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El alcalde de Berlín, Michael Müller (SPD), habla con un grupo de mujeres durante su visita a un proyecto que ofrece cursos a mujeres extranjeras, el 15 de septiembre de 2016 en la capital alemana

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La canciller alemana, Angela Merkel, debilitada por un creciente descontento por su política de asilo, afronta el domingo elecciones locales en Berlín, donde todas las miradas se centrarán en los resultados de un partido antiinmigración.

Cerca de 2,5 millones de berlineses están llamados a las urnas para elegir al parlamento local de la capital alemana, una ciudad dinámica, multicultural y muy a la moda, que sigue mutando 27 años después de la caída del Muro de Berlín.

La asamblea es la encargada de designar la alcaldía, gobernada desde hace 15 años por los socialdemócratas y donde el partido conservador de la canciller tiene bajas cotas de popularidad.

Aunque los sondeos arrojan una ventaja al SPD (Partido Socialdemócrata) con el 20%, es poco probable que se renueve una alianza con la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel, que tiene un 19%.

Tras cinco años gobernando la ciudad, el alcalde saliente, Michael Müller, probablemente buscará como socios al partido de izquierda Die Linke y a los Verdes, otro golpe para el partido de Merkel después de la humillante derrota en las elecciones en Mecklemburgo-Antepomerania (noreste).

Después de que el partido populista antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD) lograra inesperadamente ser la segunda alternativa más votada en Mecklemburgo-Antepomerania, todas las miradas están centradas en su desempeño. Según las encuestas, en Berlín acumulan entre el 14% y el 15% de aprobación.

Para el politólogo berlinés Nils Diederich este escrutinio no es "muy emocionante" por la relativa debilidad de la CDU en la capital. Para el experto, lo importante es "el retroceso de los principales partidos en beneficio de la AfD", a un año de las elecciones legislativas.

- Movilizar a los abstencionistas -

Este partido nuevo, que ha hecho de la oposición a la llegada de migrantes su principal baza, araña votos a todos los partidos, desde los Verdes pasando por la SPD y la CDU, afirmó el investigador.

"Creo que la AfD va a movilizar a los abstencionistas, a quienes tienen posiciones de derecha pero hasta ahora no estaban dispuestos a votar contra extremistas de derecha" nostálgicos del Tercer Reich de los nazis, agregó Diederich.

Este partido también aglutina el voto de rechazo a la clase política que domina el escenario desde 1945, en un contexto en que la alianza entre CDU-SPD en el Gobierno federal desde 2013 ha desdibujado las fronteras políticas.

La AfD podría llegar a muchos consejos municipales, sobre todo en barrios periféricos del este de Berlín.

Durante la campaña, Merkel aludió a los votantes del AfD, aunque sin mencionarlos. "Tenemos que convencer a los electores de que es importante, especialmente en este momento, apoyar a los partidos que hacen algo", dijo y pidió no votar a quienes "caen en respuestas simplistas y atizan los conflictos".

Aunque las consecuencias a nivel nacional son limitadas, estos comicios se producen en un año electoral difícil para la canciller, duramente golpeada por la caída de su popularidad y afectada por los reveses electorales que muestran el creciente malestar de los alemanes con la llegada de más de un millón de migrantes en 2015.

La catastrófica gestión de su llegada por las autoridades municipales desbordadas, a menudo acusadas de ser negligentes, ha causado indignación en todo el país. Muchos de ellos siguen viviendo en el antiguo aeropuerto de la ciudad, ya que el acceso a la vivienda, no solo para los recién llegados, es un asunto crítico para la ciudad, que supera ya los 3,5 millones de habitantes.

Pese a que Berlín es la cuna de nuevas empresas de tecnología y es muy conocida por sus fiestas de música electrónica, la ciudad tiene una de las tasas de desempleo más altas de toda Europa.

La ciudad que encandila a la juventud, con su aura multicultural y el ambiente nocturno, ha visto cómo los precios de los alquileres subieron espectacularmente, pese a las condiciones del mercado laboral.

Allí vive la mayor comunidad turca fuera de Turquía y cerca de un 13,5% de su población es inmigrante. Su alcalde no dudó en colocar a una mujer con velo islámico en un cartel electoral.

Una mayoría de los berlineses (52%) estiman que los refugiados son un aporte para su ciudad.

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