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Un asistente sale del Salón del Congreso durante la reunión anual del WEF en Davos, Suiza. 20 de enero 2017. La globalización es buena. Es el mensaje que los líderes de los países en desarrollo quieren enviar desde el Foro Económico Mundial de Davos al presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, que asume el cargo el viernes. REUTERS/Ruben Sprich

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Por Sujata Rao

DAVOS, Suiza (Reuters) - La globalización es buena. Es el mensaje que los líderes de los países en desarrollo quieren enviar desde el Foro Económico Mundial de Davos al presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, que asume el cargo el viernes.

Los líderes de las economías emergentes temen que una vuelta al proteccionismo pueda poner fin a décadas de crecimiento económico basado en el comercio, que ha sacado a incontables millones de personas de la pobreza. Y argumentan que, pese a todos los problemas que afrontan los trabajadores, la globalización ha ayudado también a los estadounidenses a tener una baja inflación y desempleo.

Elegido tras hacer campaña al frente de una plataforma antiinmigración y proteccionista, Trump ya ha agitado los mercados financieros de muchos países en desarrollo con sus amenazas de abandonar acuerdos comerciales e imponer "un impuesto fronterizo muy grande" sobre algunas importaciones.

Este mensaje ha resonado especialmente en México, por temor a que las compañías estadounidenses que producen bienes allí para la exportación sufran presiones para retirarse, con un costo potencial de cientos de miles de empleos y miles de millones en ingresos.

Funcionarios mexicanos de la política monetaria no estuvieron a la vista en Davos este año y tal vez se quedaron en casa mientras luchan por estabilizar el peso, que ha caído a mínimos récord por las amenazas de Trump. Pero hubo muchas más voces que hicieron sonar la alarma.

La defensa más apasionada de la globalización y el comercio se escuchó del presidente chino, Xi Jinping, que equiparó el proteccionismo a "encerrarse uno mismo en un cuarto oscuro" y advirtió a los gobiernos que no prioricen su propio desarrollo a expensas de otros.

El comercio no es una calle de una sola vía, dijeron los líderes en Davos, destacando los beneficios que conlleva también para los consumidores occidentales.

"La conclusión es que el bajo nivel de desempleo en Estados Unidos y toda la población se están beneficiando de precios más bajos", dijo el ministro de Hacienda brasileño, Henrique Meirelles.

"Dicho esto, hay un grupo de gente que no está recibiendo los beneficios de la globalización y eso es un problema con el que deben lidiar esos gobiernos en términos de compensación o formación (laboral) o creando redes de seguridad", agregó.

Los inversores contrastaron el movimiento hacia el proteccionismo en Estados Unidos y Europa con la situación en América Latina, donde dos de sus mayores economías, Argentina y Brasil, están abriéndose e introduciendo reformas.

El ministro de Hacienda argentino, Nicolás Dujovne, destacó las lecciones aprendidas de una década de populismo, que golpeó la economía del país e hizo crecer la pobreza. "El experimento de intentar evitar la competencia, evitar el proceso de apertura (...) no fue bueno para Argentina", dijo en un panel de debate.

TRES DÉCADAS DE TRANSFORMACIÓN

Muchas economías emergentes se han transformado por tres décadas de auge del comercio global, desatado por el ascenso de China y la "deslocalización", mientras las compañías occidentales se apresuraban a producir bienes para la exportación en países con salarios más bajos.

Parte de este impulso se ha frenado. Las economías más flojas han creado presiones proteccionistas en Occidente, mientras la automatización ha borrado la competitividad de los sueldos de los países más pobres. Los volúmenes del comercio mundial crecieron un 1,2 por ciento el año pasado, la tercera tasa más lenta en 30 años, según datos de Naciones Unidas conocidos esta semana.

"La postura del continente africano es: no dañe el comercio", dijo el ministro de Finanzas sudafricano, Pravin Gordhan, en un panel de discusión. "No dañe el crecimiento potencial en los países en desarrollo, que es algo crucial para la inclusividad. Estas son las expectativas que debe escuchar el nuevo gobierno".

"Mi mayor miedo es que las políticas que ponga en marcha Estados Unidos empujen a los mercados emergentes a la recesión", dijo el gobernador del banco central de Kenia, Patrick Njoroge. "Sería como que el cielo cayera sobre nuestras cabezas".

Njoroge citó una obra del poeta inglés del siglo XVII John Donne para subrayar su idea: que Trump debe darse cuenta de que la economía estadounidense no funciona aislada y sufrirá si las economías emergentes lo pasan mal. "Me gustaría recordarle lo que dijo John Donne: ningún hombre es una isla", dijo a Reuters. "Y Estados Unidos no es una isla".

(Editado en español por Carlos Serrano)

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Reuters