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Expo Milán 2015


“¿Por qué un campesino no gana más que un abogado?”


Por Armando Mombelli, Milán


En los países del Sur hay un enorme potencial para aumentar la producción agrícola, pero muchos campesinos no disponen ni de una formación adecuada, ni de recursos y tampoco tienen acceso al mercado. (Peter Lüthi/Biovision)

En los países del Sur hay un enorme potencial para aumentar la producción agrícola, pero muchos campesinos no disponen ni de una formación adecuada, ni de recursos y tampoco tienen acceso al mercado.

(Peter Lüthi/Biovision)

Invitado a la Expo 2015, el entomólogo suizo Hans Rudolf Herren se dice optimista sobre la posibilidad de nutrir al ser humano en los próximos decenios, bajo la condición de transformar radicalmente el sistema agroalimentario mundial y de valorizar el fruto del trabajo de los campesinos. Entrevista.

¿Cómo asegurar a toda la humanidad una alimentación sana, suficiente y sostenible? Entre los expertos invitados a Milán para responder a la gran cuestión lanzada en la exposición universal  se encuentra Hans Rudolf Herren, presidente de la fundación Biovision y del Millennium Institute de Washington. El entomólogo y biólogo suizo ha recibido diversos e importantes reconocimientos internacionales por sus investigaciones y por el desarrollo de técnicas de agricultura biológica, que han, entre otras cosas, permitido salvar la vida de millones de personas en África. 

swissinfo.ch: Según las previsiones, el 2050 la población mundial deberá alcanzar los 9 mil millones. ¿El planeta puede nutrir a todas estas personas?

Hans Rudolf Herren: Sí, porque producimos ya hoy lo suficiente para nutrir también a 10 o 12 mil millones de personas. La cuestión es, sobretodo, de saber dónde, cómo y qué cosas producir. Actualmente, en algunas regiones del mundo se produce demasiado, mientras que en otras, muy poco. En los países del Norte y en ciertos países emergentes hay una producción excedentaria de algunos alimentos, como maíz, cereales, arroz, soya y colza. Buena parte de todo esto se emplea en la fabricación de biocarburante, forraje, almidón y azúcar, que no necesitamos. En la mayor parte de los países del Sur han, por otra parte, aún un enorme potencial para producir más. Se trata de reequilibrar el sistema agroalimentario y económico mundial. Actualmente la producción supera las necesidades alimenticias, pero millones de personas mueren de hambre. Esto significa que el sistema actual no funciona. 

swissinfo.ch: ¿Pero cómo se puede cambiar el sistema agroalimentario mundial?

H.R.H.: Necesitamos decisiones políticas claras. Este año, dos manifestaciones mayores figuran en la agenda mundial: en septiembre, la Cumbre de Naciones Unidas, en Nueva York, donde se trazarán los Objetivos del Desarrollo Durable (de aplicación universal), y en diciembre, la Cumbree del Clima, en París. Dos ocasiones únicas para cambiar radicalmente el tipo de producción agrícola, para pasar de la agricultura convencional e intensiva, que desgasta los suelos con sustancias químicas y que emite enormes cantidades de CO2, a una agricultura durable, regenerativa y en armonía con la naturaleza. 

Hans Rudolf Herren 

Nació en 1947. El valesano estudió Agronomía y biología en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich y en la Universidad de Berkeley, en California. 
A lo largo de sus 27 años de actividad en el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) en Ibadan, Nigeria, y en el Centro Internacional de Investigación sobre Insectos (ICIPE) de Nairobi, Kenia, ha dirigido los más importantes programas de lucha biológica contra los parásitos que hasta ahora se han realizado en el mundo.
Se ha distinguido por diversos proyectos. Entre ellos aquel que logró erradicar con el empleo de avispas a la cochinilla farinosa (Pseudococcus viburni), un parásito que atacaba a los sembradíos de yuca en África y amenazaba así la existencia de más de 200 millones de personas.

Hans Rudolf Herren ha recibido numerosos premios por su trabajo investigativo y de desarrollo. Entre ellos: el Premio Mundial de la Alimentación en 1995, el Premio Brandenberger en 2002 y el ‘Right Livelihood Award’ en 2013, considerado como el Premio Nobel alternativo. También fue elegido el ‘Suizo del Año’ en 2014. 
En 1998 creó la Fundación ‘Biovision’, que promueve la difusión y el impulso de métodos agrícolas ecológicos en varios países en vías de desarrollo, con el objetivo de reducir la pobreza y mejorar el bienestar de las poblaciones locales.

Es una oportunidad que debe absolutamente asumirse, pues no hay tiempo que perder si queremos salvar nuestro suelo, producir lo suficiente para nutrir al mundo y frenar el cambio climático. Hemos mostrado cómo es posible aumentar la producción gracias a una agricultura respetuosa del medio ambiente. Se trata ahora de tomar decisiones rápidas y concretas. El derecho a una alimentación sana y suficiente es un principio fundamental reconocido por la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los gobiernos deben asumir sus responsabilidades para asegurar a todos la seguridad alimentaria. 

swissinfo.ch: ¿Qué frena a esta transformación?

H.R.H.: Poderosos intereses económicos y financieros influyen en las elecciones políticas. En Europa y en Norteamérica, la industria agroalimenticia está fuertemente subvencionada, desde la siembra hasta la exportación. En el puerto de Mombasa se puede comprar maíz de Estados Unidos que cuesta un tercio del precio del que se produce en Kenia. De este modo se destruye la producción y el mercado local. 

En los países del Sur, numerosos gobiernos están bajo la influencia de multinacionales, grandes fundaciones privadas y ciertos socios de programas de desarrollo que comercializan semillas genéticamente modificadas, insecticidas, pesticidas y fertilizantes químicos. Con esos métodos de cultivo, no solo se pone en peligro al medio ambiente y a la salud, sino también se crea una dependencia financiera para los agricultores, con frecuencia forzados a endeudarse para comprar esos productos.  

swissinfo.ch: ¿Cuáles son las alternativas?

H.R.H.: Requerimos de un cambio sistemático del modelo agroalimentario. Actualmente, a escala mundial hay una tendencia creciente a la simplificación. Se privilegian, por ejemplo, los monocultivos intensivos destinados a la producción de alimentos con alto rendimiento económico. Y con frecuencia, contienen un alto nivel de calorías, provocando efectos devastadores en la salud. Mientas que hay cerca de 800 millones de personas con hambre, más de mil quinientos millones están obesas. 

Necesitamos, por el contrario, una mayor complejidad en el sector agroalimenticio, con el acento en una agricultura a pequeña escala, biológica y diversificada, con una mayor producción de frutas y legumbres. Para lograrlo, sobre todo, en los países del Sur, hay que ofrecer a los agricultores formación, medios de producción, acceso a la tierra y al mercado. 

swissinfo.ch: ¿Pero es realmente posible alimentar a toda la humanidad con una agricultura biológica a pequeña escala?

H.R.H.: La productividad por unidad de superficie de una pequeña explotación agrícola es superior a la de una de grandes monocultivos. Esto ha sido demostrado, entre otros, en un estudio publicado el año pasado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). En los programas agroecológicos promovidos por ‘Biovision’, probamos que la producción puede duplicarse al usar semillas y especies vegetales adaptadas a las condiciones locales, sembrando cultivos mixtos con tréboles o plantas que alimenten el suelo y con el uso de insectos para combatir a los parásitos. 

Para permitir a esta ciencia progresar, es necesario invertir en la investigación, que se consagra aun casi exclusivamente a la agricultura convencional. Tomemos el caso de Suiza: el gobierno apoya con 270 millones de francos la investigación en la agricultura convencional, y solamente con 4 millones a la agricultura biológica. Esas proporciones deberían ser inversas.

swissinfo.ch: Esa agricultura exige más mano de obra en un periodo marcado por el éxodo rural masivo. Según previsiones, entre el 70 y el 80% de la población mundial vivirá en los centros urbanos en 2050.

H.R.H.: Efectivamente, esas previsiones se cumplirán si no hacemos nada para evitarlo. No podemos cruzarnos de brazos a esperar esos escenarios. Debemos invertir en campañas, crear comunidades económicas locales en las que los ciudadanos puedan tener acceso a la escuela, a los hospitales, a la electricidad, a internet. Las campañas pueden ser atractivas solo si la gente vive y trabaja allí mismo, y no solo en el sector agrícola. La gente no quiere quedarse donde ya no hay nadie. 
También hay que valorizar el trabajo de los campesinos, para que puedan salir de la pobreza. Esto no solo es válido para los países del Sur. En Suiza también numerosos labriegos tienen problemas para salir adelante con sus cultivos; y abandonan la tarea. El precio de los productos alimenticios no corresponde a su valor real. Si el alimento es vital para cada uno de nosotros, ¿por qué los agricultores no ganan más que un abogado o un ingeniero? Su trabajo es seguramente más importante. 


Traducción del italiano: Patricia Islas, swissinfo.ch

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