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Gabriela Montero


La pianista que reinventa la improvisación clásica


Por Rodrigo Carrizo Couto, Lucerna


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Gabriela Montero, en el escenario del KKL de Lucerna donde protagonizó el Concierto de Año Nuevo con la Orquesta Sinfónica de la ciudad. (Rodrigo Carrizo Couto, swissinfo.ch)

Gabriela Montero, en el escenario del KKL de Lucerna donde protagonizó el Concierto de Año Nuevo con la Orquesta Sinfónica de la ciudad.

(Rodrigo Carrizo Couto, swissinfo.ch)

Gabriela Montero, pianista y compositora venezolana, acaba de estar en Suiza en residencia con la Orquesta Sinfónica de Lucerna. Su estancia en el país alpino culminó con el gran Concierto de Año Nuevo en el Centro de Cultura y Congresos de Lucerna (KKL). 

Gabriela Montero es una artista de renombre mundial por su extraordinario talento para la improvisación de música clásica. Esta capacidad convierte sus apariciones en una experiencia festiva e inhabitual en el a menudo encorsetado mundo de la música clásica.

Gabriela Montero nació en Caracas en 1970 y dio su primer concierto en público a los cinco años. 

A los ocho ganó una beca para realizar estudios en Estados Unidos tras dar un concierto con la Orquesta Simón Bolívar dirigida por José Antonio Abreu, fundador de El Sistema.

Tocó en la primera investidura de Barack Obama en 2009 junto con el violonchelista Yo Yo Ma y el violinista Itzhak Perlman una obra original compuesta por John Williams.

Su último CD presenta su composición ‘Ex Patria’, dedicada al "colapso de la democracia en Venezuela". 

La escena causó la hilaridad general en la imponente sala. Un niño de unos doce años se puso en pie y cantó (con más voluntad que arte) un aria de Mozart. Desde el escenario, la pianista le preguntó entre risas: “¿Estás intentando cantar un aria de La Flauta Mágica?”.

Acto seguido, repitió la conocida melodía al piano y se arrancó a improvisar. Una tempestad de escalas y arpegios virtuosos se abatió sobre un público hipnotizado. Gabriela Montero llevaba a cabo una de sus ya célebres improvisaciones sobre ideas sugeridas por el público. Una experiencia digna de verse.

¿Cómo nacen esas improvisaciones? La venezolana recibió a swissinfo.ch unos días antes del concierto para experimentar en directo la creación de estas piezas únicas e irrepetibles. También explicó que el arte de la improvisación clásica era el pan de cada día en tiempos de Mozart, Bach o Beethoven, todos ellos legendarios improvisadores. Una tradición que, lamentablemente, se ha perdido hoy.

Una vez en su camerino, la pianista venezolana realizó dos improvisaciones sobre una melodía bien conocida por todos los suizos.

¿Puede racionalizar su proceso creativo? “No, es algo visceral”, explica Gabriela Montero. “No hay nada antes, ni después. Me olvido por completo de las improvisaciones una vez hechas. Para mí también es un misterio este acto de creación. Soy a la vez instrumento y testigo del proceso, como si fuera ajeno a mí”.

El extraordinario talento de Montero es tema de un documental que se está realizando con la colaboración de neurólogos. “Es muy interesante, porque el escáner de mi cerebro demuestra que cuando improviso utilizo partes de mi cerebro que están inactivas cuando interpreto el repertorio clásico”.

¿Improvisar sería entonces un hecho creativo ‘superior’ a la interpretación de Beethoven o Schumann? “Sin duda, no es lo mismo recrear una obra que crearla en tiempo real. Al menos desde el punto de vista neurológico no es lo mismo. Una obra del gran repertorio clásico es como un ‘mapa’ escrito por alguien que no me deja mucho margen de libertad personal”.

Gabriela Montero fue ‘descubierta’ por una leyenda viviente del piano: Martha Argerich. Después de escucharla improvisar sobre escenas de su propia vida, la argentina quedó fascinada y le proporcionó los contactos que lanzarían su “segunda carrera”, tras un periodo de cierto desencanto profesional.

“Puede decirse que Suiza es la cuna de mi segunda carrera”, comenta con un guiño. Y es que desde el encuentro providencial con Argerich, Montero se ha convertido en una presencia regular en el festival que la argentina tiene en Lugano. “Llevo doce años viniendo a tocar en el ‘Progetto Martha Argerich’ y el Festival de Lucerna. También tengo una excelente relación profesional con la Orquesta de Cámara de Zúrich”, dice.

Considera que “Suiza es un país de gran tradición cultural” y el helvético “es un público muy especial porque posee un profundo entendimiento de base. Yo creo que los suizos no son fríos. Son más bien cautelosos. Es una audiencia que interioriza la música muy profundamente”.

La pianista ha aprovechado su residencia en Lucerna para dar los últimos retoques a la composición de su primer Concierto para Piano, que será estrenado en Leipzig en marzo, y promocionar un nuevo CD con obras propias. Acaba de mudarse de Estados Unidos a Europa junto a su familia. “Mi marido es irlandés y yo soy venezolana. Nuestra idiosincrasia se siente más a gusto en una ciudad latina y mediterránea como Barcelona”, confiesa.

La música clásica parece tener serias dificultades para atraer públicos jóvenes. De hecho, en el Concierto de Año Nuevo en Lucerna la media de edad del público debía ser de unos 60 años. “No creo que sea una cuestión de precios”, responde Montero. “Es mentira que la gente no vaya a oír conciertos de música clásica porque sean caros. Hace poco a mi hija le pidieron 350 dólares por una entrada para ver a Taylor Swift… y nadie se escandaliza por ello”.

A su juicio, el problema está en otra parte. “Antes, los artistas no se pasaban todo el tiempo pensando en su carrera, en la mercadotecnia y en las ventas. Les movía la necesidad de crear. Los grandes compositores del pasado trabajaron su música a partir de las mismas emociones que sentimos nosotros hoy. Si logramos volver a compartir eso con el público, puede que la música clásica consiga sobrevivir a estos tiempos difíciles”.

swissinfo.ch

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