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Fin de vida en prisión Una muerte digna también para los condenados

Zellentüren

“Nadie debería morir en prisión contra su voluntad”: Ueli Hostettler, director del proyecto ‘Fin de vida en prisión – contexto jurídico, instituciones y actores’

(Alessandro Della Bella/Keystone)

Las cárceles en Suiza fueron diseñadas para infractores de entre 20 y 30 años que purgaran su pena y salieran en libertad. Pero cada vez hay en ellas más personas mayores: 828 en 2017 de más de 50 años, y las instituciones penitenciarias carecen de la infraestructura necesaria. Para algunos detenidos la prisión no solo es un lugar para vivir, sino también para terminar la vida.

Lenzburg Residencia para ancianos tras las rejas

Sillas de ruedas, camas articuladas, asideros para duchas y retretes… la infraestructura de la unidad ‘60plus’, en la prisión de alta seguridad de ...

“Pero nadie debería morir en prisión contra su voluntad”, subraya el antropólogo Ueli Hostettler. “El tema de la muerte es algo que de alguna manera solidariza a la gente. Hay personas que piensan ‘somos diferentes, no hemos hecho cosas’. Sin embargo, al morir todos somos iguales”.

Investigador del Instituto de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Berna, Hostettler dirigió el proyecto ‘Fin de la vida en prisión - contexto jurídico, instituciones y actores’Enlace externo*

El estudio constató que las prisiones suizas, concebidas para transgresores de entre 20 y 30 años, no están preparadas para atender a la creciente población de más de 60 con necesidades diferentes en atención e infraestructuras.

Laboratorios para cárceles futuras

En algunos centros penitenciarios se han diseñado secciones especiales para los detenidos en edad avanzada. La prisión de LenzburgEnlace externo (Argovia) se convirtió en pionera con su unidad ‘60 plus’, que consta de 12 plazas mientras que la prisión de PöschwiesEnlace externo (Zúrich) cuenta con la unidad ‘Edad y Salud’ que puede acoger a 30 personas.

“Esos espacios representan un primer paso hacia un tratamiento humano del envejecimiento y la muerte de los detenidos mayores. Son una especie de laboratorios para el desarrollo futuro de las cárceles suizas en lo que se refiere a los presos de edad avanzada”, indica Hostettler.

Imágenes de la unidad para personas mayores en la prisión de Lenzburg

Y esa franja se amplía: en 1984 había 212 detenidos de más de 50 años. En 2015, la cifra se había más que triplicado (704) y en 2017 llegó a 828, 56 de los cuales tenían más de 70 años, de acuerdo con la Oficina Federal de EstadísticaEnlace externo. La proyección de esa dependencia es que el número total se multiplicará por 3 (respecto a 2015) para 2030, por 6 para 2040 y por entre 9 y 11 para 2050.

Entre las razones de ese nuevo perfil demográfico están el envejecimiento de la población en general; el deterioro prematuro de la vida en reclusión; la creciente delincuencia a una edad tardía, y, sobre todo, el endurecimiento de las leyes, la aplicación de penas más severas y la reluctancia en conceder la libertad condicional.

prisioneros mayores (1)

Gráfico sobre prisioneros mayores

Sin esperanzas ni perspectivas

“Hay personas para las que casi no hay esperanza de liberación, y cada vez son más. Ante nuestros ojos están llenándose las cárceles, sobre todo las seis cárceles cerradas [de alta seguridad] de Suiza, con personas que no tienen perspectivas”, subraya Hostettler.

+ ¿Qué significa prisión de por vida en Suiza?

Eso supone un choque entre la tradicional lógica carcelaria enfocada en el castigo y la reinserción, pero no en las necesidades de los detenidos y la lógica de atención y cuidados que impone la población entrada en años. Los propios miembros del personal penitenciario carecen de la formación necesaria para hacer frente a las nuevas exigencias, para las que tampoco hay directivas precisas.

“En las cárceles se carece de la infraestructura adecuada y de personal capacitado, no existe una sección especialmente adaptada para los reclusos moribundos y, sobre todo, la muerte natural no está reconocida en el reglamento, los procesos y las prácticas penitenciarias”, explica Hostettler.

“No existe ninguna legislación específica sobre el fin de vida en prisión”, enfatiza. Muchos reclusos temen que la hora final los alcance en la soledad de su celda o en el ir y venir del hospital a la prisión. “Eso no es digno”, deplora el investigador.

Habría algunas salidas

Existen mecanismos jurídicos que permitirían excarcelar a prisioneros en la fase final de su vida (arts. 80 y 92 del Código PenaEnlace externol), pero “las autoridades responsables prefieren no tomar riesgos. La sociedad exige un 100% de seguridad de que no van a reincidir y ese 100% no existe”, enfatiza nuestro interlocutor

Añade que la atención médica para los detenidos en la adultez temprana responde sobre todo a casos de accidentes que se resuelven de manera ambulatoria, y los decesos se deben particularmente a homicidios o suicidios y representan una falla en el sistema penitenciario.

Pero entre los detenidos de edad avanzada los problemas de salud son otros, más agudos, crónicos, fatales. Y son otras las circunstancias de su fallecimiento.

decesos en prision

Gráfico sobre decesos en prisión en Suiza

Hay cárceles con médicos de planta. Otras recurren a los de las cercanías. Los hospitales universitarios de Ginebra, Lausana y Berna cuentan con unidades protegidas para el tratamiento y convalecencia de los presos. Pero, aquellos considerados peligrosos no tienen la posibilidad de tratamientos específicos como el de los cuidados paliativos, disponibles para la sociedad en general.

Principio de equivalencia

“La base legal en Suiza determina que lo único que se restringe a las personas en prisión es la libertad de moverse, pero que todo lo demás debe ser equivalente, incluido el sistema de salud”, subraya Hostettler.

Sin embargo, tanto en el aspecto médico como en otros rubros la prevalencia de la seguridad impone restricciones importantes, con lo que los reclusos considerados peligrosos ni son puestos en libertad para pasar sus últimos días con los suyos, ni son trasladados a hogares para ancianos u otras instituciones ad hoc.  

“Si por razones de seguridad los detenidos en el final de su vida no pueden ser atendidos en unidades específicas al exterior de la cárcel, esas unidades deben ser creadas al interior”, señala Hostettler.

Urge un debate público

Destaca también la urgencia de capacitar al personal penitenciario, de establecer directivas precisas y, sobre todo, de sensibilizar a la población.

“Si la necesidad de seguridad entraña un aumento de personas que envejecen y mueren en prisión, hay que asumir esa responsabilidad”, enfatiza. Para ello, considera impostergable convocar a un debate público:

“Este debate tiene que ver con nuestros valores humanitarios. Una sociedad responsable y democrática tiene que encontrar una respuesta. No se puede solamente endurecer las leyes sin responder a las consecuencias”.  

*A través de métodos etnográficos, estudios de casos y análisis jurídicos, investigadores de las universidades de Berna y de Friburgo (U. Hostettler, I. Marti, M.Richter, S.Bérard y N.Queloz) realizaron el proyecto ‘Fin de la vida en la cárcel - contexto jurídico, instituciones y actores’Enlace externo, en el marco del Programa Nacional de Investigación PNR67 ‘Fin de vida’Enlace externo (2012-2016) del Fondo Nacional Suizo para la Investigación Científica (FNSFNEnlace externo ) Efectuaron 60 entrevistas con autoridades judiciales, detenidos y personal penitenciario, y durante tres meses examinaron las condiciones de vida en las cárceles de Lenzburg y Pöschwies.

Fin del recuadro


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