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Exitosa prueba nocturna del avión solar




Bertrand Piccard, a la izquierda, y el piloto André Borschberg celebran el éxito del ensayo en el aeródromo de Payerne. (Keystone)

Bertrand Piccard, a la izquierda, y el piloto André Borschberg celebran el éxito del ensayo en el aeródromo de Payerne.

(Keystone)

“Por primera vez, un avión solar voló durante un día y una noche sin pausa y sin carburante. Hoy, Solar Impulse demuestra que esta proeza es posible”, indicó con regocijo el suizo Bertrand Piccard, precursor del ambicioso proyecto.

La nave aterrizó a las 9:00 a.m. (hora suiza) en el aeródromo de Payerne, en el cantón de Vaud, bajo la dirección del piloto André Borschberg.

Contexto

El proyecto tiene un presupuesto de 100 millones de francos suizos ($94 millones).

El 80% del monto ha sido obtenido con base en patrocinios.

Los principales mecenas del proyecto son la compañía belga Solvay, la empresa relojera Omega, parte del Grupo Swatch, y el banco germano Deutsche Bank.

La Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) funge como asesor científico.

El miércoles, el prototipo HB-SIA aprovechó de condiciones meteorológicas óptimas: Ascendió a 8.700 metros de altitud para acumular la energía solar necesaria para permanecer en vuelo durante la noche, impulsado por baterías alimentadas por celdas solares.


Durante las primeras horas de la noche, el avión descendió a 1.500 metros, sin perder casi altitud en la etapa posterior.

El aparato realizó varias vueltas entre el aeródromo de Payerne y el lago de Morat, a una velocidad de 50 km. por hora, para preservar el máximo de energía.

Este vuelo nocturno representa una etapa crucial en la aventura solar de André Borschberg y Bertrand Piccard, el suizo que ya se ganó un espacio en la historia por dar la vuelta alrededor del mundo en su globo aerostático.


La meta del proyecto Solar Impulse es crear una segunda versión de nave, más ligera, para dar la vuelta al mundo en cinco etapas, durante un periodo de 20 a 25 días de vuelo. Se espera que este sueño empiece a tomar forma en 2013.

Pero esta vez el objetivo no es romper un record, sino demostrar que los caminos para sustituir los carburantes con energía solar existen si se investiga e invierte en este nuevo campo.

Más que una aventura aeronáutica

“Es más que una aventura aeronáutica, es una demostración tecnológica de lo que podemos ofrecer a la sociedad en términos de energía renovable. Queremos promover que se aplique este mismo tipo de tecnología en el movimiento de autos, sistemas de calefacción, computadoras, aire acondicionado, etc.”, recuerda Piccard.

Para completar este primer paso del desafío de Piccard fue necesario el respaldo para cubrir los gastos por 100 millones de francos y la participación de 50 ingenieros y técnicos, respaldados por una centena de científicos.

En 2006, el equipo presentó un proyecto que concilio en el mejor de los casos las exigencias de sustentación, de aerodinámica y de superficie disponible para las células solares, manteniéndolo abierto para los futuros desarrollos tecnológicos. El avión se parecía a un planeador, con una envergadura de 63,4 metros y con un peso de sólo 1.600 kilos (no más que un coche pequeño).


La nave tiene una dimensión de 64 metros y pesa 1,6 toneladas, es decir, que cuenta con una estructura tan ligera como la de un auto y flota en los aires sin uso de ningún tipo de combustible derivado del petróleo, sólo la energía del astro rey es utilizada.

Solar Impulse

Apertura de las alas: 63,40 m

Longitud: 21,85 m

Altura: 6,40 m

Peso: 1.600 kg

Propulsión: cuatro motores eléctricos de 10 CV

Cantidad de células fotovoltaicas: 11.628 (10.748 en las alas, 880 en el estabilizador horizontal) para una superficie completa de 200 m2

Velocidad media: 70 km/h

Velocidad mínima: 35 km/h

Altitud máxima de vuelo: 8.500 m (27.900 pies)

Hablar del proyecto de Solar Impulse es hacer referencia obligada de Bertrand Piccard, quien desde pequeño volaba con ala delta y planeadores ultraligeros. En 1983 cruzó los Alpes, otra primicia en su bitácora.

Bertrand Piccard y su socio André Borschberg son los responsables del proyecto Solar Impulse, pero será Bertrand quien sea el piloto en la vuelta al mundo que prevé para el 2013.


‘Savoir-faire’ suizo

Al principio, Bertrand Piccard buscó en los Estados Unidos las competencias aeronáuticas y solares necesarias, pero finalmente un buen número de sus 80 socios son suizos. “Es tranquilizador ver que en un país como el nuestro tenemos todo los necesario para construir un proyecto como este”, celebra.

El esqueleto ultraligero del aparato, así como la cabina y las alas han sido fabricadas por Decision SA en Ecublens (cantón del Lausana), un especialista des materiales compuestos, que también realizó los cascos del velero Alinghi, en colaboración con la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL).

“Al comienzo no sabíamos cómo llegar a los objetivos de peso que nos habíamos fijado”, explica Bertrand Cardis, patrón de la pequeña empresa ‘high-tech’. “Pensábamos que era imposible”.

Tras un año de pruebas, Decision logró cumplir el desafío con una estructura de fibra de carbono en forma de panel de abejas, en varis capas en las que cada sólo pesaba 93 gramos por metro cuadrado.

Simon Bradley, swissinfo.ch
(Adaptación: Patricia Islas, Iván Turmo)



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