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El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, se despide en Vientián, Laos, antes de embarcar en su avión el 25 de enero de 2016

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Al hablar de "apertura" hacia Irán y al mismo tiempo de "alianza clara" con Arabia Saudí, el secretario de Estado John Kerry ha ofrecido estos días un espectáculo de equilibrista entre las potencias rivales chií y suní de Oriente Medio.

La perspectiva de un acercamiento entre Estados Unidos e Irán, que iría aparejada de un alejamiento entre Washington y Riad, preocupa mucho en la región, pese a que los norteamericanos insisten en que no van a mover sus alianzas.

Una semana después de la entrada en vigor del acuerdo sobre el programa nuclear iraní, John Kerry se ha apresurado en viajar a Riad para tranquilizar a la casa de Al Saud, aliada histórica de Washington en el Golfo.

En un mensaje muy calibrado, el secretario de Estado insistió en que el acuerdo con Irán no supone un realineamiento de las alianzas regionales. "Nada ha cambiado por el hecho de que hayamos trabajado con un país de la región para eliminar un arma atómica", dijo Kerry, aseverando que su país tiene "una relación sólida, una alianza clara, y una amistad fuerte con el reino de Arabia Saudí, tal y como siempre ha sido el caso".

A su lado, el ministro de Exteriores saudí, Adel al Jubeir, dijo en un tono glacial que no se imaginaba a Estados Unidos yendo de la mano de Irán, que "sigue siendo el líder mundial en apoyo al terrorismo".

Según algunos analistas consultados en Washington, la administración Obama cree que si se reequilibran las alianzas en Oriente Medio, acercándose a Irán, se podrán solucionar conflictos como el de Siria, Yemen o Líbano, donde Teherán y Riad llevan años enfrentándose a través de terceros.

Para el profesor Mahjoob al Zweiri, de la Universidad de Catar, "la percepción de Irán que tienen los estadounidenses y los occidentales ha cambiado", y los países del Golfo saben que "Washington y Teherán han roto el hielo y se trata de una cosa seria".

El acuerdo con Teherán, que garantiza la naturaleza estrictamente civil de su programa nuclear, implica el levantamiento de las sanciones occidentales, que tanto castigaron la economía iraní en la última década. Con el fin de esas sanciones, la república islámica espera atraer ahora ingentes inversiones exteriores.

La rivalidad legendaria entre saudíes e iraníes degeneró en crisis abierta a comienzos de mes con la ruptura de las relaciones diplomáticas.

La crisis comenzó con la ejecución el 2 de enero del clérigo chií saudí Nimr Baqer al Nimr, crítico con el poder de los Saud, a lo que siguió el saqueo e incendio de la embajada del reino en Teherán.

En esta crisis, Estados Unidos mostró una neutralidad inédita, que no pasó nada desapercibida en el Golfo, y defendió un 'modus vivendi' entre las dos potencias rivales.

En Riad, Kerry manifestó su "preocupación" ante un Irán que "apoya a grupos terroristas" como Hezbolá en Líbano, un comentario que aparentemente no bastó para infundir calma.

Durante el Foro Económico de Davos, la semana pasada, el propio Kerry se mostró bastante conciliador con Teherán, y entreabrió la puerta a un acercamiento resuelto después de 35 años sin relaciones diplomáticas.

El secretario de Estado habló ante un grupo de periodistas de "una posible apertura" hacia Irán. "Sería tonto no intentar ver si es posible" ese acercamiento, explicó Kerry.

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