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Entrevista con Peter von Matt


“El Gotardo es un símbolo de la apertura al mundo”


Por Benno Tuchschmid


Apertura de la línea ferroviaria del Gotardo en 1882. La foto muestra la primera locomotiva a vapor del Gotardo en la estación de Göschenen (cantón Uri). (Keystone)

Apertura de la línea ferroviaria del Gotardo en 1882. La foto muestra la primera locomotiva a vapor del Gotardo en la estación de Göschenen (cantón Uri).

(Keystone)

Ningún suizo conoce el Gotardo mejor que el escritor Peter von Matt. Con el ‘Aargauer Zeitung’, diario de la Suiza noroccidental, habla del mito del Gotardo, de la relación entre Otto von Bismarck y el túnel y de la necesidad que tenía Suiza de excavar túneles.

Es el año del Gotardo. Inauguración de la nueva línea ferroviaria transalpina (NFTA) y votación sobre el desdoblamiento del túnel. Es el momento de hablar del mito del Gotardo con Peter von Matt. Ningún otro suizo se ha ocupado tan intensamente de este paso alpino como este escritor y especialista en literatura germana. Y como Peter von Matt prefiere las entrevistas por escrito, en las que se expresa de manera clara y precisa, este diario ha hecho una excepción. La entrevista que sigue es el resultado de un intercambio de correos electrónicos.

Señor von Matt, usted describe el Gotardo como el monte Sinaí helvético. ¿Por qué razón?

Forma parte de la propia glorificación suiza y es uno de nuestros símbolos nacionales desde el siglo XVIII. Todos los Estados europeos crearon, sobre todo en el siglo XIX, símbolos nacionales de manera casi frenética, con el objetivo de mostrarse diferentes frente a los demás países.

¿Qué hizo Suiza?

Se adornó también sobradamente con monumentos de sus héroes. Al mismo tiempo, algunos lugares se erigieron en símbolos. El Rütli, el Gotardo, el campo de batalla de Sempach y la Vía excavada. Esta última se ha transformado ahora en el ‘Camino Hondo’ para aparecer como en la historia de Guillermo Tell. Como todo lo que ocurre en Suiza, eso también tiene un aspecto económico. La mezcla entre símbolos nacionales y turismo siempre ha sido fructífera.

La montaña no es ni alta ni bonita. ¿Cómo pudo convertirse en un mito suizo?

Ni siquiera es una montaña, es un paso alpino. Pero ya en el siglo XVIII el Gotardo era considerado el lugar del que nacen todos los grandes ríos europeos, el corazón del que mana la sangre de todo el continente.

Lo que no es cierto.

Desde el punto de vista geográfico solo es cierto para el Reuss y el Tesino, e incluso este último nace en el valle de Bredetto y su fuente principal se encuentra en el Paso de la Novena. El Ródano tiene su origen en el Furka y el Grimsel, el Rin en los valles de los Grisones y el Inn, que luego confluye en el Danubio, en la Engadina. Sin embargo, la visión de un único corazón en el Gotardo era tan poderosa, incluso entre los autores extranjeros, que esta presunta montaña fue imaginada como una enorme masa rocosa de la que brotaba el agua en todas direcciones.

Hubo alternativas al primer túnel del Gotardo. Por ejemplo, atravesando el Splügen. Por este motivo, a mi jefe, que es originario de los Grisones, no le gusta el túnel.

Su jefe tiene toda la razón. El Splügen era la segunda alternativa y hubo acaloradas discusiones sobre ambas vías.

¿Por qué se eligió entonces el Gotardo?

El túnel a través de los Alpes fue un proyecto europeo. Fue planificado y financiado por Alemania, Italia y Suiza. Y fue también un proyecto militar. Alemania, entonces Prusia, estaba en aquella época alineada políticamente con Italia en contra de Francia. Por esta razón, Otto von Bismarck, primer ministro de Prusia y después canciller alemán, quería una conexión directa con Italia. Fue él quien hizo caer la balanza del lado del Gotardo. Y no porque le pareciera mejor que el Splügen, sino porque de otro modo, y debido al debate, no se hubiera llegado a excavar ningún túnel. Así lo explicó el 26 de mayo de 1870 en un discurso ante el Parlamento prusiano.

¿Qué pasó después con la participación de Prusia e Italia?

Algunos años más tarde Suiza compró las participaciones de Alemania e Italia en el túnel. Una vez que terminaron las obras, los trabajadores que sobrevivieron a la construcción recibieron una moneda con las tres banderas de Alemania, Italia y Suiza, sobre las cuales se había grabado en latín: “Con las fuerzas unidas”. Pero hemos olvidado completamente que no lo construimos solos y que la mayor parte de los obreros eran de origen italiano.

En su colección de ensayos ‘Das Kalb vor der Gotthardpost’ (El ternero ante la diligencia del San Gotardo) escribe que “la unión entre la fe en el progreso y el conservadurismo, algo semejante al Jano bifronte que mira adelante y atrás, es una peculiaridad de la vida política y literaria suiza”. Así pues, ¿el Gotardo es un mito de los conservadores o de los liberales?

Detesto que el término ‘mito’ se mezcle con la política. Hoy se ha convertido en un término que no dice nada o que pretende decirlo todo. El Gotardo, en cuanto paso alpino y en cuanto sistema de comunicaciones, constituye dos símbolos nacionales, cada uno hecho a su manera. Hoy día solo los políticos patéticos hablan del paso como el corazón de Suiza. Por el contrario, el sistema de túneles es el escaparate de la historia tecnológica suiza. Desde esa óptica, encarna la voluntad de progreso de Suiza e incluso el ánimo pionero de cooperación con Europa.

¿En qué sentido?

A lo largo de su historia Suiza ha sobrevivido solo porque las grandes potencias europeas no han permitido que otros Estados controlasen los pasos alpinos. Querían que Suiza fuera el guardián de estos pasos de montaña, que debían permanecer abiertos para todos. Desde Napoleón a Bismarck, pasando por el Congreso de Viena, este ha sido el cometido principal que las potencias reservaron a nuestro país. Suiza fue siempre sabedora de esto y cumplió su tarea al pie de la letra, como una forma de defensa propia. Incluso Hitler pudo utilizar hasta el final la línea del Gotardo para transportes secretos. Todo lo que se relaciona con el Gotardo es, por decirlo así, una amalgama de símbolos de los que cada uno puede servirse.

El San Gotardo es también el corazón del ‘Reducto Nacional’, Suiza se enterró en el Gotardo.

El Reducto Nacional fue una estrategia militar del general Guisan, hoy día muy cuestionada, pero que a posteriori no puede ser calificada simplemente de error. El general sabía que Suiza no habría podido defenderse mucho tiempo en las fronteras nacionales y que una conquista de los Alpes habría dejado los valles inutilizables durante mucho tiempo. Todos los puentes de la región alpina fueron minados. Guisan no hubiera podido evitar la conquista de Suiza si se hubiera producido una acción conjunta de italianos y alemanes, pero podía hacer que no les valiera la pena. Era una partida arriesgada, sobre todo porque Hitler tomaba decisiones de manera irracional. Pero Alemania necesitaba los bancos suizos y a Suiza como refugio del espionaje internacional, lugar de contactos secretos con políticos y proveedores de armamento y al final pudimos librarnos. Excavar fue también una razón para sobrevivir.

¿De dónde procede esa famosa necesidad de excavar túneles en Suiza?

Toda cultura, en los ámbitos técnico y artístico, está influenciada por la geografía del país. Allá donde haya montañas hay paredes rocosas y gargantas. Se necesita por tanto excavar y construir puentes.

¿Puentes? En Suiza celebramos un túnel…

Para la historia de nuestra cultura los puentes y su técnica de construcción son tan importante como los túneles. Durante siglos el problema del Gotardo no fueron las excavaciones sino los puentes. Esto puede advertirse en la leyenda del Puente del Diablo y se ve todavía hoy en el desfiladero de Schöllenen. No se puede olvidar a los constructores suizos de puentes cuando se festeja a los que han excavado un túnel. Los constructores suizos de puentes han trabajado en todo el mundo. El hecho de que el San Gotardo sea un ejemplo en materia de construcción de túneles y también de puentes muestra, una vez más, la mezcla de símbolos.

Si todo el mundo piensa que hay algo en esta conjunción de símbolos, entonces es que el Gotardo debe de tener una enorme importancia para Suiza.

Conviene ser prudentes y evitar hablar del Gotardo como el único capítulo tecnológico-político de Suiza. En tanto que paso alpino no es particularmente antiguo. Originariamente los pasos más importantes de Suiza eran los que fueron abiertos y utilizados por los romanos, es decir, los pasos grisones y valesanos del Grimsel, el Furka y el Brünig. Nuestra cultura deriva de los romanos. Los alemanes solo han inventado los pantalones y fabricado la cerveza. Somos mucho más romanos que alemanes.

¿En qué se nota?

Los romanos trajeron aquí la viticultura, la construcción de carreteras, la construcción en ladrillo, las tejas para los tejados, el derecho, la gramática y una tecnología muy desarrollada. Hasta el queso es romano, se ve en el nombre. Esta cultura llegó desde los valles grisones y luego atravesó el lago de Walenstadt y el lago de Zúrich. En aquella época, el desfiladero de Schöllenen era infranqueable.

Durante la época del primer túnel del Gotardo (1872), el historiador de la cultura Jakob Burkhardt introdujo el concepto de “procesos de aceleración”. Un término que hoy traducimos como “globalización”. ¿Ha sido el Gotardo un motor de la globalización?

Desde la interpretación más actual, y sin considerar el conjunto solo desde el punto de vista suizo, resulta evidente que el Gotardo fue, desde su inauguración, un acontecimiento de la comunicación continental. Fue una vía comercial hacia Italia, un camino a lo largo del cual se exportaron miles y miles de productos suizos, y también una puerta de acceso a la cultura italiana y al pensamiento humanístico. Desde tiempo inmemorial, los campesinos de la Suiza central han intercambiado sus productos con la Lombardía y el Piamonte, del mismo modo que los suizos de expresión francesa lo han hecho con borgoñones y franceses y los zuriqueses con Alsacia y la Alemania meridional. En la relación de Suiza con el mundo el Gotardo ha sido y sigue siendo un elemento muy importante. Es un símbolo de nuestra apertura al mundo.

¿Qué significa para usted el Gotardo?

Fui soldado en un batallón de montaña y la mayor parte de los cursos militares de repetición los hice en la región del Gotardo. Tengo, por lo tanto, una visión bastante clara de la zona. Cuando se ha marchado día y noche sobre sedimentos detríticos y bebido en cada charca para no morir de sed, porque el mejor ejército del mundo no podía proporcionar agua a sus soldados, se tiene una imagen distinta del idílico mundo alpino. No iré jamás al Gotardo para dar un discurso sobre el corazón de Suiza. Disertar alegremente allá arriba es algo que no encaja bien con quien vive en cómodas ciudades y ve los Alpes desde la distancia.

Sin Alfred Escher, fundador del Credit Suisse, no existiría el Gotardo.

Escher dio inicio a la construcción de la línea e impulsó de manera determinante la construcción ferroviaria en Suiza. Pero para él el Gotardo se convirtió en una tragedia. Se superaron los costes que le fueron asignados en un 11%, algo que hoy es habitual. Ni siquiera fue invitado a la inauguración del túnel. Durante mucho tiempo tuvo un poder sin límites y eso le valió numerosos enemigos. Uno de los más acérrimos fue su propio yerno, el consejero federal [ministro] Welti.

El San Gotardo era peligroso para los arrieros. Hoy se tiene la impresión de que solo existe peligro en el túnel de carretera, debido al tráfico en sentido contrario.

Los Alpes siguen siendo peligrosos, aunque hoy día la industria turística está haciendo todo lo posible por convertirlo en un parque de diversiones y exterminar los últimos urogallos y liebres alpinas. Allá arriba todavía se puede morir rápidamente.

El artículo original, en alemán, fue publicado por el ‘Aargauer Zeitung’, el 1 de febrero de 2016.

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Traducción de José M. Wolff, artículo del Aargauer Zeitung

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