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Las fuerzas gubernamentales sirias inspeccionan un área en el barrio de Masaken Hanano de Alepo el 27 de noviembre de 2016, al día siguiente de haberle arrebatado el control a los rebeldes

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El presidente sirio, Bashar al Asad, quiere reconquistar rápidamente Alepo para asestar un golpe decisivo a los rebeldes, antes de un posible giro de la diplomacia estadounidense bajo el gobierno de Donald Trump, según varios analistas.

Desde hace meses, el régimen de Asad ha lanzado una serie de ofensivas para recuperar el control del este devastado de la ciudad, en manos rebeldes desde 2012.

Este lunes los rebeldes perdieron el control de todos los barrios norteños que controlaban en su bastión de Alepo, la segunda ciudad del país.

Para el régimen de Asad, la toma de Alepo sería "una de las principales victorias", opina el experto en Oriente Medio Mathieu Guidere, citando "el extraordinario prestigio histórico, político y geopolítico" de la ciudad.

"Fue una de las primeras ciudades tomadas por la oposición armada", agrega.

La antigua capital económica e industrial siria desempeña un papel comercial estratégico cerca de la frontera con Turquía.

La ciudad estuvo dividida desde 2012 entre el sector este, en manos de los rebeldes, y el oeste, controlado por el gobierno.

Fabrice Balanche, experto en Siria del Washington Institute for Near East Policy, asegura que la toma de Alepo por el gobierno sería "un punto de inflexión", ya que pasaría a controlar las cinco principales ciudades sirias.

Las fuerzas de Asad controlan actualmente la capital, Damasco, las ciudades centrales de Homs y Hama, así como Latakia, en la costa.

Tomar el control de Alepo daría a las fuerzas del régimen una mejor oportunidad para recuperar la provincia de Idlib, en el norte, que está casi enteramente en manos rebeldes y yihadistas.

- Equilibrio de poder -

Basam Abu Abdala, analista cercano al régimen de Damasco, dice que la caída de Alepo oriental "cambiará el equilibrio de poder" en el conflicto.

Desde el 17 de julio, las fuerzas del régimen asedian Alepo oriental, donde 250.000 civiles soportan una severa escasez de víveres y combustible y donde casi todos los hospitales quedaron dañados por los bombardeos.

"El objetivo es empujar a estos grupos rebeldes hacia una situación como la de Homs", dice Abu Abdala, al referirse a la tercer ciudad de Siria, donde los rebeldes fueron derrotados en 2014, tras dos años de asedio y bombardeos por el régimen.

La ofensiva actual conduciría a una tregua o a una salida de los rebeldes hacia otras zonas de Siria controladas por la oposición, dijo.

La última ofensiva del régimen llega tras días de intensos bombardeos en el este.

Los analistas estiman que el bombardeo incesante también apunta a empujar a los residentes locales hambrientos y azotados por la guerra a dar la espalda a las fuerzas opositoras.

Más de 4.000 civiles huyeron de zonas controladas por los rebeldes hacia otras a manos del régimen este fin de semana, en el primer éxodo de ese tipo en Alepo oriental desde 2012.

El régimen de Asad "solo puede reconquistar un territorio si su población deja de respaldar a los rebeldes", dice Balanche.

La toma de Alepo marcaría el fin de los combates en un importante frente de una guerra en la que ya han muerto 300.000 personas, desde su comienzo en 2011, con la brutal represión de protestas antigubernamentales en el contexto de la Primavera árabe.

- Pisando fuerte en las negociaciones -

Los rebeldes pasarían a controlar únicamente partes del territorio en la provincia de Dara, en el sur, cuna de la rebelión, y cerca de Damasco, donde perdieron sus bastiones anteriores de Daraya y Moadamiyeh al Sham.

Una derrota en Alepo significaría que los grupos rebeldes "ya no son capaces de mantener a la población bajo control o de protegerla", dice Guidere.

Balanche dice que los insurgentes, al perder Alepo, demostrarían que la oposición "es incapaz de un éxito militar importante", perdiendo así la oportunidad de presentarse como una alternativa viable al régimen de Damasco.

La suerte de Alepo será clave en toda reanudación de negociaciones de paz para poner fin a cinco años y medio de guerra, tras tres intentos fallidos este año de un diálogo facilitado por la ONU.

Guidere señala que el régimen aumentaría su control de la situación y estaría menos dispuesto a negociar si toma Alepo.

La llegada a la Casa Blanca en menos de dos meses del presidente electo Donald Trump y el posible cambio que conllevará en la política exterior de Estados Unidos también podría dar una ventaja adicional a Asad.

Si Damasco controla Alepo además de la capital en enero, cuando Trump llegue al poder, "éste podría decir que un cambio de régimen queda descartado", opinó Guidere.

Balanche coincide: "Sabemos que Trump no se quiere involucrar en Siria. Si cae Alepo, ya no valdría la pena seguir respaldando a la oposición".

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