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Esfuerzos suizos para disminuir las emisiones del CO2

Las energías renovables, uno de los pilares de la estrategia para reducir las emisiones contaminantes. Keystone

Para luchar contra el cambio climático, investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ) estiman que cada ciudadano del mundo debe generar menos de una tonelada de CO2 al año. Un objetivo ambicioso pero viable, afirman los expertos.

Actualmente, un suizo emite 9 toneladas de este gas contaminante, mientras el promedio mundial es de 4,5 toneladas.

Como continuación del grito de alarma lanzado el año pasado por el Grupo de Expertos Intergubernamental sobre la Evolución del Clima (GIEC), científicos suizos propusieron el lunes (25.02) en Zúrich medidas para reducir las emisiones mundiales de CO2.

Actualmente, cada ciudadano del mundo produce alrededor de 4,5 toneladas de gas con efecto invernadero, y en Suiza, 9 toneladas. Los expertos de la EPFZ consideran realista el objetivo de reducir esta cantidad anual a una tonelada por persona en el mundo, de aquí a finales de siglo.

Ya lo reiteró el mismo grupo GIEC a principios del 2007: el calentamiento global es “inequívoco” y la actividad humana sería “muy probablemente” el origen de este aumento de las temperaturas a partir del siglo XIX.

Para los científicos del ‘Energy Science Centre’ (ESC) de la EPFZ –quienes han tomado en cuenta que a finales de siglo habrá previsiblemente 10.000 millones de seres humanos en el mundo-, establecer este límite de una tonelada es un objetivo adecuado si se quiere frenar significativamente el cambio climático.

Tres pilares de medición

“Es posible hacerlo con ayuda de las energías renovables. Lo que es importante no es el consumo energético en sí mismo, sino más bien el uso de energías ecológicas”, subrayó el presidente del ESC, Ralph Eichler.

Con ese objetivo, los investigadores desarrollaron una estrategia energética basada en tres pilares. Presentada a la prensa en Zúrich, ésta prevé incrementar la eficiencia técnica de los aparatos utilizados en el consumo energético.

Los investigadores preconizan también la introducción de instrumentos fiscales susceptibles de orientar la elección del consumidor en la compra de un vehículo o un sistema de calefacción y, sobre todo, desarrollar más la aplicación de energías renovables.

“Las energías renovables no son aún muy fiables, pues aún resulta difícil almacenarlas. Pero se tiene la esperanza de que dominen en la segunda mitad del siglo. De aquí a entonces, las energías fósiles y la nuclear deberán funcionar como enlace”, explica a swissinfo el profesor Konstantinos Boulouchos.

El papel de la electricidad

El ESC propone que se recurra más a la electricidad en el sistema energético global como tercer pilar de su estrategia. “La energía eléctrica implica una producción menor de CO2 y constituye la columna vertebral del sistema energético sostenible”, subrayan los investigadores.

Además, los especialistas acentúan que la electricidad tomará cada vez un lugar más importante, no sólo en el sector de la construcción, sino también en el de los transportes.

“Como el paso de un sistema energético a otro toma varias décadas, es importante comenzar ahora. Dicho de otra forma, se trata de construir una infraestructura adecuada también en los países en desarrollo”.

El papel de los políticos

El ESC, que reúne a 40 grupos de investigación, es el centro de competencias interdisciplinario que se ocupa antes que todo del problema de las emisiones del CO2. Bajo su batuta, varias entidades de la EPFZ y de la Universidad de Zúrich efectúan investigaciones encaminadas a mejorar la eficiencia energética, por ejemplo, en el sector de los vehículos híbridos o en el de la geotermia.

“Realista o no, el objetivo debe alcanzarse. Y podría lograrse a finales del siglo”, subraya Ralph Eichler. Pero, desde su punto de vista, los políticos deben asumir sus responsabilidades y no dejar sola a la ciudadanía frente a este desafío.

“Este objetivo debe ser impuesto. En lo que respecta a nosotros, debemos desarrollar técnicas ventajosas económicamente para que la población esté dispuesta a aceptarlas”.

swissinfo, Scott Capper
(Traducido por Patricia Islas Züttel)

En Suiza, el CO2 representa el 80% de las emisiones de gas con efecto invernadero.

Para respetar los compromisos inscritos en el Protocolo de Kyoto, Berna estableció en 1990 por ley el objetivo de reducir 10% anual los niveles del C02 hasta el año 2010.

Bajo la constatación de que las medidas voluntarias no son suficientes, el gobierno optó por otro paquete de disposiciones.

Desde 2008, una tasa obligatoria al CO2 grava únicamente a los combustibles fósiles (aceite y gas destinado a la calefacción).

El gobierno suizo anunció la semana pasada que renuncia por el momento a la introducción de una tasa a los carburantes (gasolina y diésel).

Un país puede adquirir certificados de emisión, que son como un tipo de ‘derecho a contaminar’ en países que han alcanzado los objetivos de reducción previstos.

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