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GOBERNANZA URBANA ¿Podrá conservar Ginebra su protagonismo internacional?

Ginebra, el lago Leman y río Ródano

Ginebra goza de un protagonismo internacional que supera con creces su tamaño. ¿Podrá conservarlo?

(Keystone)

Las ciudades y los alcaldes asumen, cada vez más, un papel activo en la construcción de estructuras de gobernanza mundial. Un nuevo documento examina los esfuerzos de Ginebra por mantenerse al día.

Probablemente, y según las estadísticas de la ONU, usted no esté leyendo esto en el campo.

La población urbana mundial ha pasado del 30% en 1950 al 55% en la actualidad. Y conforme a dichas estadísticas, para 2050 la población que vive en las ciudades representará más de dos tercios.

Incluso puede que esté leyendo esto en una ‘megaciudad’ (con más de 10 millones de habitantes), de las que en 2030 existirán 43. Aunque es más probable que usted viva en un asentamiento de menos de 500 000 personas, igual que la mitad de urbanitas.

Responsables de gran parte de este crecimiento serán Asia y África. Aunque esto no significa que Europa y América vayan a la inversa, sino que ya se han urbanizado en gran medida. Alrededor del 82% de los norteamericanos viven en pueblos y ciudades. En Suiza, el 74% de la población.

Estos cambios tienen grandes implicaciones en cómo se vivirá en el próximo siglo. Y también significan que hay que repensar cómo se funciona a nivel internacional, dice la investigadora Salome Eggler en un reciente artículo del grupo de reflexión forausEnlace externo que examina el papel de las ciudades en la gobernanza mundial, con Ginebra como caso de estudio.

El cambio climático, las infraestructuras, o la seguridad (los mayores problemas del siglo XXI) se agravan aún más en las ciudades abarrotadas, según Eggler. Los mecanismos tradicionales de gobernanza mundial, sin embargo, siguen estando centrados en el Estado y (a menudo) paralizados por las disputas.

Estructuras paralelas

Citando al exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg, que declaró que “mientras las naciones hablan, las ciudades actúan”, Eggler señala que a medida que los medios de comunicación se adentran en cumbres como la del G7 o en reuniones de alto nivel entre líderes estatales, las ciudades –desde hace algún tiempo– crean arquitecturas paralelas de gobernanza.  

Y lo hacen principalmente de cuatro maneras, escribe Eggler. Se involucran en una “diplomacia de ciudades” directa, en la que para promover sus intereses alcaldes poderosos (piénsese en los de Londres, París o Nueva York) hablan directamente entre sí, y con líderes internacionales.

Actúan también como “facilitadores de la gobernanza”, creando foros para el diálogo entre actores internacionales (organizando, por ejemplo, grandes conferencias); o desempeñan el papel de “precursores de las normas” promulgando antes que el resto de su país legislaciones progresistas.

Y cada vez más están creando “redes de ciudades”, explica Eggler. Lejos de hermanamientos insignificantes, estas redes tienen el gran objetivo de ser “alianzas transnacionales entre gobiernos urbanos que se proponen abordar desafíos globales”. Como por ejemplo, la Alianza Mundial de Ciudades contra la PobrezaEnlace externo; el C40Enlace externo, uno de los principales promotores de varios marcos de reducción de CO2; o Alcaldes por la PazEnlace externo, que pretende liberar al mundo de las armas nucleares.

“La creación de redes de ciudades es tendencia”, dice Eggler. Una tendencia que trae beneficios: compartir información con ciudades hermanas, aumentar el atractivo económico y potenciar la propia marca (las ciudades, igual que las naciones, dependen de las percepciones; no hay más que ver cómo Berlín se ha convertido en la estupenda capital de Europa).

Alice Charles, que lidera el proyecto en materia de ciudades y desarrollo urbano en el Foro Económico Mundial, coincide en que tales redes son beneficiosas tanto para las ciudades como para tapar los agujeros del sistema global.

“Los mecanismos internacionales oficiales no reconocen todavía la importancia de las ciudades”, manifiesta Charles mencionando el Acuerdo de ParísEnlace externo sobre el clima firmado solo entre países. Tal y como expone, tales acuerdos presuponen buenas relaciones y comunicación entre las ciudades y las naciones que las albergan, algo que no siempre se prodiga (algunas ciudades en Estados Unidos han rechazado explícitamenteEnlace externo las políticas de la Administración Trump).   

Para Charles, las ciudades son también la potencia económica del siglo XXI, y como tales han de ser reconocidas. Pues aunque representan el 55% de la población mundial, contribuyen con más del 80% del PIB. Un desequilibrio que hace más irónicas, si cabe, las recientes reacciones populistas contra las élites urbanas de las “izquierdas rurales”.    

Ginebra Internacional   

¿Y qué ocurre con Ginebra, la ‘ciudad internacional’ suiza por excelencia?

Una reputación histórica que supera su tamaño modesto con creces; hogar de un sinfín de organizaciones de la ONU, ONG y grupos de reflexión; un ingreso medio alto; un crisol cosmopolita en el que conviven casi 200 nacionalidades. En resumen: cuenta con todos los ingredientes de una ciudad líder, aunque pequeña.  

Para Eggler, la ciudad no está utilizando todo su potencial. Si bien Ginebra es –según su análisis– miembro de unas 16 redes de ciudades, solo trabaja de manera proactiva en cuatro de ellas, y no utiliza su posición privilegiada para demostrar su liderazgo en reunir a las ciudades.    

Debería crear su propia red, escribe. Una red que aborde algunos de los problemas de la gobernanza mundial que aún no se han abordado, como la prevención de conflictos: un ámbito en el que la ciudad –a pesar de ser increíblemente segura– tiene mucha experiencia, desde el Comité Internacional de la Cruz Roja hasta grupos de reflexión y las propias Naciones Unidas.

Alice Charles está de acuerdo con esto pero, en general, es más mordaz.

“Es increíblemente complaciente”, dice refiriéndose a los esfuerzos de las autoridades municipales para posicionar Ginebra. Los sectores bancarios y las organizaciones multilaterales que tradicionalmente han sido los motores de la economía local se encuentran en una situación precaria, y, sin embargo, “no se está haciendo nada para mantener a Ginebra en el mapa como ciudad internacional”, añade.

Menciona la falta de condiciones atractivas para los aproximadamente 40 000 funcionarios internacionales en Ginebra: cosas tan sencillas como guarderías y acceso al mercado del alquiler, que a menudo son una pesadilla para los trabajadores extranjeros. Con la elevada base de costes de la ciudad, la ONU ya está empezando a buscar ubicaciones más baratas.  

En cuanto a la construcción de redes, Ginebra también podría ser un eje central para que los alcaldes se reúnan y discutan sus preocupaciones más apremiantes, al tiempo que tienen acceso a una experiencia internacional ilimitada, dice. Pero esto no está sucediendo.

Cerrando la brecha

Luca Nizzola, del Departamento de Relaciones Exteriores de Ginebra (la única ciudad suiza que cuenta con una unidad de este tipo, aparte de Zúrich), no ve la necesidad de entrar en pánico.

La tradicional brecha entre lo “local” y lo “internacional” de Ginebra está siendo abordada a través de varios proyectos, entre los que se incluyen el proyecto de Cambio de PercepciónEnlace externo, dirigido por la ONU, y eventos de carácter humanitarioEnlace externo organizados de manera conjunta por la ciudad y la comunidad internacional. La falta de integración de los extranjeros (que representan el 40% de la población local) es el objetivo de una campaña destinada a informar a quienes tienen derecho a votar en las elecciones locales (después de vivir durante 8 años en el país).

En cuanto a las redes de la ciudad, que en gran medida están dentro de las competencias de su departamento, requieren tiempo, dinero y gente. Recursos que, según Nizzola, a menudo se necesitan en otros lugares.  

De hecho, incluso cuando la voluntad y la experiencia están presentes (como en el caso de “Ginebra Plus”, iniciativa impulsada por las Naciones Unidas y el exdirector de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, Patrick Aebischer, para posicionar la ciudad como centro mundial de la ciencia y la innovación), todavía pueden surgir obstáculos políticos, en este caso a nivel nacional, como el diario ‘Le Temps’informórecientementeEnlace externo.

A pesar de que a veces los procesos políticos parecen reacios a cambiar (y a pesar de algunas prediccionesEnlace externo de que en el futuro la tecnología llevará a una “desurbanización”), de momento la dirección está clara: las ciudades siguen creciendo y quieren hacer valer su peso.  

Ginebra participa o es miembro de unas 16 redes interurbanas internacionales regionales como Alcaldes por la Paz, Ciudades y Gobiernos Locales UnidosEnlace externo (CGLU), la Alianza Mundial de Ciudades contra la Pobreza y la Red de Ciudades Arco Iris, entre otras.

Su participación más importante, según Luca Nizzola, es con la Red Mundial de Políticos Francófonos LocalesEnlace externo a la que aporta 50 000 francos anuales (50 177 dólares).

En abril de 2018, también cocreó una red de ciudades destinada a proteger el patrimonio cultural de la destrucción por parte de la violencia yihadista o de otro tipo.

La estrategia de la ciudad se decide en su mayoría a nivel local. Lo hace la junta ejecutiva de cinco miembros que también incluye al alcalde, que cambia cada año. Actualmente el alcalde de Ginebra es Sami Kanaan.   

Ginebra también es sede de una serie de redes y plataformas temáticas que tratan de coordinar el trabajo de los diversos organismos, grupos de reflexión y ONG de la ciudad; la lista puede consultarse aquíEnlace externo.

Fin del recuadro


Traducción del inglés: Lupe Calvo

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