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Staff members make preparations in the congress center before the annual meeting of the World Economic Forum (WEF) in Davos, Switzerland January 15, 2017. REUTERS/Ruben Sprich - RTSVLHX

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Por Noah Barkin

DAVOS (Reuters) - La economía mundial está en su mejor momento de muchos años. Los mercados bursátiles viven un auge, el precio del petróleo sube de nuevo y el riesgo de una desaceleración brusca de China -un profundo temor hace sólo un año- es menor.

Aún así, no hay ánimo de celebración entre los líderes políticos, empresariales y de las finanzas que realizan su peregrinación anual a los Alpes suizos para el Foro Económico Mundial en Davos.

Bajo el barniz del optimismo por el panorama económico hay una aguda ansiedad por un clima político cada vez más tóxico y una profunda sensación de incertidumbre que rodea a la presidencia de Donald Trump, quien asumirá el liderazgo de la mayor economía del mundo durante el último día del foro.

El consenso el año pasado había sido que no existía posibilidad de que Trump fuera elegido. Su victoria, apenas meses después de comicios en que el Reino Unido decidió dejar la Unión Europea, fue una bofetada a principios que les son muy queridos a la elite de Davos: la globalización, el libre comercio y el multilateralismo.

Trump es la personificación de una nueva cepa de populismo que se contagia por todo el mundo desarrollado y que amenaza el orden democrático liberal de la posguerra. Con elecciones a la vuelta de la esquina en Holanda, Francia, Alemania y posiblemente en Italia, el nerviosismo entre quienes llegan a Davos se percibe claramente.

"Independientemente de cuál sea tu visión sobre Trump y sus posiciones, esta elección ha creado una muy profunda sensación de incertidumbre que proyectará una larga sombra sobre Davos", dijo Jean-Marie Guehenno, presidente de International Crisis Group, un centro de estudios especializado en la resolución de conflictos.

Moisés Naim del Fondo Carnegie para la Paz Internacional es aún más pesimista. "Hay un consenso de que algo grande está pasando, global y en muchos sentidos sin precedentes. Pero no sabemos cuáles son sus causas y cómo lidiar con ello".

Los nombres de los seminarios del foro, que durará desde el 17 al 20 de enero, evocan un panorama incierto: "Exprimida y enojada: ¿Cómo resolver la crisis de la clase media?, "Política del miedo o rebelión de los olvidados", "Un punto de inflexión para la tolerancia" y "La era post Unión Europea".

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Quizás el asunto central en Davos -cuatro días de mesas redondas, almuerzos y recepciones en que se discuten asuntos desde el terrorismo a la inteligencia artificial- es si los líderes podrán ponerse de acuerdo en cuál es la causa del malestar de la gente y cómo comenzar a articular una respuesta.

Un reporte del Foro Económico Mundial publicado antes de la reunión destacó "la menguante confianza en las instituciones" y que una recuperación de la fe en el proceso político y sus líderes será una "tarea difícil".

Guy Standing, autor de varios libros sobre el "precariado", una nueva clase de persona que no tiene seguridad en el trabajo ni ingresos predecibles, cree que más gente se está convenciendo de la idea de que se necesita una reestructuración del capitalismo de libre mercado, incluso algunos de los que más se han beneficiado de él.

"El grueso de los ejecutivos empresariales no quieren a Trump y a otros autoritarismos de extrema derecha", dice Standing, quien ha sido invitado a Davos por primera vez. "Quieren una economía mundial sostenible en la que puedan hacer negocios. Y más y más se han vuelto lo suficientemente sensibles para darse cuenta de que han sido superados", agrega.

A algunos de los participantes les preocupa que el ritmo de avance tecnológico y la naturaleza compleja e integrada de la economía mundial haga más difícil que los líderes puedan moldear y controlar lo que pasa, y menos aún reformar el sistema mundial.

La crisis financiera de 2008 y 2009 y la crisis de los inmigrantes en 2015 y 2016 ha dejado en evidencia la impotencia de los políticos, profundizado la desilusión y empujado a la gente hacia los populismos, que ofrecen explicaciones y soluciones simples.

El problema, dice Ian Goldin, un experto en globalización y desarrollo de la Universidad de Oxford, es que muchos de los asuntos más importantes ahora, desde el cambio climático a la regulación financiera, sólo pueden resolverse con cooperación multilateral, exactamente lo que rechazan los populistas.

"La política mundial está en su peor momento en mucho tiempo", dijo Goldin. "En momentos en que necesitamos más coordinación para enfrentar el cambio climático y otros riesgos sistémicos, nos estamos volviendo cada vez más insulares".

(Reporte adicional de Ben Hirschler; Editado en español por Javier López de Lérida)

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