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Desde un pueblito de Vaud


Juventud rural vive tradiciones entre deporte y alcohol


Por Samuel Jaberg, Cremin


Deporte viril y rural por excelencia, la lucha figura en el programa del festejo de Vaud. (swissinfo.ch)

Deporte viril y rural por excelencia, la lucha figura en el programa del festejo de Vaud.

(swissinfo.ch)

Las asociaciones de jóvenes campiranos son una real institución en los cantones de Vaud y de Friburgo. Fundadas en el siglo XX para defender los intereses del mundo agrícola, supieron renovarse para mantener su atractivo. Sus actividades festivas y deportivas muestran el apego de sus miembros a la vida y las tradiciones rurales.

Elodie Milando representa en sí misma la ruptura de estereotipos. En el medio juvenil campirano, considerado machista, conservador, patriótico, y poco abierto al exterior, esta joven de origen italiano encabeza los festejos del Giron de la Broye, una de las cuatro zonas en que los muchachos dividieron el cantón de Vaud para la organización de los eventos estivales. 

“Todo esto nació de una idea un poco loca”, recuerda la joven. “Nuestra asociación tiene solamente 15 miembros, pero estábamos convencidos de que si otros grupos eran capaces de organizar un festival, nosotros también. Pero nadie quería el cargo de presidente del comité organizador...”

Elodie Milando se lanzó al agua. Con un presupuesto de 250 000 francos para el evento de cinco días, más de 30 000 visitantes anunciados y la necesidad de encuadrar a 1 400 voluntarios, el desafío asustaría al más audaz.” Por fortuna pudimos contar con la ayuda de otras asociaciones”, señala la joven.

Organización al milímetro

El resultado es sorprendente: en el corazón de la plaza de la fiesta, en tierras agrícolas de la comuna de Cremin, se halla el bar circular y centro neurálgico del evento. Se alimenta directamente con miles de litros de cerveza, a través de un conducto subterráneo conectado a un camión cisterna estacionado en el exterior. Del aparcamiento al campamento, pasando por el área de restauración, cubierta por una carpa enorme, la organización tiene un grado de perfeccionismo que envidiaría cualquier festival de música al aire libre.

Los terrenos de futbol, voleibol, atletismo, petanca, lucha libre o tira y afloja, que reciben a casi 2 000 participantes durante todo el evento, son preparados con cuidado alrededor de la plaza central y en el vecino pueblo de Lucens, que cuenta con una adecuada infraestructura. 

Amistad y espíritu festivo

Trabajo, ayuda mutua, solidaridad, amistad y espíritu festivo, todo eso llevó a Elodie y sus compañeros a embarcarse en esta extraordinaria aventura. Es también la clave del éxito de la Federación de Vaud de Jóvenes Campiranos (FVJC). La entidad es ajena a los problemas que padece el tejido asociativo de Suiza derivados de la falta de compromiso y de relevos.

La FVJC cuenta con más de 8 100 miembros, contra 5 300 en 1999, y 207 asociaciones activas. “La evolución de la sociedad ha reavivado la necesidad de otra forma de sociabilidad, de convivencia más inmediata, más humana, y todo ello en un contexto de retorno a la tierra”, analiza el historiador Olivier Meuwly, del cantón de Vaud.

Fundada en 1919 para luchar contra el éxodo rural, defender los intereses del mundo agrícola y evitar el ascenso del bolchevismo, la FVJC evacuó con el tiempo las cuestiones políticas en favor de objetivos festivos y deportivos. Además, supo adaptarse a la rápida transformación del contexto rural de Vaud, marcado por un declive en las actividades productivas, y una fuerte expansión demográfica con la llegada de lo que los sociólogos llaman “neorurales”.

Juventud y trabajo

“En la Suiza de expresión alemana, la ‘Landjugend’ está destinada todavía hoy, de manera casi exclusiva, a los jóvenes agricultores. En el seno de nuestra asociación, todos los oficios están representados en una proporción que refleja la nueva realidad socioeconómica de nuestras campiñas”, explica el electricista Cédric Destraz, vicepresidente de la FCVJ.

El sociólogo Alexander Dafflon, quien consagró un libro de reciente publicación ‘Il faut bien que jeunesse se fasse’ (‘Es necesario que juventud sea hecha’) a esas agrupaciones, advierte en la apertura uno de los factores de sustentabilidad de las FVJC. Observa, sin embargo, que si los festivales atraen a un público cada vez más diverso, no todo el mundo adhiere a una asociación de jóvenes.

“La mayoría de los miembros tienen un pariente que formaba parte. Por otra parte, los oficios manuales son muy valorados, sobre todo entre los hombres. Las asociaciones de jóvenes quieren dar la imagen de una juventud que trabaja y cuya labor es útil, concreta y visible. La universidad es lo que más se aleja de esa visión”, dice.

Respeto a la jerarquía

Elodie Milando es la prueba de que las mujeres tienen ahora su lugar en las juventudes campiranas. Pero su experiencia también la ha enfrentado con algunos prejuicios tenaces. “Durante los preparativos del festejo, constaté que cada uno tenía un papel bien definido: los jóvenes se encargaban de la instalación de la infraestructura, las muchachas, de la decoración. No intente dar un taladro a una chica o un pincel a un chico...”

Las costumbres, el respeto a la tradición, pero también a la jerarquía son valores cardinales que acompañan el cotidiano de esa comunidad. “En nuestra asociación, los más jóvenes deben sistemáticamente servir el aperitivo”, ilustra Cédric Destraz.

Si es una oportunidad para liberarse del control de los adultos y afirmar la autonomía, no se soslaya el mantenimiento de los vínculos intergeneracionales. Muy por el contrario. En Cremin, como en otros festejos de Vaud, los “viejos” establecieron su propia bodega.

Estos colectivos también son concebidas como un lugar seguro de transición entre la adolescencia y la edad adulta. “El joven adherente de 15 años es encuadrado por los mayores, que a veces tienen más de 30. Se adquieren habilidades, particularmente para el trabajo, que sirven también en la vida cotidiana”, señala el vicepresidente de la FVJC.

Mala reputación

En cuanto a la cerveza y el vino, ambos omnipresentes, actúan como poderoso aglutinante social. “Tomar un trago con un vecino o una persona mayor es una manera de afirmarse en relación con la comunidad”, comenta Alexandre Dafflon. “Y no se bebe de cualquier forma: hay una práctica bien definida. Está mal visto, por ejemplo, tomar alcohol solo”.

Aun así, los festivales, que han alcanzado a veces proporciones enormes en los últimos años, tienen dificultades para despojarse de su reputación de farras monumentales, pese a los esfuerzos de prevención de la Federación. Y eso empaña un poco la imagen de una juventud sana, que camina con la frente en alto y transmite un mensaje positivo de la vida, algo que la FCJV intenta presentar en contraposición a una cierta juventud urbana, supuestamente individualista y desorientada.

Cédric Destraz prefiere destacar la importancia de esas sociedades para la vida de los pueblos de Vaud. “Mediante la organización de eventos a lo largo del año, evitamos que nuestros pueblos se conviertan en meros dormitorios. Y además, los jóvenes de aquí también tienen derecho a la fiesta, como otros la hacen en las discotecas de Lausana o en los festivales de música. Cuando se ha trabajado durante meses para crear la infraestructura de un festival como el de Broye, uno puede permitirse un momento de relajación, ¿no es así? 


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch



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