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Historias de la diplomacia suiza Conversación a puerta cerrada con Pinochet

Grupo de militares en torno a una mesa con Pinochet

Miembros de la junta militar en Santiago de Chile, el 20 septiembre de 1973.

(Ap)

Siete años después del golpe de Estado en Chile, Yves Moret presentaba sus cartas credenciales como embajador de Suiza al gobierno de Augusto Pinochet. Era el jueves, 25 de septiembre de 1980. Al día siguiente, el diplomático enviaba una carta al entonces ministro suizo de Asuntos Exteriores, Pierre Aubert, con una insólita y minuciosa descripción del general.  

La misivaEnlace externo, que se conserva en los archivos de los Documentos Diplomáticos SuizosEnlace externo (Dodis) en Berna, retrata a un militar con claras habilidades diplomáticas, "astuto" y "cordial". Pero sin deseo alguno de ver la democracia reinstaurada en Chile. 

La entrega de credenciales, según la carta, siguió los mismos protocolos existentes en Berna y la mayoría de los países europeos. La única diferencia, según el diplomático, fue que los embajadores recibidos por Pinochet estuvieron acompañados por banderas y una orquesta militar que tocaba los himnos nacionales de los respectivos países.

Al tomar la palabra delante de otras autoridades chilenas, el embajador Moret insistió en destacar “los antecedentes históricos de las relaciones consulares y diplomáticas que Suiza mantiene con Chile”. 

Europa no entendía a Chile

“El presidente Pinochet me contestó leyendo una alocución de unos cinco minutos”, escribía Yves Moret. El diplomático destacaba dos frases del discurso de Pinochet. 

La primera era que el “espíritu de cooperación debe prevalecer para superar la visión inexacta con la cual se observa y se juzga con frecuencia el proceso institucional chileno”. 

La segunda frase de Pinochet que destacaba era la siguiente: “Confío especialmente en que, con base en la comprensión y la buena voluntad que caracteriza al pueblo suizo y a usted, señor embajador, daremos un impulso lleno de imaginación a nuestras relaciones bilaterales, con el fin de promover conjuntamente el bienestar y entendimiento entre nuestros pueblos”.

Según la interpretación del embajador, el mensaje de Pinochet reforzaba la idea alimentada en Chile de que, en Europa, el país no era evaluado con objetividad. 

Tres páginas de una carta mecanografiada

Pero estas cuestiones de fondo, incluida la entrega de armas, no se abordaron hasta que concluyó el acto oficial y el general recibió al embajador de Suiza de forma privada.

En el despacho, había cuatro personas –Pinochet, el embajador Moret, un vicecanciller chileno y el jefe de la Casa Militar –, aunque la conversación se limitó a los dos protagonistas. 

¿Armas suizas para Chile?

“Pinochet me dijo que Suiza podía ofrecer dos cosas a Chile: armamento y máquinas”, escribía el diplomático. Pero Moret zanjó el tema. “Tras mi inmediata respuesta de que en materia de armamento su deseo me parecía difícil de cumplir, Pinochet no insistió más. “Con una pequeña sonrisa socarrona - que, a mi juicio, daba a entender claramente que conocía perfectamente los antecedentes en este tema - Pinochet pasó enseguida al sector de las máquinas”, relataba el embajador. 

De hecho, la ley federal sobre material de guerra, de 30 de junio de 1972, indicaba en su artículo 4 que el comercio de armas estaba prohibido, salvo con la autorización de la Confederación [Estado]. El artículo 11 de la misma ley destacaba que este comercio no se autorizaría con países o territorios donde hubiera conflictos armados o tensiones.

Una laguna que permitía a las empresas suizas hacer negocios con el general. La condición: ceder las licencias y autorizar la producción de estas mismas armas en territorio chileno. 

Sin embargo, durante la reunión el diplomático dejó claro que Suiza consideraba que existía un “gran potencial” de exportación con respecto a las máquinas. 

La conversación siguió con una descripción por parte de Pinochet sobre los recursos naturales en Chile y las posibilidades de obras que podrían ser “interesantes” tanto para los ingenieros suizos como para las grandes empresas especializadas en turbinas e instalaciones eléctricas. Pero el general lanzó una advertencia: había una enorme cantidad de países interesados en desarrollar estas obras y que, por lo tanto, “la competencia sería ardua”.

Elogios de Pinochet a la democracia suiza

Finalmente, la conversación versó sobre temas políticos y la democracia suiza. Según el embajador, Pinochet “declara toda la admiración por nuestro sistema, por las votaciones a  mano alzada de las Landsgemeinden, etc”. 

El embajador le explicó que en Suiza los ciudadanos tenían la posibilidad de votar sobre decisiones federales, cantonales y municipales. Pinochet no dejó de mencionar que los ciudadanos suizos habían sido educados para estar informados de los asuntos sobre los cuales votaban y que esto “solo era posible con una larga tradición auténticamente democrática”. 

“Deseando que un día la misma situación pudiera darse en Chile, el general dio a entender que sus compatriotas necesitarían una educación prolongada para poder votar también con conocimiento de causa”, relataba el embajador.  

Moret describió el clima del encuentro como el “más amable del mundo” y “cordial”. Sin embargo, con 64 años, Pinochet le dio la impresión de ser “un hombre cansado”. El diplomático describía a Pinochet como una persona “sencilla”, tanto en la forma de ser como de expresarse, y a la vez un hombre “astuto”, con una “sonrisa socarrona” y habilidades para esquivar los asuntos que no conocía. “Pero determinado a alcanzar los fines que se propuso”.  

El régimen de Pinochet se prolongó diez años más y dejó miles de muertos, torturados y exilados, algunos en Suiza. 

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