología sintética recurren a la manipulación genética para obtener plantas más ‘dulces’.

Asimismo, utilizan múltiples productos y largos procesos químicos para purificar los glucósidos de esteviol (que incluyen filtrados con resinas, sales, intercambio de iones, refinado y cristalización). Procesos protegidos a través de patentes.

Hoy, la mayoría de los gigantes del sector alimentario comercializan productos elaborados con glucósidos de steviol y no con hojas de stevia tradicional, pero raramente lo precisan en los empaques.

El pueblo guaraní conoce las hojas de la planta de Ka’a he’e desde hace más de mil años, pero guardó el secreto celosamente durante muchas generaciones. En lengua guaraní, su nombre significa ‘hierba dulce’. Y no falta a la verdad: su poder endulzante es 350 veces superior al del azúcar.  

Para el resto del mundo es Stevia Rebaudiana Bertoni gracias, por cierto, a un científico suizo. “En 1887, el sabio helvético Moisés Bertoni identificó y clasificó por primera vez la planta. Poco después, el químico paraguayo Ovidio Reubaudi definió su composición química. El trabajo de ambos explica el nombre científico que tiene hoy la Ka’a he’e”, explica Juan Barboza, presidente de la Cámara Paraguaya de la Stevia.

La stevia parece demasiado buena para ser real: posee virtudes antioxidantes, bactericidas, diuréticas y cicatrizantes. Pero, sobre todo, se ha confirmado como una poderosa aliada en la lucha contra la obesidad y la diabetes, dos crecientes flagelos de la salud mundial.

“Es un endulzante natural que puede ser parte de una dieta y de un estilo de vida saludables porque no contiene ni calorías ni carbohidratos, y por tanto, no afecta los niveles de azúcar en la sangre”, confirma Priscilla Samuel, directora del Instituto Global de la Stevia, en Oak Brook Illinois.

Estas bondades no han pasado desapercibidas para los gigantes del sector alimentario que endulzan con glucósidos de steviol (extracto de alta pureza derivado de las hojas de stevia gracias a un largo proceso químico) productos como Pepsi Next o Coca-Cola Life. Y en Suiza, una gama de dulces de la icónica firma Ricola o las bebidas Beodrinx.

Víctima de su éxito

Hasta los años 70, cuando la ciencia empezó a sospechar que algunos edulcorantes -como el ciclamato o la sacarina- podían ser cancerígenos y se dio a la tarea de buscar sustitutos, la stevia era una planta desconocida para la industria alimentaria mundial.

Japón marcó un punto de inflexión en la internacionalización de la Ka’a he’e. “Hace alrededor de 40 años un grupo de japoneses descubrió las ventajas de la planta. Llenó un buque completo de stevia paraguaya y lo llevó a su país para iniciar su cultivo local”, recuerda Juan Barboza.

Unos años después, “los japoneses se encontraron con problemas de espacio y decidieron llevar la stevia hacia China, donde no existía esta restricción. Hoy, China es el primer productor de stevia del mundo, con unas 25 000 hectáreas cultivadas, delante de Paraguay, con menos de 2 000 hectáreas”.

Actualmente también se cultiva en India, Brasil, Argentina, Taiwán o México, entre otros países, pero la oferta no es capaz de satisfacer la demanda.

Tras la ‘stevia química’

Por razones sanitarias, mercados como Estados Unidos, la Unión Europea o Suiza prohíben la importación de hojas de stevia, pero sí consienten el uso de glucósidos de esteviol.

“El Comité Científico de la Comisión Europea sobre la Alimentación Humana concluyó que la información disponible sobre las hojas de stevia no era suficiente para asegurar que es apta para el consumo humano. Con base en los datos disponibles, no puede excluirse cierto riesgo para la salud humana”, declara Eva van Beek, portavoz de la Oficina Federal de Seguridad Alimentaria y Veterinaria.

Sin embargo, “el extracto de alta pureza que se obtiene de las hojas de la stevia y se utiliza en los productos alimentarios es totalmente seguro para el consumo humano, como lo evidencia un compendio de más de 200 estudios científicos”, refiere la Dra. Samuel.

Esto explica que el valor de los alimentos y bebidas endulzados con glucósidos de esteviol haya oscilado entre 8 000 y 11 000 millones de dólares (8-11 billion dollars) en 2015, según estimaciones de la consultora Industry ARC. Cuatro veces más que en 2010.

Acuerdo con pequeños productores

El Ministerio de Agricultura y Ganadería de Paraguay promueve la industria de la stevia como parte de su Plan de Desarrollo Agrícola y Rural (2006). Pero el mercado de las hojas de stevia es inestable. En 2011, por ejemplo, Japón dejó de importar las hojas de la planta por temor de contagio de la fiebre aftosa paraguaya. En 2015 cambió de opinión y anunció un acuerdo para adquirir la totalidad de las exportaciones paraguayas de stevia.

El potencial futuro de los glucósidos de esteviol es muy grande. La Organización Mundial de la Salud estima que en los próximos años podrían representar el 30% de los edulcorantes del mundo. Por ello las empresas dedicadas a la biología sintética buscan sustitutos químicos que no se vean afectados por las condiciones meteorológicas o las plagas.

Para hacer participar al pueblo guaraní –radicado a los dos lados de la frontera entre Paraguay y Brasil– de las ganancias de la stevia y sus derivados, la Declaración de Berna considera que gobiernos y empresas deben pactar un acuerdo arbitrado por los guaraníes.

Y, ante todo, frenar toda publicidad engañosa que describa  los glucósidos de esteviol como productos “naturales”.

A juicio de Juan Barboza, la demanda incesante distorsiona el mercado, ya que las multinacionales fabrican edulcorantes sintéticos que no provienen de la stevia, sin notificarlo a sus clientes. “Hemos expresado en múltiples foros nacionales e internacionales que nos oponemos enérgicamente a que esto suceda, porque es una práctica tramposa que afecta seriamente a los campesinos guaraníes y a miles de humildes productores de stevia en otros países latinoamericanos”.

Biopiratería y derechos indígenas

Un grupo de expertos conformado por la ONG Declaración de Berna, la organización independiente Pro Stevia Suiza, la Universidad de Hohenheim (Alemania) y el Centro de Estudios e Investigaciones de Derecho Rural y Reforma Agraria (Paraguay), entre otros, comparten esta inquietud. En el estudio El sabor agridulce de la stevia (2015) afirman que las multinacionales violan los derechos indígenas.

“El Convenio sobre la Diversidad Biológica y el Protocolo de Nagoya refieren que los poseedores de conocimientos tradicionales tienen derecho a beneficiarse de ellos. Y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas lo confirma”, cita el texto. Aun así, se ignora el derecho del pueblo guaraní a recibir beneficios de dichas ventas.

Según François Meienberg, portavoz de la Declaración de Berna, “el auge de los glucósidos de esteviol ha detonado una carrera para patentar métodos de producción a través de la biología sintética, en vez de obtenerlos de las hojas de la planta”. Este hecho desorienta al consumidor que cree recibir los beneficios de la planta en su estado natural.

“En un futuro cercano, las grandes compañías venderán o utilizarán glucósidos de esteviol que no dependerán en absoluto del cultivo de plantas de stevia. Y una de las empresas punteras es la suiza Evolva, que trabaja en colaboración con la estadounidense Cargill [Coca-Cola y Pepsi]”, denuncia Meienberg.

Evolva, con sede en Reinach (Basilea-Campo), confirma que tiene previsto lanzar este año un producto llamado Eversweet, cuyas moléculas son idénticas a las que posee la stevia.

No todo es malo

Neil Goldsmith, director general y cofundador de Evolva, defiende su producto como un valioso sustituto del azúcar, pero sin las desventajas propias de la stevia y de los glucósidos de esteviol que provocan un sabor amargo cuando aumenta su concentración en los alimentos.

Será “un producto más asequible y que reducirá el impacto medioambiental, porque se requerirá menos tierra, agua y energía para producirlo”. Además, asegura que el objetivo de Evolva no es reemplazar la stevia, sino que el Eversweet se utilice en productos que se endulzan con azúcar tradicional.

Y sobre el daño que el nuevo mercado de la ‘stevia química’ causaría a los indígenas guaraníes y otros pequeños campesinos, Goldsmith responde sin hesitación que las ONG frecuentemente olvidan decir algunas cosas. “La mayoría de la stevia que se consume hoy no proviene de pequeños agricultores, sino de productores a gran escala en China y en el sureste asiático. Por lo tanto, el panorama romántico que pintan no es real”.

swissinfo.ch

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