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Francófonos VS germano hablantes La ‘barrera del Rösti’: una brecha que une a los suizos

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El río Sarine de Friburgo es considerado como la frontera suiza entre las regiones francófona y de habla alemana. 

El río Sarine de Friburgo es considerado como la frontera suiza entre las regiones francófona y de habla alemana. 

(aerialswiss)

Inmigración, seguro de salud ... las votaciones de 2014 ahondaron la “brecha” entre la Suiza de expresión francesa y la de habla alemana. Al mismo tiempo, su propia diversidad permite que el país exista y algunos consideran que se trata de un patrimonio digno de protección.

“El 'Röstigraben', símbolo de la voluntad de unidad en la pluralidad, debe aparecer en la lista de las tradiciones vivas de SuizaEnlace externo”. El museo Vindonissade de Brugg anunció una colecta de firmas para escribir la ‘barrera del rösti’ (nombre de una tortilla de patatas típica de la Suiza de expresión alemana) en la Unesco, con el yodel, la fondue y el cuerno de los Alpes. René Haenggi, director del Museo de Arqueología de Argovia, optó por la provocación para inaugurar su exposición ‘Röstigraben-Cómo Suiza se mantiene unida’.Enlace externo

“La diferencia es una vieja amistad que nos ha marcado a lo largo de milenios”, afirma René Haenggi para explicar por qué decidió mostrar en la Suiza de expresión alemana esta exposición ya organizada en 2004 por el Musée Romain de Vidy-Lausanne.Enlace externo El director de este último, Laurent Flutsch, tuvo la idea luego de un referéndum en 2004 sobre la naturalización facilitada, que concluyó con una fuerte divergencia entre los suizos francófonos y aquellos de habla alemana. 

Burgundios y alamanes teaser rosti

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La diferencia entre el noreste y el suroeste de Suiza se remonta a 7 000 años, con la llegada de nuevas poblaciones a su territorio, dice Laurent Flutsch, director del Musée Romain de Vidy-Lausanne.
“Los primeros pobladores llegan a la meseta suiza por la llanura del Danubio y el valle del Rin, y por el valle del Ródano. Se reúnen en un punto intermedio, se vuelven sedentarios, y su modo de vida no es fundamentalmente diferente durante mucho tiempo.
En 401, los romanos se repliegan al sur de los Alpes y dejan el territorio suizo y una población galo-romana muy latinizada. En 443, instalan en la región del Lago Léman al pequeño pueblo de los burgundios, germánicos aliados y súbditos de Roma desde mucho tiempo atrás y que, al llegar a un territorio fuertemente latinizado, adoptan el lenguaje.
Entre el Ródano y el Rin
Alrededor de 600-700, los alamanes (bajo control franco) atraviesan el Rin y llegan al actual territorio de habla alemana, a donde el recuerdo de los romanos se desvaneció. Allí, ocurre lo contrario: más numerosos que los 25.000 burgundios “asimilados”, los alamanes imponen su lengua germánica a la población local. Salvo algunos detalles, la frontera lingüística actual aparece entonces desde el siglo VIII.
En la Edad Media hay una Suiza muy fragmentada, con la aparición de conflictos religiosos y, desde el siglo XIII, se produce la lenta gestación de la futura Confederación de 1848. Es entonces que estalla un conflicto significativo. Merced a que el Estado federal debe dotarse de una moneda única, tiene que elegir entre el florín germánico y el franco. Más cómodo y moderno, con su sistema decimal, este último prevalece.
El conflicto más violento estalla con la Primera Guerra Mundial entre suizos francófonos, pro Francia, y suizos de habla alemana, pro Alemania. El pastor Eduard Blocher, (abuelo del actual tribuno de la derecha antieuropea, Christoph Blocher), conocido por su admiración por Bismarck, quería ver a los suizos de habla alemana aliarse al Reich, con lo que casi hizo genera un estallido en Suiza”.

“Nuestro discurso pretendía que no podemos negar la diferencia, pero que si aceptamos la diversidad en el interior, aceptaremos mejor la que viene del exterior”, explica Laurent Flutsch. Esta diversidad es el resultado de fenómenos geográficos que datan de hace 7 000 años  y que muestran que Suiza está en medio de todo y al margen de todo, porque se encuentra en los extremos de tres o cuatro grandes cuencas lingüísticas”. 

Rösti y polenta

Denominado como la tortilla de patatas de la Suiza de expresión alemana, el ‘Röstigraben’ (brecha del rösti), en francés ‘barrera del Rösti (s)’ o ‘cortina de rösti (s)’, sigue en gran medida la frontera geográfica trazada por el curso de río Sarine, cerca de Friburgo, y designa la oposición entre los suizos de expresión alemana (63% de la población suiza) y los de habla francesa (20%).

Por analogía, el ‘polentagraben’ fue lanzado para identificar la frontera entre la región de habla italiana (6,5%) en el sur del San Gotardo y el resto de Suiza, pero sin mucho éxito.

La imagen de la brecha aparece con la Primera Guerra Mundial cuando los suizos de habla francesa toman partido en su mayoría por Francia y los hablantes de alemán por Alemania.

La metáfora es utilizada para describir las diferencias en el comportamiento a la hora de votar, sobre todo respecto a la cuestión europea, la inmigración o el papel del Estado. El punto culminante fue en diciembre de 1992, cuando el 50,3% de los suizos (de habla alemana) rechazó la adhesión al Espacio Económico Europeo (EEE).

(Fuente: Diccionario Histórico de Suiza)

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Un estereotipo de los periodistas

En 2014, de nuevo, en las veladas de recuento de votos reapareció la serpiente de la fosa. Es demasiado simple, estima el historiador Georg Kreis,Enlace externo de Basilea: “La división política es un estereotipo de los periodistas. Después de todo, no hay ninguna etnia ‘romande’ (suizos de habla francesa) ... Me pregunto en qué medida el comportamiento político tiene sus raíces en el terreno, ya que la movilidad es cada vez mayor”, señala y enfatiza que hay más bien una brecha urbana-rural o incluso social.

El politólogo René KnüselEnlace externo está convencido de que existe la barrera, pero considera que es una construcción social. “Geográficamente, no hay ningún impedimento físico que indique una separación territorial. Pero hay una construcción hecha de comportamientos y sensibilidades diferentes”.

El verano pasado, la ‘Encuesta Punto de Suiza’ mostró que más de tres cuartas partes de la población helvética siente la existencia de la barrera. Pero si el 22% de los encuestados la niega, esa cifra alcanza 25% en la Suiza de expresión alemana y solamente 14% en la de habla francesa. ¿El ‘Röstigraben’ sería más un problema para esta última?

¿Un reflejo de víctimas?

“Los suizos francófonos tienen una frustración aritmética cuando exigen más representantes en el Gobierno federal, más pedidos y contratos de la Confederación, responde Flutsch Laurent, autor de un libro sobre el tema. Pero también tienen una visión del Estado que es diferente, del ejército, la ecología, el trabajo, todo tipo de señales que refuerzan los estereotipos”.

René Knüsel habla de “una especie de herida que se reabre cada vez”: “El problema surge cuando uno se enfrenta a una dominación sistemática por una mayoría que es siempre la misma. Los suizos de expresión francesa adoptan una actitud de repliegue cuando sienten que su destino, preservado por los principios federalistas del Estado, se les escapa, que su desarrollo se ve obstaculizado por una suerte de conservadurismo predominantemente de la Suiza de habla alemana. Incluso pueden a veces sentirse víctimas”.

El politólogo de la Universidad de Lausana añade: “Tan pronto como tocamos el expediente europeo, los suizos francófonos no tienen miedo de la apertura  porque piensan que saben trabajar con la mayoría, mientras que los de habla alemana (y los de expresión italiana) tienen más bien una relación de miedo. Suiza vive en la ambivalencia entre lo que es su fuerza, el respeto interior a las diferencias, y el riesgo de explosión, que podría poner en entredicho lo adquirido, que se siente siempre muy frágil”.

(swissinfo.ch)

Christophe Büchi, corresponsal del diario ‘Neue Zürcher Zeitung’ en la Suiza de habla francesa, autor de libros sobre estos temas, considera que, en efecto, “la mayoría de habla alemana no tiene demasiados problemas y observa una suerte de indiferencia más bien benevolente hacia los suizos francófonos. Estos últimos desconfían del mercado y temen que, sin regulación, la economía se concentre del lado de habla alemana, en su detrimento”. Lo que a su vez alimenta los estereotipos de los hablantes de alemán, para quienes “los suizos de expresión francesa, muy influidos por la vecina Francia, cuentan con la redistribución de los recursos nacionales y el Estado social”.

“Los suizos no comparten todo”

En 2012, el semanario ‘Die Weltwoche’Enlace externo provocó un escándalo al calificar a los ‘Welschen’ (francófonos) de ‘griegos de Suiza’, perezosos, hedonistas y parásitos del Estado. “Se hace demasiado eco de esas cosas que han sido reactivadas y simplificadas por la Unión Democrática del Centro (UDC/derecha conservadora), sin recato ni inhibición. Desde el momento en que se dice que se está amenazado, se siente inseguridad y en este caso, el límite ayuda a saber quién se es y de dónde se es, a partir de dónde no se es más ‘nosotros’”, señala Isabelle Raboud-Schüle.

Esta antropóloga recuerda que hay “una gran parte de la población que tiene un pariente de otro idioma, incluso dos o tres bisabuelos”. “De hecho, el país se mantiene unido con gente muy diversa. Pero, como en todas las regiones de fronteras, es complicado, ya que los suizos comparten algunas cosas, pero no todo”, agrega la también directora del Musée gruérienEnlace externo en Bulle (Friburgo).

“La barrera nos ayuda a existir”

Paradójicamente, el cliché permite a veces cerrar filas para celebrar la “excepción” suiza. ¿Federer (Suiza alemana) y Wawrinka (Suiza francófona) ofrecen la Copa Davis a la Confederación Helvética? He ahí que el equipo nacional de tenis “construye puentes sobre la barrera del idioma mejor que los discursos políticos”, en palabras del diario ‘L'Express’.

Para René Knüsel “la barrera simbólica de los röstis nos ayuda a existir porque nos permite diferenciarnos unos de otros. En el plano internacional, Suiza muestra sabiduría en la gestión de minorías. La barrera no es fija porque la población se mueve, pero su fuerza es que nos permite vivir en un mismo territorio preservando una autonomía. Se puede vivir en Suiza sin hablar el alemán de un lado o el francés del otro.


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch

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