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Evasión fiscal en EEUU


La banca aún paga por sus antiguos pecados fiscales




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Los bancos suizos juegan al gato y al ratón e intentan encontrar una posición favorable con respecto al esquema contra la evasión fiscal que puso en marcha Estados Unidos. Washington les promete impunidad a cambio de que reconozcan su culpa y paguen por los delitos del pasado.

Algunos bancos saben perfectamente cuál es situación en el programa denominado ‘Cartas de No Testificación’. Otros, sin embargo, sopesan aún qué opción les puede salir menos cara: registrarse en el esquema diseñado por Washington o guardar silencio y arriesgarse a que el Departamento de Justicio de Estados Unidos (DoJ).

Un ejemplo es el VP Bank de Liechtenstein que a finales de agosto abandonó la ‘categoría 2’ en la que se había inscrito meses antes, con lo cual reconocía tácitamente haber ayudado a clientes estadounidenses a evadir impuestos.

El dominical ‘NZZ am Sonntag’ afirma, sin citar nombres, que al menos diez bancos helvéticos hicieron lo mismo que el VP Bank. El británico Barclays, que posee una unidad de gestión patrimonial en Suiza, abandonó el esquema este verano. En cambio, el Banco Cantonal de Friburgo, que se retiró de la ‘categoría 2’, aún no ha confirmado si se inscribirá, o no, en una nueva categoría menos costosa (ver ‘Niveles de Pecado’).

Una encuesta de swissinfo.ch entre alrededor de 30 entidades bancarias permite establecer que dos bancos privados suizos, actualmente inscritos en la ‘categoría 2’ (y que pidieron el anonimato) aún no han decidido si seguir en ella o abandonarla. Tres otros no respondieron y el resto dicen que no plantean un cambio.

Niveles de pecado

Los bancos que toman parte del programa de ‘cartas de no testificación” -pactado entre Suiza y Estados Unidos en agosto de 2013- deben inscribirse en una de las cuatro categorías.

Categoría 1: Incluye a los 14 bancos bajo investigación por presuntos delitos de evasión fiscal. Entre ellos, Julius Baer, Pictet y los bancos cantonales de Zúrich y Basilea, así como algunas sucursales de bancos extranjeros en Suiza.

Estos bancos deben testificar ante el DoJ y llegar a un acuerdo con las autoridades de forma individual y fuera del programa.

Categoría 2: Son bancos que tienen la certidumbre, o sospecha, haber encubierto o promovido la evasión de impuestos entre sus clientes de EEUU. Estas entidades enfrentarán multas de entre el 20 y el 50% del valor de los activos no declarados, dependiendo de cuánto tiempo hayan tenido estos fondos en sus bóvedas.

La fecha límite para registrarse en la categoría 2 se extendió hasta el pasado 31 de julio. Pero los bancos tienen hasta el 15 de septiembre para presentar documentos atenuantes a partir de las declaraciones de clientes que hayan confesado que actuaron de mala en los esquemas de denuncia voluntaria que tiene en marcha EEUU.

Grupo 3: Los bancos que tienen clientes estadounidenses, pero que consideran que tanto ellos como su clientela han cumplido cabalmente con las disposiciones fiscales vigentes en EEUU.

Grupo 4: Bancos cuya clientela extranjera es mínima, ya que significa menos del 2% del total.

Grandes riesgos

¿Por qué un banco que un día se denunció por haber promovido la evasión fiscal entre sus clientes decide después abandonar un tratado que lo protege de una acusación penal que podría llevarlo a la ruina?

Parte de la razón se debe al Acuerdo de Cartas de no Testificación entre Suiza y EEUU pactado en 2013, que tuvo lugar en un periodo de gran incertidumbre y riesgo para el sector bancario helvético.

En enero de 2012, un tribunal estadounidense declaró culpable al banco Wegelin por haber ayudado a ciudadanos de EEUU a incumplir sus responsabilidades fiscales, lo que le condujo a la quiebra tras 273 años de existencia.

En aquel momento, todo parecía indicar que habría más casos Wegelin en Suiza. El temor se agudizó en octubre de 2013 cuando el Banco Frey cesó operaciones al encontrarse incapaz de enfrentar a las autoridades estadounidenses.

La Autoridad Supervisora de los Mercados Financieros (FINMA), en su calidad de reguladora de la plaza financiera suiza, instó pues a los bancos a adherirse cuanto antes al programa de ‘cartas de no testificación’. Algunas entidades protestaron esgrimiendo que el acuerdo era demasiado vago y que los bancos necesitaban tiempo para determinar si realmente tenían clientes estadounidenses evasores.

Según el DoJ, un total de 106 bancos se habían suscrito al acuerdo a finales de 2013 y algunos más se sumaron en 2014. PricewaterhouseCoopers (PwC) estima que, solo en la categoría 2, hay más de 100 instituciones inscritas. Y la fecha límite para registrarse en las categorías 3 y 4 concluye a finales de este año.

Un juego peligroso

Hoy, algunos bancos que se registraron en la categoría 2 para mantenerse en terreno seguro, se enfrentan a largos y costosos procesos de revisión para cumplir las exigencias de EEUU. Y, paradójicamente, un puñado de los que completaron los trámites de debida diligencia se encuentran hoy con que no son culpables de nada.

“Algunos bancos se inscribieron en la categoría 2 a finales del año pasado y, tras consultar a asesores suizos y estadounidenses, han llegado a la conclusión de que no tenían razones para temer una imputación por delitos fiscales en EEUU”, dice a swissinfo.ch Alexander Troller, abogado de LALIVE, un gabinete jurídico que ha asesorado a varios bancos suizos en este tema.

Según Troller, es lógico que algunos bancos decidan abandonar la categoría 2, pero advierte que estas entidades se arriesgan a que las autoridades de EEUU estén en desacuerdo con ellos e intenten procesarlos, salvo que opten sin titubeos por inscribirse en la categoría 3 (entidades que aseguran estar libres de culpa) y obtengan la preciada carta de no testificación que los eximiría de procesos penales.

“Pero deben tener plena confianza en la decisión que están tomando, ya que fueron ellos mismos los que se autodenunciaron originalmente ante el DoJ”, añade.

Por otra parte, existe la sospecha de que hay otro grupo de instituciones que ha apostado por un juego mucho más peligroso al no adherirse al programa estadounidense.

“Algunos bancos han decidido no registrarse en el programa luego de realizar un análisis y sopesar los riesgos y los costos”, dice Troller. “Según su razonamiento, incluso en el caso de ser procesados, las multas u otras consecuencias serían más manejables que el costo de notificar al sistema (y cumplir con todos los procedimientos que exige EEUU)”.

No obstante, el DoJ ha dejado perfectamente claro que los bancos que no se hayan inscrito en el programa y cuyos delitos sean probados, enfrentarán serias sanciones.

Se renueva la presión

Las autoridades de EEUU instensificaron la presión sobre los bancos suizos en mayo pasado cuando aplicaron una multa por 2.600 millones de dólares al Credit Suisse (2.300 millones de francos). Un monto que triplica el castigo que pagó el UBS en 2009 por el mismo delito (789 millones de dólares).

Sin embargo, pagar los honorarios cobrados por los abogados y expertos contables que revisan los libros de los bancos de los dos lados del Atlántico para determinar si hay o no evasores de EEUU también resulta un proceso con un costo multimillonario.

“Es una tarea que supone un gran trabajo administrativo, así que cada banco debe decidir cuál es la estrategia que mejor le acomoda”, dice a swissinfo.ch Martin Schilling, jefe de Finanzas Corporativas y Servicios Financieros en PwC Suiza. “Los representantes de los bancos están viajando continuamente a EEUU para discutir este tema y esto les consume grandes cantidades de tiempo”.

Un juego de humo y espejos que no termina aquí. De acuerdo con un reciente Informe de PwC, muchos bancos han reservado una partida sorprendentemente baja para las provisiones destinadas a afrontar multas potenciales.

“Los bancos privados suizos han sido más bien conservadores a la hora de constituir provisiones, con lo que están evitando admitir culpas implícitas”, refiere el reporte. En otras palabras, cuantas más reservas anuncie un banco a las autoridades, más señales estará enviando de que reconoce que cometió faltas que requieren castigo.

Un fuego cruzado de estrategias bancarias que tiene atrapados a miles de clientes que son inocentes de todo delito fiscal.

Entre ellos figuran ciudadanos de EEUU que viven y trabajan en Suiza y que actualmente se ven imposibilitados a abrir cuentas bancarias o a contraer créditos hipotecarios. En algunos casos, se han visto expulsados de sus bancos porque atenderlos implica papeleo y riesgos indeseables para las entidades financieras.

Asimismo, algunos ciudadanos con doble nacionalidad (suizo estadounidense) se quejan de estar sumidos en problemas que no les corresponden, porque deben presentar pruebas documentales que les consumen tiempo y energía, a pesar de que en algunos casos jamás han trabajado, o vivido, en Estados Unidos.


Traducción del inglés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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