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La escuela, un infierno


Acoso escolar: a romper el silencio




La prevención en el aula, la forma de evitar el acoso. (imago/Bildbyran)

La prevención en el aula, la forma de evitar el acoso.

(imago/Bildbyran)

Para el 5% al 10% de los alumnos en Suiza la escuela se transforma en una pesadilla. Víctimas de acoso, sufren en silencio y viven con secuelas a largo plazo. Los especialistas aconsejan intensificar la prevención en el aula.

"¡No tienes nada qué hacer aquí! ¡Ocupas demasiado lugar! ¡Mátate!”. Palabras de extrema violencia que conoce Loane Gosteli. Insultos, mofas y amenazas transformaron su vida escolar en un verdadero infierno.

“Relación perdedor-perdedor”

Los especialistas definen el acoso como una relación triangular en la que cada persona asume un papel (víctima, acosadores y testigos pasivos). Las víctimas terminar por acostumbrarse a serlo, lo que no permite romper con ese esquema de hostigamiento,  explica Zoé Moody, partícipe en un estudio de acoso entre pares, en las escuelas del cantón del Valais.

Los victimarios también se ven afectados. “Es siempre una relación perderdor-perdedor”, subraya la investigadora. Varias investigaciones han demostrado, apunta, que hay una relación entre el acoso y la delincuencia en la edad adulta. Una de ellas indica que el 36% de los acosadores entre los 13 y los 16 años de edad, con frecuencia delinquen entre los 16 y los 24 años de edad..

Poco empáticos, “los acosadores se integran y desarrollan inadecuadamente en la sociedad y sus relaciones solo se basan en la ley del más fuerte”, advierte Zoé Moody.

En cuanto a los testigos, temen intervenir para evitar ser objeto de las burlas. El 87% de los alumnos se confrontan a casos de hostigamiento, según indica la especialista.

Esto ocurrió en un pequeño pueblo en el cantón de Jura. “Durante nueve años, caminé a la escuela lo más despacio posible y siempre con un nudo en el estómago. Incluso puse como pretexto una enfermedad para faltar a clases”, testimonia esta chica, hoy de 20 años de edad. Cuando tuvo un teléfono móvil, el acoso se hizo constante, vía mensajes.

Con 6 años y el divorcio de sus padres, aumenta de peso e inicia el calvario. Entra entonces a un círculo vicioso: "Entre más se burlaban de mí en la escuela, más subía de peso y más se intensificaban las bromas.'' Sus compañeros de clase le lanzaban objetos, lápices de colores, papel. Tan pronto hablaba, toda la clase se reía.

Las consecuencias no tardaron en hacerse sentir: sus notas cayeron drásticamente y sobrevino la pérdida de la autoestima. "Los últimos tres años de escuela, no hice nada. No escuchaba al profesor y me entretenía haciendo dibujitos en mis cuadernos, para evadirme", recuerda Loane Gosteli.

"¡No tienes nada qué hacer aquí! ¡Ocupas demasiado lugar! ¡Mátate!”

Un rayo de esperanza: terminar la escuela y convertirse en aprendiz pastelera. Vana esperanza, pues también durante el aprendizaje sus colegas se burlaron de ella, por su peso. "Me dijeron que si había elegido esta profesión, era para comer más". La joven, incapaz de soportar más, abandonó los estudios y pensó en dar fin a sus días.

Gracias a una terapia logró salir adelante. Hoy aprende el oficio de peluquera, en la que se siente plena y puede hablar sobre el acoso que sufrió. Un paso importante que le permite mirar al futuro, aun cuando sus demonios no han desaparecido del todo: "Todo va bien en la peluquería, pero todavía soy objeto de acoso en los cursos”.

Salir de la espiral del silencio

En compañía de Charlène Kobel, otra exvíctima del acoso escolar, Loane Gosteli creó una plataforma en internet llamada 'Rompamos el silencio'. A través de este sitio, los jóvenes o sus padres pueden enviar sus testimonios. Algunos se publican en la página.

Convencidas de que de que es necesario hablar del acoso, para combatirlo, las dos chicas buscan sensibilizar sobre el tema en las escuelas, donde narran sus experiencias a los estudiantes.

Charlène Kobel, que ahora tiene 25 años, también sufrió las burlas de sus compañeros de clase: "Era una presa fácil porque era muy sensible y lloraba fácilmente, a veces sin razón." Le resultaba imposible verbalizar su experiencia. No comentó el asunto ni con sus padres, ni con sus hermanos, por miedo a que, al intentar ayudarla, la situación se agravara, y sufriera de represalias.

El resultado: la joven víctima se aisló y terminó escribiendo textos sombríos en los que siempre moría uno de los personajes. Finalmente encontró una manera de exteriorizar su malestar en un escrito, intitulado, ‘Desquebrajada’, sobre el acoso escolar.

No hay un perfil típico

Estos casos no son aislados. En Suiza, el acoso escolar afecta a entre el 5% y el 10% de los estudiantes, según un estudio del cantón de Valais. "Es un poco menos que el promedio internacional de entre 5% y 15%, pero podemos decir que casi un alumno por clase está concernido", comenta Zoé Moody, del Centro Interfacultativo de Derechos del Niño, de la Universidad de Ginebra.

Si no existe un perfil típico de las víctimas, Zoé Moody subraya que toda característica particular en un niño puede ser un factor de riesgo; por ejemplo, el peso, el origen étnico, la orientación sexual o su inteligencia. El engranaje del acoso puede provocar dramáticas consecuencias a largo plazo. La especialista cita, en particular, el aislamiento, el absentismo escolar, notas insuficientes, actos de automutilación, depresiones, tentativas de suicidio o, a veces, el suicidio.

Hablar es un modo de romper con el círculo vicioso del acoso. La importancia de osar denunciar la situación puede aprenderse en el aula.

Puede contactar a la autora (francófona) del artículo en Twitter:  KatyRomy


Traducción al español: Patricia Islas

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