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Huelga general 1918 Antes de la revolución llegó la capitulación

Soldados en las calles de Zúrich en 1918

En noviembre de 1918, las tropas ocupaban las calles de Zúrich, dispuestas a abrir fuego.

(Gretler’s Panoptikum zur Sozialgeschichte)

En noviembre de 2018 se cumple el primer centenario del acontecimiento político que colocó a Suiza al borde de una guerra civil: la Huelga General de 1918. ¿Qué causas tuvo? El hecho de que suizos abrieran fuego contra sus compatriotas se debió a un cúmulo de diversos factores.

Suiza siempre fue una parte de Europa. No hay nada que lo demuestre mejor que los acontecimientos que desembocaron en la Huelga General y que después seguirían influyendo en la política helvética durante décadas.

Los sucesos del mes de noviembre de 1918 fueron la culminación de una serie de situaciones y acontecimientos políticos y sociales. ¿Cuáles fueron sus ingredientes? Una guerra mundial, revoluciones en Europa, una cúpula militar implacable y temerosa y una clase baja que vivía en la miseria.

Movilizaciones sin compensaciones salariales

La gente que a mediados de la década de los años 1910 vivía en los barrios obreros de Zúrich y otras ciudades del país tenían ya suficientes preocupaciones: con frecuencia compartían varias familias una sola vivienda que, además, solía ser vieja y húmeda. Un sueldo no era suficiente para una familia: el concepto burgués del “salario único sustentador” no funcionaba, por lo que tanto hombres como mujeres se veían en la necesidad de dedicarse a una actividad asalariada.

Y de repente se dejaban de pagar los sueldos: soldados fueron llamados al servicio militar activo. Durante la Primera Guerra Mundial 238 000 soldados fueron movilizados por el general Ulrich Wille para entrar en las milicias y proteger las fronteras en caso necesario.

Muchos de esos efectivos formaban parte de la clase trabajadora. El alistamiento puso a sus familias en grandes dificultades: entonces no existían todavía las indemnizaciones por pérdida de salario a causa del llamamiento a filas, que no se introducirían en Suiza hasta la Segunda Guerra Mundial. Tampoco existía la asistencia social.

Descontento sobre los “logreros de guerra”

Por eso fueron enormes las pérdidas salariales en muchas familias: los ingresos de los hogares se redujeron en parte a la mitad, mientras algunas familias burgueses salían ganando. Muchos empresarios suizos suministraban a los partes en guerra munición y materiales con altos beneficios. Algunos accionistas suizos ganaban así dividendos exorbitantes.

La distribución de la riqueza entre pobres y ricos se alteró rápida y drásticamente. “Sabemos que se amplió la brecha entre los que tenían mucho y los que tenían poco o nada, es decir, entre la clase obrera y los llamados logreros de guerra, los empresarios”, afirma Brigitte Studer, profesora de Historia Suiza en la Universidad de Berna.

Walter Egli Recuerdos de un trabajador

Durante la huelga, Walter Egli estaba haciendo su aprendizaje como mecánico. En la década de 1980, habló a la televisión pública suiza, SRF, sobre ...

Crecía el descontento, y también el hambre: a partir de marzo de 1917 se empezaron a racionar gradualmente los alimentos, que además se encarecían cada vez más, poniendo en graves problemas a muchas familias de las clases humildes: “Entonces gastaba un asalariado medio cerca de la mitad de su sueldo en alimentos”, recalca el historiador Sébastien Guex de la Universidad de Lausana.

Algunas ciudades intentaban aliviar la penuria con la venta de patatas a precios rebajados o con la distribución gratuita de alimentos a los más necesitados. Pero la combinación de guerra mundial, mal tiempo y malas cosechas provocaron hambrunas en los años 1916 y 1917.

Kinder stehen bei einer Suppenküche an

Niños pobres acuden al reparto de la sopa popular en Zúrich hacia 1917.

(Foto: Gallas, Zürich / Gretler’s Panoptikum zur Sozialgeschichte)

La Primera Guerra Mundial también repercutió en los distintos grupos políticos: en un lado se encontraban los burgueses y la élite militar, en el otro, la izquierda dividida. Ya en 1915 se habían dado cita representantes destacados del socialismo europeo en un encuentro conspirativo en Zimmerwald, una pequeña aldea campesina en los aledaños de Berna. Trataron de responder a la pregunta de si era legítimo o no el apoyo a los gobiernos en guerra por parte de socialistas y socialdemócratas.

Centristas entre revolución y reforma

El encuentro fue organizado por el consejero nacional (diputado) socialista Robert Grimm, que se convertiría en uno de los principales protagonistas de la Huelga General. El eximpresor de libros militaba en las filas de los llamados centristas marxistas, que claramente se declaraban partidarios del socialismo, pero que en el fondo se veían como intermediarios entre revolucionarios y reformistas. En esa reunión participó también Vladímir Ilich Lenin, que era partidario de la subversión violenta, idea que Grimm rechazaba. Pese a esta discrepancia ideológica, Grimm colaboró en la organización del famoso viaje que realizó Lenin de Zúrich a Petrogrado. Las desavenencias entre las distintas corrientes en la izquierda provocaban reiteradas disputas sobre las doctrinas imperantes del movimiento.

 La mecha que desencadenó la Huelga General empezó a arder pronto: en Zúrich se produjeron los primeros incidentes sangrientos el 17 de noviembre de 1917. Un grupo simpatizante del pacifista y objetor de conciencia Max Dätwyler se congregó para protestar contra las dos fábricas de munición municipales, al que se unió otro grupo de jóvenes más radicales. Los “Disturbios de noviembre” se recrudecieron; murieron cuatro personas y treinta acabaron heridas.

Un país inmerso en una espiral tumultuaria

A partir de entonces, Suiza no volvería a recuperar la tranquilidad en todo el año 1918: en febrero fundaron destacados líderes socialistas y del sindicalismo el ‘Comité de Olten’ en reacción a los planes del Consejo Federal (Gobierno) que pretendía introducir la obligatoriedad del servicio civil. Uno de esos líderes fue Robert Grimm.

En todo lo largo y ancho del país protestaba la gente contra la escasez de alimentos. Sobre todo en el Tesino se sufría mucho. En marzo asaltaron y saquearon trabajadoras y trabajadores la central lechera en Bellinzona. El 1 de mayo anunció el Consejo Federal la subida del precio de la leche. Dos semanas más tarde se empezó a racionar el queso, una medida que convenía a los granjeros, pero no a la clase obrera urbana: en lugar de elaborar quesos con la leche desnatada se dedicaban las queserías a producir caseína, que se vendía a fábricas de armamento germanas como producto sucedáneo del caucho.

Ya en los años anteriores habían protestado sobre todo las mujeres en los llamados “tumultos de los mercados” en ciudades como Biel, Thun y Grenchen. En Zúrich se reunieron en junio de 1918 cerca de mil mujeres delante del ayuntamiento. Exigían poner coto a la inflación, la introducción de un mínimo de subsistencia y la redistribución de los alimentos. En una segunda manifestación algunos días más tarde se reunieron 15 000 personas. Las mujeres presentaron la primera petición popular cantonal desde su introducción. La jefa y lideresa política era la marxista zuriquense Rosa Bloch-Bollag, que también había formado parte del Comité de Olten.

De las ventanillas de los bancos a la calle

En septiembre se declararon en huelga los empleados de la banca para exigir un salario mínimo. El hecho de que se organizaran e incluso se declararan en huelga los asalariados del sector bancario fue una novedad. Esto preocupó a amplios sectores de la burguesía helvética y a los militares y reforzó los temores de una revolución. Demasiado se temía una subversión que siguiese los patrones rusos.

La postura de la cúpula militar suiza poco tenía que ver con querer apaciguar los efectos de esta efervescencia. En su mayoría veían el movimiento obrero como elemento desintegrador de la sociedad. “El generalato y también el gobierno vivían en una burbuja, diríamos hoy”, explica el historiador Jakob Tanner. “Se ocultó por completo que el movimiento obrero se esforzaba en encontrar formas razonables para la defensa de sus intereses. Solo se trataba de volver a realzar al máximo la importancia del ejército.”

¿Cómo se apaga un fuego rastrero?

El general Ulrich Wille representaba una imagen prusiana del ejército: para él un buen ciudadano debía ser ante todo un buen soldado. Frente al comportamiento dubitativo de las autoridades cantonales y del Consejo Federal, contestaba con dureza y demostraciones de fuerza. De esa manera se pretendía sofocar las protestas en su origen para en ningún caso permitir situaciones como en Rusia o en Alemania, donde los gobiernos habían quedado fuera de combate.

Hoy sabemos que el movimiento obrero suizo no estaba preparado para la insurrección armada, por lo que se oponía a ella mayoritariamente. Pero los acontecimientos en los países vecinos hacían plausibles las preocupaciones que entonces tenían los militares.

A continuación, la caballería y la infantería de las regiones rurales ocuparon las ciudades de Zúrich y Berna. Pero eso no apaciguó las protestas, todo lo contrario. La escalada de la situación se produjo en noviembre: a las protestas anunciadas, los militares respondieron con hojas volantes en las que amenazaban con emplear ametralladoras y granadas.

El 9 de noviembre la gente dejó de trabajar en 19 ciudades industriales de Suiza. Al día siguiente se produjeron en Zúrich conflictos violentos. Por miedo a perder su influencia en el movimiento obrero, el Comité de Olten elaboró rápidamente un catálogo de demandas, entre las cuales había temas que se habían discutido durante mucho tiempo, como la representación proporcional, el sufragio femenino, el seguro de vejez e invalidez y la semana laboral de 48 horas. El 12 de noviembre y de forma improvisada, el Comité convocó la Huelga General.

Finalmente, abandonaron aquel día el trabajo unas 250 000 personas en todo el país. La huelga se desarrolló de forma ordenada en la mayoría de los lugares: para mayor seguridad, las organizaciones laborales decretaron parcialmente una prohibición de consumición de alcohol.  

El concepto de “huelga general” no transmite una imagen del todo acertada de la situación: no se trató de un parón generalizado y coordinado en todo el país. Donde el ejército hizo acto de presencia hubo, por lo general, heridos. En un enfrentamiento entre huelguistas y tropas en Grenchen murieron tres personas.

Capitulación y condenas

El Consejo Federal mantuvo su postura intransigente y sometió al personal de la administración federal a la legislación militar. Los empleados ejecutivos, los estudiantes y las milicias urbanas constituidas recientemente controlaban que las empresas más importantes siguiesen funcionando. El 14 de noviembre, el Comité de Olten se rindió y desconvocó la huelga. Algunos grupos siguieron con la huelga unos días más, pero después se acabó todo.    

Soldaten bewachen ein Eingangstor hinter Gittern

Guardias en el Palacio Federal durante la huelga general de 1918.

(Schweizerisches Bundesarchiv)

La Huelga General tuvo consecuencias para la izquierda: en la primavera del año siguiente, un tribunal militar no paró en menudencias y procesó a más de 3 500 huelguistas. Robert Grimm y algunos de sus compañeros del Comité fueron condenados a penas de prisión. Muchos ferroviarios, que habían constituido la columna vertebral de las acciones, perdieron sus puestos de trabajo o se vieron perjudicados de otra manera.

A corto plazo, la capitulación supuso un fiasco para el movimiento obrero. No obstante, muchas demandas, que el Comité de Olten había formulado, se hicieron la realidad en los años siguientes: la semana laboral de 48 horas, por ejemplo, se introdujo en 1919. Posteriores conquistas como el seguro de vejez y supervivientes o el sufragio femenino también fueron frutos de la Huelga General, aunque de manera indirecta.

Por último, también el sistema de colaboración social entre la patronal y los trabajadores, basado principalmente en el consenso, estriba en los acontecimientos de 1918. Patronos y asalariados discrepaban en numerosos asuntos, pero en un punto estaban de acuerdo: todos habían estado al borde de una guerra civil que nadie deseaba.


Traducido del alemán por Antonio Suárez Varela

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