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Imagen perfecta


Zermatt: Una exitosa historia familiar de invierno


Por Jo Fahy, Zermatt


El Cervino ha sido la principal atracción para los visitantes de Zermatt. En la gráfica, el Hotel Riffelalp a 2 222m , en la década de 1960. (RDB)

El Cervino ha sido la principal atracción para los visitantes de Zermatt. En la gráfica, el Hotel Riffelalp a 2 222m , en la década de 1960.

(RDB)

La exitosa estación de esquí de Zermatt se prepara para otra temporada, sin bajar la guardia sobre el control del desarrollo. Aquí, unas cuantas familias deciden y no grandes empresas, como en la mayoría de los destinos de montaña.  

Al pasear por los alrededores del poblado de Zermatt no es raro ver un nuevo proyecto que toma forma y la edificación de lujosos chalets en empinadas pendientes.

Pero a lo largo de la calle principal de Zermatt, persisten los mismos hoteles, en manos de las mismas familias, a través de generaciones.

“Mis padres viven al lado y siempre vienen a ver si las cosas funcionan sin problemas.  Mi madre todavía recorre el restaurante para saludar a los clientes”, señala Christine Hürlimann-Perren a swissinfo.ch

“... Y mi primo administra otro hotel. ¡Ah! y mi hermano dirige un hotel (aquí) también”.

Las raíces de los Hürlimann-Perren en Zermatt se encuentran 400 o 500 años atrás, y el apellido aún tiene una gran presencia. Christine es descendiente en  sexta generación de Peter Taugwalder, el guía de montaña más joven que condujo al equipo de Edward Whymper en la primera exitosa ascensión del Cervino en julio de 1865.

Su abuelo tenía el mismo oficio hasta que un accidente lo obligó a cambiar de ruta para llevarlo a la creación de un hotel.

Hürlimann-Perren lo dirige ahora, con su marido, es el Hotel Alex, ubicado justo al lado de la calle principal de Zermatt. Recorra ese camino y encontrará constantes alusiones a ese apellido, junto con los de otras familias de larga data en Zermatt.

Desde en hoteles, panaderías y confiterías hasta en consultorías en tecnología y empresas de administración, los Perrens, los Biners y los Julens son familias bien conocidas que participan en todos los aspectos de la vida del lugar.

Decisiones ciudadanas

La sensación “de gestión familiar” que caracteriza Zermatt es algo bastante inusual, y es parcialmente atribuible a la forma en que se ha desarrollado.

En la década de 1800, los ciudadanos (Burgers) de Zermatt tenían más derechos que aquellos que no lo eran cuando se trataba de asuntos como el uso de los Alpes para criar ganado y cortar leña. Ingresar en esa asociación formal, denominada comunidad ciudadana (Burgergemeinde) era increíblemente difícil. Sus miembros decidían quién podía unirse, y su propósito era proteger a las personas ‘en el interior’.

Hasta que un aspirantes era aceptado, tenía que pagar grandes sumas de dinero para que otra persona efectuara esas tareas en su lugar y lo abasteciera.

Cuando más y más visitantes comenzaron a llegar, en la segunda mitad del siglo XIX, la pequeña comunidad agrícola empezó a advertir que el alquiler de las habitaciones de sus casas resultaba insuficiente.

Algunos ciudadanos se reunieron para desarrollar algunos de los primeros hoteles. Alexander Seiler, que no pertenecía a la Burgergemeinde, debió enfrentar diversos obstáculos en su calidad de “forastero”, para convertirse en pieza clave de la construcción de alojamientos y del comercio turístico.

“Yo diría que es realmente único. Hay que mirar muy bien alrededor para encontrar un complejo turístico tan importante donde tantos hoteles sean  propiedad de familias”, señala Beat Truffer, criado en el pueblo y autor de una serie de libros sobre su historia.

El hecho de que todos los ciudadanos tuvieran algo que decir en los asuntos del lugar significó también que cualquier cambio tenía que ser cuidadosamente  considerado.

“Había un poco de miedo sobre lo que sucedería. No estaban acostumbrados a que personas ajenas vinieran a Zermatt”, explica Truffer.

“Vivían de la agricultura. No había nada en Zermatt (hasta mediados de 1800), ni hoteles, ni infraestructura. Nada. Así que, por supuesto, estas personas siempre han participado en la construcción de todo esto”.

Los residentes, que solían ser agricultores, se convirtieron en guías de montaña o trabajaban en los hoteles.

“Cerca de 100 miembros de mi familia viven todavía en Zermatt ... es una gran familia. Creo que es la más grande en Zermatt”, ríe Andreas Biner, reclinándose en su silla de la oficina de la comunidad de ciudadanos de Zermatt.

Ha sido presidente de la comunidad durante 13 años, y dice que su familia tiene raíces en Zermatt que remontan a 200 o 300 años.

“Creo que difícilmente hay alguien aquí que no trabaje en el turismo”, añade Biner, tras enumerar los diferentes hoteles y apartamentos relacionados con sus parientes cercanos y lejanos; la panadería Biner, los apartamentos de vacaciones Biner, la consultoría en tecnología Biner, el Hotel Simi (dirigido por un Biner) y así sucesivamente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, más ciudadanos construyeron alojamiento para turistas, y en muchos casos esos hoteles y las empresas que los construyeron, se quedaron en la familia, como en el caso de los Biner.

Diferencias de opinión

Con gran parte de un pequeño pero próspero poblado en manos de un número relativamente pequeño de personas, competencia y desacuerdos no están excluidos.

“Por supuesto, no siempre somos los mejores amigos, tenemos diferentes opiniones ... al final aceptamos la mejor solución, pero para lograrla tenemos que discutir mucho…”, dice Biner.

Algunas de estas discusiones se centran claramente sobre el futuro de Zermatt. En un concepto urbanístico aprobado a inicios de 2014, los residentes recogen 31 medidas diferentes para mantener el desarrollo de Zermatt como un destino turístico de primer orden y, simultáneamente, un entorno atractivo para vivir y trabajar , dos posiciones no compatibles naturalmente.

En 2010, Marc Scheurer, entonces jefe de mercadotecnia de Zermatt Tourism, escribió en la revista local, Zermatt Inside, “estamos aquí para usted, para  trabajar por usted, no en su contra”.

Al referirse al reto de desarrollar la zona, preservando al mismo tiempo la esencia de la comunidad, agregó: “¿Estamos dispuestos a desafiar nuestra egoísta y a menudo negativa manera de pensar y a avanzar con vigor?”

La mayor parte de su tiempo, dijo, lo empleó en “comunicaciones internas en el poblado”, en lugar de proporcionar información y promover Zermatt, como se habría esperado que hiciera. 

“No veo más casas como algo muy, muy negativo. Donde se construyen más casas es un lugar donde más gente quiere estar”, puntualiza Heinz Julen.

Artista y propietario del Hotel Backstage, me muestra la suite del ático, de diseño a la moda.  

Subraya su respeto por la historia e incluso la religión y argumenta que Zermatt tiene que hacer más para mantenerse a la vanguardia en la continua batalla por atraer negocios.

“Con mis proyectos puse algo en el mercado y la gente habla de ello. Otros hoteles construidos en los años 70, tienen que hacer algo también o (su empresa) irá bajando y bajando. Tienen que reaccionar”.

“Algunos tienen miedo de reaccionar, tanto financiera como creativamente”, añade. Sus proyectos no siempre han sido populares entre los comisionados de construcción, pero los ha realizado.

La suya es una opinión audaz que no se adapta bien a los hoteleros más tradicionales de la comunidad, lo que en ocasiones ha causado un gran revuelo entre el comité local de licencias para obras.

Para Hürlimann-Perren es importante mantenerse “al día”, pero sus principales prioridades son la hospitalidad y un servicio personalizado.

“Hay competencia ... hay que cuidar a cada huésped. Nuestros clientes, vienen, me abrazan y me dicen: ¡‘Estamos de vuelta en casa!’”

Mantener la imagen perfecta de un pueblo suizo gestionado en familia, es un trabajo delicado, especialmente cuando la comunidad tiene el reto de festejar, el 14 de julio de 2015, el 150 aniversario del acontecimiento que puso a Zermatt bajo la lente mundial: la primera ascensión del Cervino.

“Es importante que nos mantengamos auténticos, para que las personas que estén aquí sientan que están en un pueblo de montaña, no en una ciudad. Tenemos que mejorar la calidad, pero frenar la cantidad. Ya somos suficientemente grandes”, considera Biner.

Las pernoctaciones en las regiones alpinas han decrecido en los últimos años y se desplomaron dramáticamente tras los logros alcanzados en las ciudades suizas, lo que requiere un debate.

Algo en lo que todos los residentes, ciudadanos o no, pueden estar de acuerdo es que el 150 aniversario es un gran acontecimiento y, potencialmente, un gran negocio, si se puede mantener el equilibrio entre el ambiente de negocio familiar, y el centro turístico mundialmente exitoso.


Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch

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