Your browser is out of date. It has known security flaws and may not display all features of this websites. Learn how to update your browser[Cerrar]

El voto de la división


Un "remedio erróneo" para un problema complejo


Por Andreas Keiser


Según el filósofo Georg Kohler, la democracia directa permite también que el pueblo pueda corregir sus propios errores. ()

Según el filósofo Georg Kohler, la democracia directa permite también que el pueblo pueda corregir sus propios errores.

El ‘sí’ a la iniciativa contra la inmigración masiva corresponde a la imagen de un pueblo soberano y valiente que está profundamente arraigada en la conciencia colectiva, según el filósofo político Georg Kohler. Suiza tiene que aceptar las consecuencias económicas de su aislamiento o que esta imagen ya no corresponde a la realidad.

El 9 de febrero, la Suiza francófona rechazó claramente la iniciativa para restringir la inmigración y, al igual que ocurrió en 1992 tras el no al ingreso del país en el Espacio Económico Europeo (EEE), se ve obligada a acatar la decisión de las regiones de habla alemana (e italiana) y, por tanto, de la mayoría de la población.

A los pocos días de la victoria en las urnas, Christoph Blocher, el estratega del partido de la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora) afirmó que los suizos de habla francesa tienen “una conciencia nacional más endeble”.

Las reacciones fueron vehementes: para los políticos de la Suiza francófona semejante afirmación constituye “una afrenta”, una “declaración odiosa”. Además, recuerdan que los cantones de expresión francesa –al igual que Zúrich, de donde es oriundo Blocher y que también rechazó la iniciativa– financian gracias a su fuerza económica los cantones menos prósperos, lo cual es también una “forma de patriotismo”.

swissinfo.ch: ¿La Suiza multilingüe corre el riesgo de romperse?

Georg Kohler: Tenemos dos mitades, una a favor y otra en contra. Pero dudo mucho de que esta división coincida con la frontera que separa las regiones lingüísticas. Las grandes ciudades y algunos de los cantones más poblados de la Suiza de habla alemana también rechazaron la iniciativa. Excepto en las regiones rurales, la brecha es muy grande. Me atrevo a negar que esto signifique que el país se está desintegrando. Pero sí es un indicio de una profunda división que afecta, en diferentes grados, a todo el país.

A fin de cuentas, se trata de saber qué entendemos por soberanía nacional o independencia suiza, es decir, hasta dónde nos creemos capaces o no de asumir que dependemos del extranjero.

swissinfo.ch: Christoph Blocher reprocha a los suizos francófonos su escasa lucha por la independencia de Suiza. ¿Qué entendemos por soberanía nacional?

G.K.: Es comprensible que la Suiza de habla francesa se sienta indignada y se defienda contra semejante acusación. Ginebra nunca quiso formar parte de Savoya y menos aún de Francia y se convirtió en un ejemplo de soberanía para Suiza. Esa voluntad compartida de no querer pertenecer a los respectivos países vecinos mantuvo unida a Suiza desde su fundación y sigue omnipresente.

¿Soberanía nacional? Tenemos que hacer una distinción: Hay el mito, o quizás incluso el fantasma, de pequeños grupos valientes que no se dejan avasallar, no atacan a nadie y no se ven limitados en su autodeterminación, que es el mito de la Suiza Central o del pueblo de Astérix y Obélix.

Pero ese mito no corresponde a la realidad social, cultural y económica. Suiza vive desde hace mucho tiempo en la ilusión de la máxima autodeterminación posible. Antiguamente, el derecho a la autodefensa y la declaración de guerra era parte de la soberanía. Pero esto pertenece al pasado. Los Estados europeos solo han podido preservar su derecho de soberanía mediante la adhesión a la OTAN. Suiza, en aras de su neutralidad armada, se mantuvo al margen, pero en realidad no ha hecho más que beneficiarse de la Alianza Atlántica.

La idea de la autodeterminación, que se alimenta del fantasma del pueblo galo, ya no se ajusta a la realidad, pero sigue profundamente arraigada en la conciencia colectiva de los suizos. Y es a la que apelan Blocher y la UDC, pero como la oposición a la UE ahora es evidente, nos vemos frente a una gran decisión: ¿Queremos seguir defendiendo la soberanía de Astérix y Obélix o estamos dispuestos a aceptar que esa idea de la soberanía ilimitada hoy sencillamente es imposible?

swissinfo.ch: ¿Quiere decir que al aprobar la restricción de la inmigración los suizos votaron en contra de la UE?

G.K.: Exactamente. La alternativa consiste en preservar la independencia –y, con ello, aislarse de la UE con todas las consecuencias, es decir, los inconvenientes sociales y económicos–, o bien proseguir en la vía bilateral, lo que implica una mayor integración y una ligera limitación de la democracia directa.

swissinfo.ch: ¿Fue entonces una decisión de la ‘Suiza de Heidi’ contra una Suiza globalizada y abierta?

G.K.: Sería erróneo decir que solo los tontos votaron a favor. Hay también una preocupación por la creciente movilidad, por el constante consumo de recursos, por todo lo que está relacionado con el desarrollo en la era moderna.

Pero a fin de cuentas, solo podemos hallar una solución a estos problemas con nuestros vecinos europeos. Los problemas existen y pretender resolverlos mediante el estatuto del temporero o la limitación de la reagrupación familiar es, a mi juicio, ilusorio, un remedio erróneo.

swissinfo.ch: El resultado de la votación fue extremadamente ajustado. Es un tema muy complejo y aún no se conocen las consecuencias exactas. ¿La democracia directa ha llegado a sus límites?

G.K.: Yo no diría eso. La democracia directa tiene la ventaja de mostrar qué problemas preocupan a la población. Pero solo funciona si se trabaja en lo que sale a la luz. Y personalmente, confío en el sistema.

Es cierto, la democracia directa está expuesta al populismo y a la seducción. Se tardó mucho en aprobar el sufragio femenino. Y aunque el a la iniciativa contra la inmigración masiva ha sido una decisión equivocada, se puede corregir, porque su aplicación requiere decisiones que deben aún ser sometidas al pueblo.

Si se esclarecen las consecuencias y el alcance de la iniciativa, no descarto que el respaldo a las medidas que exige se reduzca al núcleo duro de los fundamentalistas del mito helvético. Y estos representan, como mucho, el 30% de la población.


Traducción del alemán: Belén Couceiro, swissinfo.ch



Enlaces

×