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Imagen de una humareda en el lugar de los enfrentamientos entre el Ejército de Irak y los combatientes del Estado Islámico, en Mosul. El primer ministro iraquí, Haider al-Abadi lanzó el lunes una ofensiva para liberar a la ciudad de Mosul, la capital del denominado califato de Estado Islámico en Irak, en su campaña más ambiciosa desde que las fuerzas estadounidenses dejaron el país hace cinco años. REUTERS/Azad Lashkari

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Por Ahmed Rasheed y Babak Dehghanpisheh

ESTE DE MOSUL/BAGDAD (Reuters) - Las fuerzas del Gobierno de Irak lanzaron el lunes una ofensiva respaldada por Estados Unidos para expulsar a Estado Islámico de la ciudad norteña de Mosul, en una gran batalla que busca recuperar el último bastión de los militantes en el país.

Dos años después de que los yihadistas capturaron la ciudad de 1,5 millones de habitantes y declararon un califato sobre parte del territorio de Irak y Siria, una fuerza de unos 30.000 soldados iraquíes, "peshmergas" kurdos y combatientes de tribus suníes empezaron a avanzar.

Los helicópteros disparaban y podían escucharse explosiones en el frente este de la ciudad, donde Reuters vio a combatientes kurdos avanzando para tomar localidades periféricas.

Una campaña aérea liderada por Estados Unidos ayudó a sacar al EI de gran parte del terreno que controlaba, pero se cree que entre 4.000 y 8.000 rebeldes siguen aún en Mosul. El Pentágono afirmó que las fuerzas iraquíes están cumpliendo sus objetivos y van por delante de lo previsto en el primer día de la ofensiva.

Residentes contactados por teléfono descartaron reportes de canales árabes de televisión acerca de un éxodo de los yihadistas, que han usado escudos humanos en el pasado y han amenazado con recurrir a armas químicas.

"Daesh está usando motocicletas para que sus patrullas evadan la detección aérea, con pasajeros en el asiento trasero que emplean binoculares para vigilar edificios y calles a distancia", dijo Abu Maher refiriéndose al EI con un acrónimo árabe.

Él y otros residentes contactados estaban preparando defensas improvisadas y habían estado haciendo acopio de alimentos en anticipación al asalto, que los funcionarios dijeron que podría llevar semanas o incluso meses. Los residentes no revelan sus nombres completos por motivos de seguridad, y Reuters no pudo verificar sus relatos de manera independiente.

Washington pronosticó que EI sufrirá "una derrota duradera", ya que las fuerzas iraquíes han organizado su mayor operación desde la invasión estadounidense de 2003 que derrocó a Saddam Hussein.

No obstante, la ofensiva, que es importante para el presidente estadounidense, Barack Obama, en momentos en que se acerca el final de su mandato, está llena de riesgos. Entre ellos, el conflicto sectario entre la población mayoritariamente suní de Mosul y las fuerzas chiíes, y la posibilidad de que haya más de un millón de desplazados, empeorando la crisis de refugiados en la región y en Europa.

"Armamos una habitación fortificada en casa poniendo sacos de arena para bloquear la única ventana y removimos todo lo peligroso o inflamable", dijo Abu Maher. "Gasté casi todo mi dinero en comprar comida, leche para bebé y todo lo que podamos necesitar", agregó.

El Pentágono descartó que las fuerzas estadounidenses desempeñen un nuevo papel en la batalla, asegurando que están detrás de la línea ofensiva, asesorando a las fuerzas iraquíes.

"Los estadounidenses están jugando de nuevo un papel asesor y facilitador para las fuerzas iraquíes (...) La mayoría de las fuerzas estadounidenses en Irak no está cerca de la línea de frente", dijo el portavoz del Pentágono, Peter Cook, en una conferencia de prensa.

En un comunicado, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Ash Carter, indicó: "Es un momento decisivo en la campaña para propinar al ISIL (Estado Islámico) una derrota duradera. Estamos seguros de que nuestros socios iraquíes prevalecerán contra nuestro enemigo común y liberarán a Mosul y el resto del país del odio y la brutalidad de ISIL".

(Reporte adicional de Maher Chmaytelli y Stephen Kalin en Bagdad, Michael Georgy en Erbil y Stephanie Nebehay y Tom Miles en Ginebra; escrito por Philippa Fletcher; editado en español por Ana Laura Mitidieri y Carlos Serrano)

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