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La exrebelde Juana Ramírez posa para una foto con retratos de ella y de su fallecido marido el combatiente Luiz Peréz, en La Habana. 4 de abril 2018. REUTERS/Alexandre Meneghini

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Por Sarah Marsh

EL COBRE, Cuba (Reuters) - El esperado cambio generacional en la política cubana está a punto de ocurrir: probablemente ninguno de los líderes del próximo gobierno de la isla será un hombre de la vieja guardia que luchó en la revolución de 1959.

Aun así, veteranos del ejército rebelde que combatieron junto al fallecido Fidel Castro dicen que ayudarán a mantener viva la llama mostrando los logros de la revolución, como la educación y la salud gratuitas, a generaciones más preocupadas por las deficiencias de la economía centralizada.

Raúl Castro, quien junto a su hermano Fidel encabezó la guerrilla que derrocó al dictador respaldado por Estados Unidos, Fulgencio Batista, renunciará como presidente el próximo jueves a los 86 años de edad.

Se espera que lo suceda su protegido, Miguel Díaz-Canel, de 57 años, un ingeniero electrónico nacido un año después de la revolución.

Raúl Castro ha sugerido que los vicepresidentes, José Ramón Machado Ventura, de 87 años, y Ramiro Valdés, de 85 años, excombatientes, podrían quedar fuera del nuevo gobierno al igual que él, pero los tres retendrían puestos claves en el Partido Comunista.

"Les explico todos los días: Esto hay que seguirlo, esto hay que cuidarlo", dijo el excombatiente Nelson Álvarez, de 85 años, quien vive en El Cobre, un pueblo situado en la cercanía de las montañas de la Sierra Maestra, bastión de las columnas rebeldes durante la revolución.

Álvarez contó que abandonó la escuela a los 13 años para trabajar en la construcción y ayudar a alimentar a su familia. Una hermana falleció a los 18 años debido a que no había un médico en su pueblo rural para atenderla a tiempo.

Sus cuatro hijos estudiaron en la universidad, dijo Álvarez. La revolución también ayudó a mejorar en El Cobre las condiciones de vida con la construcción de casas, agua potable, luz eléctrica y servicios médicos.

"Esto no tiene marcha atrás", dijo mientras mostraba las medallas de la revolución que guarda en una caja de habanos y se escuchaba el canto de un gallo cerca de la casa.

Su nieto, Bilmar, quien vive con su familia en un piso más alto, estaba menos animado. Tuvo que dejar su trabajo estatal como mesero debido a que el salario era de 10 dólares al mes. Ahora labora por cuenta propia vendiendo carne en una carretilla.

En el poblado de El Cobre hay pocas instalaciones. Un internet incompleto en el punto de acceso WiFi local y no tiene campo de fútbol, dijo Bilmar.

"Ellos tenían otro pensamiento. Ellos (excombatientes) lucharon pensando en otras cosas, que muchos no llegaron a ver el cambio, pensaron que era una cosa y era otra", dijo el hombre de 32 años, que tenía tatuada en un hombro una imagen con la Estatua de la Libertad de Estados Unidos.

PRÓXIMA GENERACIÓN, "MEJOR PREPARADA"

Algunos de los excombatientes entrevistados por Reuters culparon a la Guerra Fría de Estados Unidos y su paralizante embargo comercial contra Cuba de los problemas actuales de la economía local.

"La situación no es la que soñamos para el pueblo, pero no nos dejaron hacer las cosas como queríamos", dijo Juana Ramírez, de 81 años, quien fue casada por Fidel Castro con su novio rebelde en la Sierra Maestra y ahora reside en La Habana.

Otros, como Marta Anido, de 86 años, quien solía trasladar suministros a un campamento rebelde cerca de la ciudad de Santa Clara, en el centro del país, habló de otros logros del gobierno como la igualdad de género.

"Habían unas señoras que vivían al lado de mi casa que no salían solas a la calle o a una tienda porque era mal visto una mujer sola que saliera a la calle", dijo Anido, que fue durante décadas la vicepresidenta de la Asociación de Arte de Santa Clara.

"Ahora después de la revolución, ¡qué caramba!", agregó.

Los excombatientes entrevistados confían en que la nueva generación de líderes políticos está mejor preparada que los que han dirigido el país.

"La mayoría de nosotros éramos analfabetos, éramos campesinos con una miseria espantosa, no conocíamos nada", dijo Julio López, de 77 años, quien dijo que se unió a los rebeldes en las montañas de la Sierra Maestra, en el oriente del país.

"Hoy esta generación está muy bien preparada (...) porque tiene mejor preparación, porque tiene más nivel cultural", dijo López, quien vive frente a la sede de la Juventud Comunista en Santa Clara, sitio que una vez estuvo a cargo de Díaz-Canel.

El probable futuro presidente de Cuba caminaba a menudo cerca de su casa y tomaba café con López.

"Pasaríamos una o dos horas juntos (...) y le contaría la historia de la Sierra Maestra y cómo libramos la guerra", señaló.

(Reporte de Sarah Marsh. Escrito en español por Nelson Acosta; Editado en español por Silene Ramírez)

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